EL PAIS › ASALTO CON MENSAJE MAFIOSO TRAS LA PURGA EN LA FEDERAL

Llegó la mafia, cenó y pasó la gorra

Cuatro hombres entraron con una ametralladora y una granada en un restaurante de Barrio Norte. Allí cenaba el presidente del Banco Central. Robaron la caja y a los comensales. Al salir, dejaron una gorra de la Bonaerense. La hipótesis más seria sugiere que la banda tiene vínculos con los sectores de la Federal recientemente desplazados.

 Por Raúl Kollmann

En un gesto que parece tener todas las connotaciones de mafioso, una banda de cuatro hombres, de pelo cortito, bien vestidos, con armamento pesado y una granada, robaron un conocido restaurante de Barrio Norte, dejando atrás, junto a la salida, un mensaje: una gorra de la Policía Bonaerense. Según coinciden los investigadores, no tiene ningún sentido que una banda de policías bonaerenses entre en la Capital Federal, terreno que les es ajeno, llevando consigo al lugar del robo una gorra identificatoria que, justito, habrían olvidado. Menos razón todavía tiene una banda de delincuentes comunes para dejar la gorra casi como una firma del asalto. Por ello, los especialistas creen que lo ocurrido en el restaurante Rivadavia es el primer mensaje mafioso dejado por los hombres desplazados recientemente de la Policía Federal, en lo que constituyó la primera purga en años de esa fuerza. El mensaje sería: “Ustedes sin nosotros, los porongas a los que echaron, no pueden controlar la Capital”. En el gobierno nacional admiten que el hecho fue extraño y agregan otro dato: “Dentro de la propia Federal, pero sobre todo entre los desplazados, hay quienes están haciendo una campaña pública difundiendo los delitos que hay para crear un gran clima de inseguridad muy superior al que existe. La realidad es que la cantidad de delitos bajó notoriamente y los desplazados juegan su partido tratando de instalar un mal ambiente”, le dijo a este diario un funcionario del área de Seguridad.
El robo en el restaurante Rivadavia fue muy particular. Se trata de un local conocido y tradicional en el que, por ejemplo, cenaba el jueves el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay. Cerca de las 23, entraron tres hombres, bien vestidos, que se sentaron a una mesa y pidieron una picada. Tras terminar con la comida y la bebida, uno de los asaltantes se paró frente a la puerta, el otro caminó hacia la caja y el tercero les anunció a los 40 comensales que estaban ante un asalto y que dejaran sobre las mesas sus pertenencias. En la operación exhibieron una ametralladora, una pistola y lo que dijeron era una granada. En total, se quedaron con 1900 pesos de la caja, otros 1500 robados a los clientes, dos relojes y un celular. Tras apoderarse de lo que querían, salieron del local, tranquilos y experimentados, y se subieron unos a un auto no identificado y otros dos a un Peugeot 505 propiedad de uno de los clientes del Rivadavia. Cerca de la puerta, junto a una mesa, quedó la gorra, estilo béisbol, con las letras blancas y brillantes: Policía Bonaerense.
Los criminalistas consultados por este diario trazaron las siguientes hipótesis:
- Fue una banda de policías bonaerenses. No tendría demasiada explicación que salieran de un territorio que conocen bien, la provincia de Buenos Aires, se metieran en el campo de sus adversarios de toda la vida, la Policía Federal, y encima llevaran al robo la gorra que es parte de su uniforme. No parece creíble, además, que cometieran la ingenuidad de olvidarse justo la gorra que los identifica. Como hipótesis está prácticamente descartada.
- Fue una banda de ladrones comunes. Alguien podría suponer que usan esa gorra para abrirse paso, por ejemplo, cuando van huyendo. Pero todos los especialistas consultados por este diario coinciden en que eso es inhabitual y menos todavía en la Capital Federal, donde no pueden actuar y a los policías federales les resultaría más que sospechoso. Tampoco cierra que ladrones del territorio bonaerense vengan en este momento al centro del territorio porteño –no un barrio cercano a la General Paz–, sorteando los numerosos policías que se ven en toda la ciudad y dejando lugares blancos muchísimo más fáciles en el terreno provincial. Aun así, menos creíble es que vengan desde allá hasta Barrio Norte con una gorra policial en la mano, que ni siquiera la hayan dejado en el auto en que venían y ya en el colmo de la inocencia y el descuido se terminen olvidando la gorra en el restaurante. Es un cuento chino que ningún criminalista aceptó ante este diario como hipótesis seria.
