EL PAIS › IBARRA RECONOCIO FALENCIAS
EN LOS CONTROLES, PERO NEGO CORRUPCION

“Cromañón debería haber sido cerrado”

En una autocrítica, Ibarra reconoció que “fracasó” el sistema de inspecciones y repartió responsabilidades con la Legislatura por las “normas obsoletas”. El macrismo lo cuestionó y la izquierda le pidió la renuncia. A las 2 de la mañana, un pedido de cuarto intermedio derivó en escándalo. Protestas de los familiares.

 Por Mariana Carbajal

El jefe de Gobierno porteño hizo una profunda autocrítica sobre su gestión en el área de habilitaciones y controles y evaluó que los cambios que imprimió en el sector, tras la catástrofe de Once, quedaron signados por el “fracaso”. Lo dijo ayer, al dar explicaciones en la Legislatura en una virtual interpelación. “Nada de esto alcanzó frente a la tragedia de Cromañón”, pero “no asumiré lo que no me corresponde”, aseveró en su discurso de casi tres horas. Y repartió responsabilidades con los diputados: en primer lugar, por no haberse preocupado por modificar “normativas obsoletas” que –consideró– dificultan las tareas de inspección en los boliches bailables, y en segundo lugar, por no haber puesto antes en la agenda política la problemática de la seguridad en las discotecas. Habló de la “irresponsabilidad criminal” de los empresarios que cerraron las puertas de seguridad de Cromañón, pero nunca mencionó a la cara visible del local y único preso del caso, Omar Chabán. El cruce más caliente fue con el diputado Milcíades Peña, quien perdió un ahijado en el siniestro. Peña fue el único que arrancó una ovación de los familiares de las víctimas presentes en el recinto. “Si no hubiera habido corrupción, la tragedia no habría ocurrido”, le disparó (ver aparte). Antes, Ibarra había asegurado: “Nunca pacté con la corrupción”.
La exposición de Ibarra estuvo precedida por el grito de los familiares recordando a los 191 muertos en el incendio del 30 de diciembre: “Los chicos, ¡presente!”, clamó una madre y la frase fue repetida dos veces más por el conjunto de deudos y fue coronada por un “Ahora y siempre”, al tiempo que levantaban los carteles con las fotos de sus hijos que ya no están. El resto de la sesión, con excepción de la intervención del diputado Peña, mantendría absoluto silencio.
La sesión extraordinaria estaba citada a las 17 y comenzó poco después de las 17.30 con un minuto de silencio y la bandera a media asta. Ibarra inició su discurso a las 17.40 y terminó a las 20.25. Tuvo un tono sereno, y mostró un buen manejo de la retórica y del lenguaje gestual. Al principio, quiso dejar la imagen de un hombre sensible y en alusión a las víctimas, señaló: “Su pérdida significa una herida que no cerrará nunca”. Luego pidió que no se usara la catástrofe “para ninguna especulación política”. “Los tiempos para disputar gobierno son las épocas de las elecciones”, afirmó, adelantándose a los sectores de izquierda que pedirían más adelante su renuncia. “No vine a dar justificaciones, vine a dar la cara como jefe de Gobierno de la ciudad”, señaló. Su exposición –armada como un alegato de un fiscal, su antigua profesión– apuntó a demostrar que lo de Cromañón no fue resultado de un hecho de corrupción, y dedicó un largo tiempo de su exposición a contar “el esfuerzo de su gobierno para modificar el esquema de control, por ejercer el poder de policía y por mejorar el sistema de inspecciones”. Pero, finalmente, reconoció que “nada (de lo que hizo) fue suficiente”. “Frente a la tragedia nos signa la característica del fracaso”, aseveró.
Admitió, además, que el área de Seguridad y Control, que tenía a su cargo la responsabilidad de inspeccionar el boliche de Once, “adolecía de deficiencias estructurales: no funcionaba ni de lejos correctamente y me hago cargo como jefe de Gobierno”, dijo. Pero señaló que esas anomalías habían sido detectadas a mediados de 2004, que habían pedido un crédito al BID para modernizarla, y que estaban en proceso de reformas. Entre otras irregularidades, mencionó: “Tenía y tiene circuitos administrativos poco claros, falta de un sistema de seguimiento de las habilitaciones de locales comerciales y un parque informático deficiente”.
