EL PAíS › OPINIóN

Qué dicen las mariposas

 Por Sandra Russo

El asalto de mariposas gigantes sobre la multitud que marchaba el 24 seguramente entrará en la épica kirchnerista. Será ese detalle del que siempre se acordará alguien en una reunión en la que se hable de la movilización de este año, en un aniversario que comenzó con el latigazo que fue, especialmente para los familiares de los desaparecidos, la imagen de Macri y de un presidente de Estados Unidos internándose en el Parque de la Memoria. El Parque de la Memoria puede leerse, aquí, a la manera de Spinetta, como si fuera una de sus metáforas, como si fuera una frase fantasma extraída de la Cantata de los puentes amarillos. Las de ambos eran dos figuras ensambladas por la lógica del poder, no por la de la historia.

No fue muy arduo, ya, decodificar que Obama pasó primero por Cuba para dar por finalizada una de sus estrategias nacionales, que fracasó, y luego vino a la Argentina a dejar inaugurada otra estrategia, la nueva, que nos apunta y ya nos tiene como base, gracias a una diferencia del 1.5 de los votos de noviembre. Si Obama es tan claro en sus señales acerca del rumbo unánime –entre demócratas y republicanos, y sobreentendiendo que Sanders no expresará a la mayoría demócrata– que tomará su país para recuperar posiciones frente a los Brics y al agotamiento de su propio proyecto de colocación de déficit, es imposible dejarse puesta la venda que diariamente y hablando de pavadas nos ponen en los ojos los medios concentrados, cuya tarea distractiva es cada día más obvia pero nunca, por obvia, es menos efectiva.

El tema hoy más que nunca antes en la historia humana es el mundo. Siempre hubo lecturas globales de cualquier corte histórico, y en ellas se podían establecer paralelos, correlatos, contradicciones en un marco general, pero surgidos de acontecimientos que tenían lugar con márgenes de mayor o menor autonomía. Hoy eso es imposible. La globalización y las condiciones materiales en las que se multiplica el dinero, sin base territorial y a través de un diagnóstico constante del tablero mundial, vuelven la escena global indispensable para comprender esos hechos aparentemente aislados. Lo que parecía “un tema de agenda” puede que lo fuera, pero la imagen de Obama ayer, tirando flores al río, fue inaugural. No fue producto de fechas encimadas, sino de señales que Obama da hacia la interna de su país. Con los demócratas, la estrategia del saqueo no peligra. Gane quien gane, vendrán por todo.

Esa era una muletilla que se le achacaba al kirchnerismo, el “ir por todo”, cuando por ejemplo se reestatizó YPF. Ya estábamos hundidos en la pasta base del lenguaje mediático, que aquí y en todas partes y siempre reproduce el sentido común de la derecha. Es absurdo, si uno lo piensa, que haya sido el “ir por todo” un latiguillo amenazante, cuando lo que sucedía era que se estaba recuperando un servicio estratégico para el de-

sarrollo, y se trazaba el autoabastecimiento energético como objetivo. Hoy, que asistimos al “ir por todo” real, también hay un despertar a la tibieza, a la impotencia y al desánimo en los que ese relato estigmatizador nos sumergió. Ninguna de las herramientas de comunicación disponibles alcanzó para enfrentar discursivamente el paquete de sentido común que expandieron los medios concentrados.

Si uno piensa en los obreros y empleados de las pequeñas y medianas empresas, que en el modelo anterior daban el 80 por ciento del trabajo, votando a Macri en muchos casos pese a las explícitas explicaciones de sus patronales, y si piensa también que muchos de esos votantes hoy, tan pronto, están desocupados, concluye que el marketing compitiendo con la política se traduce en un pensamiento mágico que obtura las dimensiones de la racionalidad y la emocionalidad por las que circula en pensamiento político tradicional y que inclina a cada quien a votar en función de sus intereses sectoriales e ideológicos.

Hoy la Argentina parece una película de ciencia ficción en la que a la mitad de la población la picó un insecto raro, y a la otra mitad no. La mitad tiene síntomas, la otra no. La mitad sufre, la otra no. La mitad habla entre sí y comenta rabiosa sucesiones de hechos de los que la otra mitad no se ocupa porque no los conoce o no le interesan. Vi el video de una conductora de televisión hablar de Obama y romper en llanto porque tanta admiración la desbordaba. No fingía. Esa chica siente eso. Y uno se queda pensando cómo dialogar con gente que está pensando que a la nena que nazca pronto le pondrá Michelle.

Hay grietas subalternas, como ésa, pero la madre de las grietas es la que divide un mundo unipolar con Estados Unidos en la cabeza, y un mundo multipolar en el que “lo inevitable” en materia social y económica se desplace hacia la posibilidad renovada de la geopolítica y sus alternativas. Y eso se une perfectamente a la marcha de asistencia perfecta que inundó no sólo la Capital. Porque la Memoria no sólo incluye los métodos aberrantes usados en el pasado para sostener “lo inevitable”, sino también la de un modelo de país en el que hasta hace muy poco había trabajo, en el que el Estado no era “el aguantadero de la política”, como dice Macri, sino por un lado un generador de puestos de trabajo para llevar asistencia y servicios, por el otro, a los más débiles. El que describe Macri cuando dice que al Estado le sobra un millón y medio de personas no es un Estado fallido, sino otro modelo de Estado, en el que esas piezas no son errores sino decisiones políticas.

Los derechos humanos, tal como reflejó el documento de los organismos de derechos humanos, hoy son un pilar universal e incluyen, cuando abandonan la retórica, la justicia social. O, como diría el Papa, la dignidad de la tierra, el techo y el trabajo. En ese país posible y que nos arde en la memoria reciente, también hay libertad de expresión. En ese país hablan todos, hasta las mariposas.

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Imagen: Leandro Teysseire
 
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