EL PAíS › QUE FIRMARAN KIRCHNER Y LULA EN RIO DE JANEIRO

El acuerdo de Copacabana

Mientras discuten cómo figurará la deuda en la declaración de los presidentes, que cenan mañana y se reúnen formalmente el martes en Río, los negociadores ya pusieron una fecha para un Día de la Amistad. Kirchner viaja en medio de un gran debate del PT sobre cómo salir de la economía de la simple estabilidad.

 Por Martín Granovsky

Una declaración que hasta ahora no menciona al Alca y propone fijar el 30 de noviembre como Día de la Amistad entre la Argentina y Brasil es el borrador en el que hasta anoche trabajaban las dos cancillerías como preparación del encuentro que el lunes por la noche juntará a Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva en Río de Janeiro.
–¿Esto quiere decir que la cuestión de la deuda estará ausente? –preguntó Página/12 a uno de los negociadores.
–De ninguna manera. Estamos trabajando en toda la declaración.
–¿Y hasta ahora el capítulo de los organismos multilaterales de crédito no está redactado por alguna diferencia en especial?
–Tampoco es eso. Seguiremos enviándonos papeles mañana (por hoy) y continuaremos el lunes desde temprano en Río.
La reunión de Río de Janeiro, con su aspecto formal el martes y su comienzo seguramente mañana a la noche con una cena entre los Da Silva y los Kirchner, fue acordada hace casi un mes en Caracas por los dos presidentes.
En ese momento Rafael Bielsa, más locuaz que su colega Celso Amorim, dijo que los dos países discutirían una estrategia hacia los organismos multilaterales de crédito. Uno de ellos es el Fondo Monetario Internacional, que la semana que pasó se convirtió en el lobbista principal de los tenedores de bonos de la deuda argentina y con el que Brasil y la Argentina discuten el superávit fiscal obligatorio para garantizar el pago de parte de los intereses de la deuda.
Para Brasil, las palabras sobre el tema son más delicadas que para la Argentina. Los vecinos no pasaron por el default y hasta ahora la política económica está más centrada en la estabilización que la Argentina.
Hasta anoche, los equipos comandados por los encargados del área en cada parte, Eduardo Sguiglia y Luiz Felipe Macedo Seoares, habían arreglado algunas franjas del borrador:
u El Día de la Amistad se eligió en conmemoración de la reunión entre Raúl Alfonsín y José Sarney en Foz do Iguaçu a fines de 1985, que marcó el comienzo de la relación política estrecha entre los dos países que luego se encargaron de vaciar Carlos Menem, con la ayuda de Domingo Cavallo, y Fernando Collor de Mello. Sarney es hoy presidente del Senado y el más lulista de los políticos tradicionales de Brasil.
u Brasil y la Argentina se comprometen a terminar el pacto de integración con los países andinos en 60 días. El dato interesa mucho a Brasil por su relación con Perú, con el que comparte frontera.
u Terminar un acuerdo con la India.
u Este año, concluir la asociación birregional con la Unión Europea.
u Igual que Francia y Alemania, poner un diplomático argentino con oficina en Itamaraty y uno brasileño con oficina en Esmeralda y Arenales.
u Encarar la primera misión satelital conjunta para generar información sobre agua, ambiente y alimentos.
u Habrá también un compromiso de intensificación de obras de infraestructura y ferroviarias.
Kirchner llegará el lunes a la tarde a Río con varios gestos de Lula en carpeta. En la última semana el presidente brasileño elogió la “seriedad” argentina ante George Bush, Jacques Chirac, José María Aznar y Gerhard Schroeder. A todos les pidió un cambio de criterio: que el Fondo no considere las obras de infraestructura como gasto público, con lo cual cambiaría la ecuación de pago de deuda y el superávit fiscal podría disponerse también para fortalecer a los descalabrados países de la región.
Y es probable, también, que el presidente argentino vea el comienzo de una situación política nueva. El Partido de los Trabajadores, que dirige una coalición de gobierno que abarca ya hasta el Partido del MovimientoDemocrático Brasileño, está en plena discusión de cómo pasar de la estabilidad al crecimiento y la distribución.
Desde el viernes ese debate ocupa al poderoso PT de Porto Alegre.
Y el 22, en Brasilia, una coordinación nacional de diputados estaduales del PT y los jefes de las bancadas petistas en las 27 asambleas legislativas de Brasil, pedirá un cambio en la política económica.
La Ejecutiva Nacional del PT ya inició este cambio, al que Lula no se opone y, con toda probabilidad, alienta: José Genoino, el presidente del PT, fue designado democrática pero Lula lo bendijo ante millones de brasileños el día en que ganó la segunda y última vuelta en octubre de 2002.
Pero la discusión de fondo es con cuánta tempestad podría salir Brasil de la actual trampa de una economía basada aun en la necesidad de capitales externos.

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