EL PAíS › OPINION

Acerca de la transversalidad

Por Juan José Hernández Arregui (h.)

Instalar un nuevo término de contenido político significa al mismo tiempo otorgarle categoría ideológica y, como tal, obliga a definir su contenido. Pero también es necesario establecer el objetivo, esto es, la intencionalidad del sujeto que impone el concepto y en paralelo la interpretación de esa intencionalidad por parte de los interlocutores.
Hoy el gobierno nacional lleva adelante un conjunto de decisiones políticas con resonancia social y económica, en la aspiración de transformar una perspectiva de desarrollo colectivo que al mismo tiempo refleje los valores esenciales de un pueblo con un deber pendiente, desarrollar un proyecto de liberación.
Ahora bien, Kirchner encuentra su antecedente necesario en el peronismo, como expresión de los movimientos de masas que encontraron su identidad socio-económica en un proyecto policlasista, cuyo signo distintivo era el desarrollo conceptual de la identidad nacional. Pero el reconocimiento a sus orígenes ideológicos es condición necesaria para avanzar en una nueva concepción de lo nacional, en cuanto la piedra de toque y primer paso significa desatar en la medida de lo posible los lazos de la dependencia.
Por lo tanto, transversalidad es un nuevo proyecto de alianzas de clases –incipiente y tentativo–, cuyos intereses coincidan en este momento histórico en la necesidad de reestructurar las bases económicas de producción acompañando el proceso con una nueva redistribución de la riqueza. Entonces, en este estado de la cuestión, el término encuentra su límite en la práctica de la ideología, pero aún no plasmada como cosmovisión teórica de la identidad nacional. Sin embargo, ese supuesto defecto permite atacar el proyecto y disminuirlo como realidad evolucionista al adjudicar a Kirchner estilo autoritario y un objetivo personal preciso, acumulación de poder.
De ahí a sostener una hegemonía personalista sólo hay un paso. Pero admitamos por un momento tal posibilidad. El problema de fondo no es la manera de materializar políticas, sino cuáles son los intereses vulnerados por el intento de transformación de la realidad y tales intereses son los de una clase personera de la entrega que no resigna perder su protagonismo inevitable de un nuevo orden mundial.
Transversalidad es entonces la resistencia a continuar con políticas mezquinas, excluyentes de las mayorías, desplazadas políticamente en cuanto no son reconocidas desde su individualidad como sujetos productivos. Es también un objetivo claro de naturaleza primaria; reconstruir las bases de la soberanía, mediante la conformación de alianzas hoy incipientes demostrado ello por el impulso que se le pretende otorgar al Mercosur. Y es, además, otorgar prioridad al desarrollo interno, al imponer límites al reclamo internacional en relación con el pago de la deuda externa.
Este planteo inicial es, en definitiva, aquella práctica de la ideología que tanto reclama el centroizquierda pero contradictoriamente califica como expresiones de una conducta hegemónica y personalista.
En otras palabras, la crítica a Kirchner en realidad encubre un rechazo. Ser la nueva expresión política que sin renunciar a sus orígenes peronistas plantea como discusión central la continuidad histórica del proyecto de liberación nacional, mal que les pese a aquellos que invocaron e invocan su calidad peronista o de cualquier otro pelaje.
No hay dos peronismos. O bien se está al lado de las luchas populares en la reivindicación de la dignidad humana, que encontrará su causa en un proyecto de Nación soberana, o bien se está ante el rótulo fraudulento de un peronismo cuya doctrina es sinónimo de entrega de la identidad nacional y su consecuente pérdida. Hoy el primero encuentra representación suficiente en Kirchner, pero su etapa superior es integrar a la sociedad más allá de calificaciones partidarias en la construcción ideológico-política de un futuro nacional.
Así, finalmente –nunca es tarde– en los inicios del siglo XXI permita identificar el valor colectivo destinado a plasmar la construcción de una gran Nación, y al mismo tiempo repara el sacrificio que ha impuesto y actualmente sigue imponiendo el hecho de que aún somos una Nación dependiente.

* Coordinador de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

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