Dijo que a lo largo de 2004 hubo 222 inspecciones a locales bailables y se efectuaron 119 clausuras. Pero no pudo explicar por qué no se controló a República Cromañón que tenía su certificado expedido por los Bomberos vencido. “Si me preguntan si tendría que haber ido un inspector el 25 de noviembre (un día después del vencimiento de ese certificado), les digo que sí y que debía haberlo clausurado. Pero eso no alcanzaba. La tragedia podría haber ocurrido otro día”, sostuvo. Y a continuación, reconoció como otra “grave falencia” de su gobierno la ausencia de controles sorpresivos sobre los boliches para “poder disminuir el riesgo de las irresponsabilidades empresariales”. En ese sentido, consideró que aun con el certificado de Bomberos “no se hubiera evitado la tragedia”. “Así como estaba, el sistema permitía que se hicieran modificaciones” en el local en materia de seguridad y nadie las controlaba. “El sistema era deficiente y me hago cargo”, admitió Ibarra.
Pero luego repartió responsabilidades con los legisladores. Su exposición en este aspecto apuntó a endilgarles a los diputados la vigencia de una serie de normas “obsoletas y contradictorias” sobre el funcionaminto de los boliches que dificultan su control. Y también quiso compartir con ellos la responsabilidad por no haber incluido en la agenda política la problemática de la seguridad de los boliches. Y extendió la responsabilidad en este punto a sus ex contrincantes en las últimas elecciones Mauricio Macri y Patricia Bullrich.
Su exposición fue de 2 horas y 50 minutos. Después se pasó a las preguntas de cada bloque, teniendo en cuenta el orden establecido previamente: primero las bancadas más numerosas, en quinto lugar Milcíades Peña, de Confluencia, por ser familiar de una víctima, y a continuación –según un sorteo– los grupos de uno a tres integrantes. Primero fue el turno de Juntos por Buenos Aires y en nombre de este sector macrista habló Jorge Mercado. En un discurso desordenado, le retrucó a Ibarra que “si la normativa era obsoleta –como argumentó Ibarra– por qué después (con la llegada de Juan José Alvarez a la Secretaría de Seguridad) se clausuraron un sinnúmero de locales”. “El jefe de Gobierno está acá por lo que no hizo y no por lo que hizo”, le espetó. Y sostuvo que el gobierno de la ciudad “ha fracasado en cuanto a las políticas de seguridad”.
En segundo lugar, tomó la palabra Gabriela Michetti, presidenta del otro bloque macrista, Compromiso para el Cambio. Fue enérgica y aguerrida. “No actúa como líder político sino como un escurridizo abogado”, le dijo al jefe de Gobierno. Y lo acusó de haber dicho una serie de “mentiras” sobre la falta de normativas para controlar. “Hay ordenanzas en vigencia que obligan cada cuatro meses a controlar cada uno de los locales de música y variedades”, aseguró, y consideró que Ibarra demostró que “hace mucho tiempo que no gobierna”. “Tenía las herramientas necesarias” para prevenir la tragedia, sostuvo. “Me hace acordar a la tragedia de Lapa: ese piloto tenía las alarmas, no las escuchó y provocó la catástrofe”, agregó Michetti.
Ibarra encontró en el kirchnerista Diego Kravetz y en Jorge Giorno, del Partido de la Ciudad, dos aliados manifiestos. A su turno, cada uno prefirió no poner en aprietos al jefe de Gobierno con sus preguntas. Kravetz ni siquiera llegó a utilizar los 20 minutos que tenía como máximo cada orador, aunque aclaró que insistirá en impulsar la creación de una comisión investigadora. Giorno fue muy claro: “No haremos leña del árbol caído quienes fuimos aliados estratégicos”. A esa altura, faltaban pocos minutos para las 22. Ibarra pidió cinco minutos de cuarto intermedio. Después, vendría el momento más álgido de la sesión: su enfrentamiento con Milcíades Peña (ver aparte). Al cierre de esta edición, la sesión continuaba.

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El discurso de Aníbal Ibarra empezó a las 17.40 y duró 2 horas y 50 minutos.
 
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