- La tercera hipótesis, la más creíble, es la de la banda de buchones de hombres de la Federal ahora desplazados. En principio, porque el grupo se manejó con mucha tranquilidad e impunidad. Se sentaron cómodamente a comer, se tomaron su tiempo y exhibieron la parsimonia de quienes no temen que irrumpa alguno de los tantos patrulleros que actualmente circulan por las calles de ese barrio. Después, dejaron su firma mafiosa con la gorrita. O sea que sería un grupo de ladrones comunes que, como se ha visto muchas veces, viven apañados por policías y que actúan cuando éstos les dan pista libre y zona liberada.
¿Cuál sería el objetivo del golpe? Demostrarle al Gobierno que no es gratis haber desplazado a toda la plana mayor y a gran parte de los comisarios más poderosos de la Federal. “En la Bonaerense ya estamos acostumbrados –le dijo anoche un comisario retirado a Página/12–, pero en la Federal ésta fue la primera purga real en muchísimos años. Lo de ese restaurante fue un aviso de rechazo a los cambios. Porque no dude que los porongas que se fueron siguen teniendo su gente.”
Más allá del caso del restaurante Rivadavia están los que hablan de que en la Capital están ocurriendo otros hechos extraños. En las últimas semanas se produjeron varios robos en garajes y, sobre todo, en edificios enteros, ya sea de oficinas como de viviendas. En estos últimos casos es llamativo que las bandas se tomen su tiempo y están dos, tres y hasta cuatro horas en los edificios, robando piso por piso. “Alguna movida hay, más todavía si tomamos en cuenta que uno de los asaltos se produjo en un edificio muy cercano a la jefatura de la Federal –razonó un hombre de alto rango en la Gendarmería–. Están pasando cosas extrañas y todo indica que se trata de un mensaje porque desplazaron a la mayoría de los jefes.”
Este diario mantuvo un breve diálogo con un funcionario de la máxima jerarquía en temas de seguridad. “Están tratando de presentar las cosas como si hubiera una gran ola de robos en la Capital. Es cierto que ese clima tratan de crearlo integrantes de la propia Policía, pero le aseguro que todos los datos indican que bajó notoriamente la cantidad de delitos. Esta semana tenemos cifras de la propia Secretaría de Seguridad, de la Procuración y del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, que dirige Rosendo Fraga, que coinciden en que los robos a mano armada bajaron un 25 por ciento en menos de un año. Desde enero hasta ahora mataron a dos policías federales. El año pasado, entre enero y fin de mayo habían matado a 21. Son bajas muy notorias. Hacía rato que no teníamos un robo de un restaurante y, es cierto, le admito que este caso es extraño, pero han bajado mucho los casos como esos. La semana pasada hablaron de una violación en la zona de Belgrano: la realidad es que se trataba de una señorita del rubro 59 que se peleó con su cliente. Hay operaciones de ese tipo todo el tiempo, tal vez fomentadas por los que se tuvieron que ir de la fuerza”, razonó el funcionario.
El robo en el Rivadavia encendió las luces amarillas en la Casa Rosada y en el Ministerio de Justicia, donde van a insistir en que la investigación sobre el caso se profundice rápidamente. La división Rastros de la Federal se llevó los vasos en los que bebieron los sospechosos ladrones y, según parece, dejaron huellas digitales analizables. También quedan como pistas una bufanda, los identikits de los delincuentes que actuaron a cara descubierta, la búsqueda del auto robado y la eventual utilización del celular que se llevaron. Y, por supuesto, la gorrita. Se busca de dónde la pudieron obtener, pero más que nada interesa qué uniformados, con cuántos galones, están detrás de la banda y el mensaje amenazante que dejó.

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En el restaurante Rivadavia, de Sánchez de Bustamante y Las Heras, de Barrio Norte, cenaban unas 40 personas en la noche del jueves.
 
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