EL PAíS › COMO SIGUIERON LA SESION LOS
FAMILIARES QUE ESTABAN DENTRO DEL RECINTO

“Vino para defender lo que es indefendible”

Antes y después de que hablara Ibarra, los familiares de las víctimas gritaron “Presente” por sus hijos. Fue la única participación directa, además de aplaudir a Peña. En los pasillos criticaron el discurso del jefe de Gobierno. Dijeron que “está haciendo política”. “Si se considera inimputable, que diga quiénes son los responsables”, señalaron.

Las caras miraban al que estaba al lado, cuchicheaban, se señalaban alguna sutileza en la decoración del recinto. O estaban calladas, mirando adelante, esperando. Hasta que empezó a entrar el gabinete del Gobierno porteño y los 40 padres de víctimas de República Cromañón fijaron sus cuellos apuntando a esa puerta, por la que la salida Aníbal Ibarra era inminente. La musa de los cantos oídos durante las marchas en reclamo de justicia finalmente apareció, se sentó, abrió su carpeta amarilla y se sirvió agua helada. En ningún momento miró a los padres. Cuando se izó la bandera, a media asta, aprovechó su localización, al lado de los asientos ocupados por ellos, para observarlos. Para mirar las fotos de los hijos que no están en manos de sus progenitores, de pie. Tomaron asiento. Justo cuando iba a abrir la boca, se oyó el grito de una madre: “¿Los chicos?” “Presentes”, respondieron los padres. “Ahora y siempre.” “Ahora y siempre.” Entonces Ibarra comenzó: “Señoras y señores legisladores, vengo hoy aquí en nombre de la Ciudad de Buenos Aires”. Algunas madres se indignaron: “¿Y a nosotros no nos saluda?” Era una relación imposible. Lo escucharon durante dos horas y veinte minutos como si vieran pasar un largo río de palabras que de ninguna manera podría lavar su dolor.
Allí, o en el Salón Montevideo, donde decenas de padres aguardaban a que se hiciera un vacío en el sector del recinto destinado a ellos para ocuparlo, tenía lugar un diálogo incompleto. Decían que no con la cabeza cuando el jefe de Gobierno se proclamaba “hombre sensible”, por ejemplo. Ante Ibarra en carne y hueso no emitían palabra. Donde sí hablaban era en el Salón Montevideo, improvisada sala de espera para “ir a ver qué dice el sinvergüenza ése”, como dijo Alberta Ledesma, madre de Nicolás Nieva, que tenía 17 años. Lo miraban a Ibarra por una TV con rayas en circuito cerrado. “Qué hijo de su madre”, decían las señoras evitando la palabrota. Los hombres la pronunciaban con cada una de sus letras.
Adentro del recinto, los padres mantenían en alto los carteles ya gastados de tantas marchas. Los que tenían ganas de ir al baño o a fumar salían. Entre los últimos estaba Pablo Blanco, padre de Lautaro, de 13, muerto en el boliche. Fumaba uno tras otro. Tiene internada a Mailín, de 17, que “se recupera”. Para él ningún informe alcanza. “Dice que el año pasado el gobierno clausuró boliches que fueron reabiertos por orden judicial. Pero en Cromañón no hubo juez que levantara la clausura, porque ni siquiera hubo clausura. Se incendió tres veces. Si Ibarra se considera inimputable, que diga quiénes son los funcionarios responsables. Que explique por qué no apareció en el lugar del incendio”, puntualizó.
“Karla te amo”, decía la remera Sergio Giovannini, hermano de la chica de 21 años cuya foto lleva en el pecho desde hace un mes. “Ibarra va a llegar a la casa y va a ver a sus hijos. Yo cuando llegue a la mía voy a ver a mi vieja llorando, a mi viejo hecho mierda, y a mi hermana no la tenemos más. Me parece una falta de respeto que mencione a los boliches que cerraron, porque Cromañón estaba abierto. Dice que sacó a 300 inspectores corruptos, pero eso no sirvió. Entonces no sirve él”, opinó.
“Es un payaso”, sentenció Stella Britos, que en el boliche perdió a su hija Paula y a su nieta Agustina. “Quiere defender lo indefendible”, dijo. Su deseo es que “los legisladores cumplan su deber” y saquen al jefe de Gobierno del asiento al que está “atornillado”. “Los políticos tratan de sacar rédito político. Pero mientras hagan algo, está bien”, consideró.
Mercedes Salvi, miembro de “Familias por la Vida”, una de las ONGs surgidas el 30 de diciembre, contó que “a todos los padres nos molesta que a esto se lo llame ‘tragedia’, porque fue una masacre. ‘Tragedia’ fue el tsunami, pero esto fue provocado”. Lali, mamá de Leo Schpak, según lo consignaba su cartel, es parte de la misma entidad. Indicó que no tienen diferencias con “Que no se repita”, el otro grupo de familiares: “Todos los padres tenemos que estar unidos”, destacó. La presentación de Ibarra no le conformó, porque “mientras él habla, mi hijo está bajo tierra”.
Elena Guebel tuvo en Cromañón a sus hijos mellizos Hernán y Lorena, de 19 años, que salieron hace una semana del hospital. “No creo en nada de loque dice Ibarra, porque habla desde la política. Hace cinco años que es Jefe de Gobierno, no puede echar culpas a los inspectores. Si tenía problemas con ellos, a esta altura debería haberlos resuelto”, evidenció.
“No tenemos partido, no somos políticos. Somos todos laburantes”, afirmó Fito, tío de Jacqueline Santillán. En la Legislatura, los padres eran los únicos que no llevaban traje. Ninguna de las esposas había ido a la peluquería. Cargaban sus fotos como escudos en el recinto, mientras en el Salón Montevideo tomaban mate con galletitas y se indignaban en directo. En las remeras llevaban pegados autoadhesivos que rezaban: “Que no se repita - Nuestros hijos muertos por la corrupción”.
Informe: Sebastián Ochoa.

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Los familiares que pudieron entrar fueron cuarenta, aunque otro grupo esperaba su turno.
 
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