EL PAIS › OPINION

Errores de cartel

 Por Marcelo Zlotogwiazda

Es curioso, pero en la semana que pasó Roberto Lavagna lanzó su acusación de cartelización contra empresas de obra vial que terminó siendo desacreditada desde la Casa Rosada, y a su vez Néstor Kirchner hizo lo propio contra las grandes cadenas de supermercados y a las pocas horas el Indec difundía información que mostraba lo infundado de la imputación. No suelen ocurrir equivocaciones tan similares a tan alto nivel en tan pocas horas, pero más allá de la casualidad, las fallidas intervenciones del Presidente y de su principal ministro son parte de historias más que interesantes sobre qué sucede con la inflación, sobre la injerencia del Banco Mundial, y además dan pie para entender cómo se juega la interna del poder palaciego.
El primer contrapunto se dio el martes, cuando en plena convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción Lavagna les enrostró a los presentes que conocía de la cartelización en obras viales, y esa misma noche Kirchner los elogió como la “columna vertebral” de la economía. La desautorización del Presidente era reflejo del malestar que habían causado las palabras de Lavagna, tanto en la Casa Rosada como en el ministerio de Julio De Vido. Según éstos, el problema con el Programa de Contratos de Recuperación y Mantenimiento de Rutas (Crema) no está en la supuesta cartelización, ni el cobro de sobreprecios, sino en la influencia que ejerce el Banco Mundial para que una parte del negocio de la obra pública pase a manos extranjeras.
De acuerdo al relato de una alta fuente de Gobierno, la ofensiva se desató el 29 de junio pasado cuando en una reunión con De Vido el representante máximo del BM en el país, Axel Van Trotsemburg, junto con el gerente regional José Luis Irigoyen y el jefe sectorial Juan Gaviría, señalaron que existían elementos como para suponer que en las licitaciones del programa Crema (financiado por el Banco Mundial) había prácticas corruptas. Eso dio lugar una semana después a la inmediata suspensión de diez licitaciones, y al inicio de las correspondientes investigaciones, tanto en la Dirección de Vialidad como por parte del Departamento de Integridad Institucional del BM.
La investigación de Vialidad arrojó que las ofertas ganadoras en las licitaciones en cuestión superaban lo presupuestado en porcentajes que variaban del 20 por ciento al 90 por ciento, pero que en gran medida ese desfasaje obedecía a subestimaciones de los costos calculados oficialmente, en particular por el aumento en el precio del asfalto como consecuencia del brusco salto en el barril de petróleo.
En cuanto a la investigación del BM, voceros del organismo dijeron a este diario que la investigación se está realizando y que los resultados “serán presentados al gobierno de la Argentina”. Sin embargo, desde la Casa Rosada se asegura que las auditorías del BM sobre las cinco licitaciones que ya se analizaron arrojaron que los precios se encuadraban en los valores de mercado. O sea que no hay elemento alguno para hablar de cartelización.
–¿Es decir que la acusación de Lavagna es infundada?
–Sin lugar a dudas.
Lo que el Ministerio de Planificación está discutiendo ahora con el BM es la reformulación de los pliegos de licitación originales que redactó el organismo con sede en Washington, y que a juzgar por los funcionarios locales eran tan restrictivos que al imponer condiciones muy exigentes limitaban la participación. La interpretación es que eso formaba parte de una estrategia para forzar la apertura al ingreso de empresas extranjeras, de la cual formaba parte la acusación de corrupción, que en reuniones posteriores se transformó en boca del BM en acusación de cartelización. Tal como dijo Lavagna el martes.
–¿Quiere decir que ustedes creen que Lavagna juega en eso con el BM?
–Para nada. Yo creo que Lavagna simplemente se equivocó feo, respondió alguien que lo enfrenta en la interna ministerial.
Lo curioso es que 48 horas después el que se equivocó feo fue Kirchner. Al menos si su acusación de cartelización a los supermercados es analizada técnicamente. Cualquiera que conoce mínimamente cómo funciona el sector de las grandes cadenas de comercialización sabe que cometen varios tipos de atropellos (en las relaciones laborales, en los cumplimientos fiscales, en el abuso contra proveedores, etc.), pero muy lejos están de confabularse oligopólicamente para elevar los precios. Manejan un gran negocio, pero no por alto margen, sino por enorme volumen y por sus ventajas financieras. Pero ya a esta altura no hace falta acudir a razonamientos técnicos. Quiso la casualidad que al día siguiente el propio Indec dejó en offside al Presidente al informar que los supermercados habían bajado sus precios promedio en octubre. ¿Se habrán puesto de acuerdo de manera cartelizada?
Vale agregar ahora que la carne es un elemento clave en el aspecto inflacionario, que Economía detectó que los hipermercados la están cobrando más barato que las carnicerías de barrio.
Cuando el viernes en Mar del Plata le preguntaron a Lavagna qué opinaba sobre la acusación de Kirchner, respondió que a él no le corresponde comentar manifestaciones del Presidente. No fue una gambeta sutil, pero hay que convenir que era muy difícil eludir con elegancia la complicación adicional que hubiera provocado una respuesta sincera.
Kirchner también se enojó y la embistió contra Alfredo Coto por mencionar estimaciones sobre la inflación del año próximo en torno al 12 por ciento. Si el empresario hubiera querido defenderse, podría haberle señalado que todos los días jueves el Banco Central difunde estimaciones sobre la inflación de los próximos doce meses, que dicho sea de paso, están en ese rango. Pero nada más lejos del ánimo de la mayoría de los empresarios que enemistarse con el Gobierno, aunque éste los ataque con argumentos débiles. Ya es sabido que es parte del estilo presidencial enfrentar problemas eligiendo algún enemigo visible para confrontar. En el caso de la inflación, marcando la cancha con agresión como advertencia. Más allá de las inconsistencias lógicas, tal vez resulte eficaz. Aunque no habría que olvidar que los errores se pagan.

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