EL PAIS › EXCAVARAN EL LUGAR DONDE ESTUVO LA MANSION SERE

Los cimientos de la memoria

El 24 de marzo, la Asociación Seré por la Memoria empezará a cavar para dejar al descubierto las bases del campo de detención.

 Por Victoria Ginzberg

Seis chicos juegan al fútbol en la canchita del parque recreativo “Gorki Grana”, en Morón. Dejaron sus bicicletas bajo un pino y corren tras la pelota. No saben que bajo la tierra que pisan están los cimientos de la Mansión Seré, una vieja casona que fue utilizada durante la última dictadura militar como centro clandestino de detención. Por la mañana temprano la lluvia reveló los contornos de aquella edificación, como hace dos años, cuando las líneas que se dejaron ver hicieron que los miembros de la Asociación Seré por la Memoria y la Vida pensaran en excavar el lugar para mostrar las bases de la casa como testimonio. Este 24 de marzo, ese proyecto se pondrá en marcha.
El tanque de agua, la pileta, dos palmeras y los pilares de la reja de entrada son los únicos restos que quedan de la casona de dos plantas de estilo europeo construida por Juan Seré a fines del siglo XIX. “La Fuerza Aérea torturó aquí”, se lee en una de las dos columnas que están sobre el antiguo acceso al lugar. La frase, firmada por el Partido Intransigente, está borrosa. Fue encontrada al remover varias capas de pintura verde que la cubría. El arquitecto Alejandro Sánchez, que trabaja en este proyecto, cree que la pintada fue hecha en 1981 o 1982. Una placa de bronce colocada por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Morón en 1986 expresa en la misma columna: “Para que nunca más sea realidad. Manteniendo la memoria de nuestro pueblo”.
Jaime Steimberg, presidente de la Asociación Seré, avanza con las bermudas azules abrochadas por encima del ombligo por la cancha de fútbol. Con paso lento y tomado con ternura del brazo de su mujer, Sara, recorre el lugar donde espera que en poco tiempo pueda mostrase el horror. Ambos son vecinos de Morón. “Es el primer centro clandestino que se recupera para la democracia. El proyecto es importante para que quede como demostración que donde hubo muerte surge también la vida”, afirma Jaime. Su hijo, Luis Pablo, desapareció cuando hacía la conscripción en el Colegio Militar y fue visto en Campo de Mayo. Era compañero del secundario del intendente de Morón, Martín Sabatella, quien convocó a Jaime y Sara cuando decidió abrir el museo de la memoria.
La Mansión Seré o “Atila” o “Casa del Terror” –como era conocida durante la última dictadura– fue incendiada por los militares después de que cuatro detenidos –Claudio Tamburrini, Guillermo Fernández, Gabriel Russomano y Carlos García– se fugaran del lugar bajando por la ventana del primer piso por una soga hecha con las frazadas atadas. Los hombres se escaparon desnudos el 24 de marzo de 1978.
La casona y el predio en el que funciona ahora el parque municipal fue adquirida en 1949 por el Instituto Municipal de Previsión Social de la Ciudad de Buenos Aires. En 1966 durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, la Ciudad de Buenos Aires otorgó el lugar en comodato a la Fuerza Aérea para que lo utilice como Casino de Oficiales. Después del golpe del 24 de marzo de 1976 la casa fue cedida a la VII Brigada Aérea, que instaló un centro de tortura y muerte. Luego de la fuga y el incendio, quedaron en pie algunas paredes pero todo fue demolido durante los primeros años de la democracia, en los que también se decidió la construcción del parque recreativo en el lugar.
El primero de julio de 2000 se inauguró allí la Casa de la Memoria y la Vida. Como el centro clandestino de detención ya no estaba, instaló la Dirección de Derechos Humanos en una casa ubicada a cincuenta metros de donde había funcionado el centro clandestino de detención. Se trata de un chalet de dos plantas, cinco ambientes y cuatro baños que el intendente peronista Juan Carlos Rousselot construyó para “realizar reuniones de gobierno”.
Para saber si es viable la excavación de la tierra y dejar a la luz los cimientos del centro clandestino, la Asociación Seré realizó un sondeo de georradar que detecta anomalías en los sedimentos. En el futuro, la ideaes que los restos de la mansión queden expuestos bajo una vitrina para que puedan ser observados por los visitantes. “Nos inspiramos en las ruinas de Cayastá, en Santa Fe, donde se excavaron los cimientos de seis iglesias”, asegura Oscar Méndez, de la Asociación. Para comenzar la tarea el grupo de arqueólogas –también de la zona– que se van a encargar de la obra cuentan con 900 pesos que servirán para cubrir los viáticos y comprar material fotográfico, cucharines, piolines y estacas. Pero después de la etapa exploratoria, el proyecto dependerá de la obtención de financiamiento. “Pero no apuntamos a la idea de museo tradicional, donde todo está estático tras de un vidrio. Buscamos remover la memoria en forma permanente; que los vecinos que se acercan y los chicos que vienen al parque se pregunten qué pasó acá y se despierte la historia oral y la memoria activa. No queremos un museo en el que las cosas parecen estar guardadas más para ocultar que para mostrar”, afirma la antropóloga Alicia Martínez. La mujer aclara que en la excavación de la Mansión no se están buscando restos humanos, aunque hay mucha mitología alrededor de ese tema en Morón.
Los cimientos son parte de la recuperación de lo que fue el centro clandestino de detención que está realizando la Asociación Seré. Para esta tarea cuentan con la ayuda de los vecinos, que van aportando elementos que obtuvieron cuando la casa estaba vacía. Un hombre mayor anunció que llevará escalones y tejas. Otra persona trajo fotografías de la casa. Fueron sacadas en 1979 pero, por miedo, reveladas en democracia.

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Jaime y Sara Steimberg y la antropóloga Alicia Martínez.
 
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