EL PAíS › JUAN PABLO LOHLE, EMBAJADOR ARGENTINO EN BRASIL

“La posición de Lula es abierta y clara”

Antes de la cumbre de Río entre Kirchner y Lula, el 16 de este mes, el representante argentino dijo a Página/12 que los dos presidentes enfrentan situaciones diferentes con la deuda, pero que coinciden en algo: con estos índices de desarrollo humano los dos países son inviables.

Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

Después de un año de silencio, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva hizo una defensa pública de la Argentina respecto de la deuda. Y empezó haciéndolo nada menos que durante una conversación con George Bush. Para el embajador argentino en Brasilia, Juan Pablo Lohlé, el giro de Lula no fue una sorpresa. “Tarde o temprano debía ocurrir”, afirmó a Página/12. “Lo digo porque conozco el pensamiento estratégico de Lula.”
Lohlé espera que el 16, durante la cumbre de argentinos y brasileños en Río de Janeiro, haya progresos. Pero acepta que no hay nada cerrado y evita promesas ilusorias: “Todavía no se puede hablar de un frente común ante el FMI” a imagen del Consenso de Cartagena que en los ’80 propuso negociar la deuda en bloque.
“Estamos comenzando”, dice Lohlé con tono mesurado, y agrega que todavía existen tiempos y percepciones diferentes entre ambos países. Un ejemplo de ello fue que mientras la prensa argentina dio amplia cobertura al acercamiento de posiciones entre Kirchner y Lula producido hace una semana en Caracas, en Brasil el asunto no apareció.
–¿En Brasil escondieron el tema?
–Naturalmente hay diferentes percepciones en los medios de cada país, pero además hay fuertes intereses en juego por detrás, y eso tal vez influya en la poca prensa que tuvo la reunión de Caracas, una reunión histórica. Pero usted habrá visto que a partir de los llamados telefónicos de Lula a George Bush, Jacques Chirac y Gerhard Schroeder se acabó la diferencia de percepción. Porque esa toma de posición de Lula es abierta y clara.
–¿Cómo juega el telefonema de Lula a Bush en la negociación argentina con el FMI?
–Que Lula telefonee a Bush es un gesto que indudablemente nos favorece. Además la posición del presidente fortalece la discusión general que hay con el Fondo. Todo esto hace a la estrategia general de dar mayor prioridad al problema del desarrollo de los países deudores.
–Lula, que además se vio con el renunciante Hoerst Koehler, ¿consiguió persuadir al FMI en favor de Argentina?
–Eso es lo que nosotros esperamos. Lula dio un paso favorable en ese sentido. Queremos que el Fondo entienda que la Argentina tiene un plan y que lo está cumpliendo, y que sólo ese plan permitirá garantizar la reactivación y también la calidad económica que la Argentina precisa. Creo que el Fondo entiende que las cosas ya no son como antes.
–¿Cuál es la diferencia?
–La situación del Fondo y la percepción actual del mundo es muy diferente a la de los ’90. La discusión no es sólo el pago de la deuda sino hacia dónde se dirigen la economía mundial y el mundo en desarrollo. La pregunta es si el mundo en desarrollo debe seguir subdesarrollándose con crecimientos estancados y pobreza creciente. Eso tampoco es bueno para el mundo desarrollado. En ese contexto hay que poner los programas de ajuste y el superávit fiscal. Y eso es lo que hizo Lula al hablar con Bush y con Koehler y explicarles que las inversiones en infraestructura no pueden ser consideradas por el Fondo como un gasto. Así no se puede crear un continente para los próximos 30 años. La Argentina y Brasil no pueden continuar con estos índices de desarrollo humano, porque eso los inviabiliza.
–¿Lo sorprendió el giro de Lula luego de un año de silencio sobre Argentina y el FMI?
–A mí eso que algunos llaman “giro” no me sorprendió, porque tengo comunicación con altos funcionarios de Brasil y sabía que Brasil tiene tiempos distintos de la Argentina y atraviesa una coyuntura distinta de la argentina. En la cuestión de la deuda Lula arrancó su gestión en una situación muy diferente a la que tuvo que enfrentar el presidente Kirchner.
–¿El respaldo brasileño llegó más tarde de lo que hubiera querido Argentina?
–Yo estaba esperando que de un momento a otro iba a ocurrir eso porque conozco el pensamiento estratégico del presidente Lula. Hay que ver que la relación entre Argentina y Brasil, y particularmente entre los presidentes Kirchner y Lula, tiene un nivel estratégico. Ambos coinciden en que conformamos hoy una unidad geoeconómica en América del Sur, dentro de una América Latina que es un espacio cultural común.
–¿Por qué los “fondomonetaristas” de Lula, como el ministro de economía Antonio Palocci, defendieron el giro ante la deuda?
–No sé si el ministro Palocci se volvió más permeable, pero sí le puedo decir que el presidente Lula tiene una convicción concreta sobre la prioridad social de su gobierno. Creo que Brasil cuando plantea la necesidad de nuevos criterios al Fondo finalmente no hace más que defender su interés nacional.
–¿Es prematuro hablar de frente común sobre la deuda como se planteó en los ’80 con el fracasado Consenso de Cartagena?
–Algunos puntos son convergentes y es en esas convergencias que podemos avanzar, pero todavía no se puede hablar de un frente común ante el Fondo. Nada indica que Brasil dejará de negociar por su lado y Argentina por el suyo. Lo que hay son puntos de coincidencia sobre elementos que nos afectan a los dos países.
–Si el martes el FMI rechaza el acuerdo con la Argentina, ¿qué ocurrirá con la reunión de Río del 16?
–Para responderle tendría que hacer futurismo. Creo que lo que importa es que la Argentina obtenga un resultado positivo el martes.
–¿Qué surgirá en concreto de la reunión?
–Eso lo resolverán los ministerios de Economía y de Relaciones Exteriores, pero lo que importa es que daremos otro paso en un camino convergente. A argentinos y brasileños nos cuesta salir de la coyuntura, pero la reunión de Río será una ocasión para ver un poco más allá y avanzar en la estrategia común. El proceso de integración está ocurriendo en dos niveles. En el económico a veces hay intereses contrapuestos, pero es la realidad política la que termina arrastrando a la economía. Como decían Aristóteles y Hannah Arendt, “la capacidad transformadora de la política es superior a la de la economía”.

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