EL PAíS › OPINION

Después de Córdoba

 Por Eduardo Sigal *

Las reuniones del Mercosur –incluida la Cumbre de Presidentes– realizadas recientemente en Córdoba han desmentido de modo categórico los superficiales pronósticos que situaban al bloque en un proceso de agonía. Se trata de enfoques coyunturalistas que suelen quedar atrapados en las dificultades propias de todo proceso de integración, en el que siempre se ceden espacios de soberanía. Brasil y Argentina culminaron acuerdos que facilitan el proceso de reindustrialización en nuestro país, superando así una larga etapa de recurrentes conflictos comerciales entre los dos países más influyentes del Mercosur que complicaban la agenda regional. Al mismo tiempo, se produjo un hecho histórico: la incorporación al Mercosur de Venezuela, el primer país que se suma al bloque como socio pleno desde su creación.

El Mercosur ha avanzado mucho en el semestre de la presidencia pro tempore argentina. Hoy el bloque tiene vigencia desde el Caribe hasta Tierra del Fuego. Y, más importante aún, se orienta cada vez más en la constitución de una comunidad política capaz de dar sustento a un proyecto de desarrollo productivo y equidad social de alcance regional. La Cumbre aprobó, por ejemplo, una Estrategia por el Empleo, que es el fruto de un trabajo común de los ministerios de Economía, Trabajo y Relaciones Exteriores de todos sus países miembros; es un hecho novedoso el que la principal cuestión social, la del empleo, involucre en su abordaje a los responsables de las políticas económicas. La disociación de lo social y lo económico fue uno de los dramas de los programas de la década del ’90. El Mercosur es más consciente que nunca de sus dificultades. La principal de las trabas la constituyen las asimetrías en el desarrollo entre sus miembros. Esto origina tensiones en los países de menor volumen, en cuyo interior se mueven fuerzas partidarias de retroceder a una visión de la integración reducida a una mera zona de libre comercio y, sin embargo, presionan para acordar tratados de libre comercio con países extrabloque, como EE.UU., entre otros. Por ello, el reconocimiento de las asimetrías no es solamente verbal: se avanza en la implementación de los fondos estructurales, aprobados en diciembre pasado, orientados a favorecer proyectos de desarrollo en los países de menor volumen relativo.

La Cumbre dejó marcado un rumbo: el del Mercosur productivo y social. Quedó planteada una rica agenda de discusión que incluye los lineamientos de un Gasoducto del Sur, la creación de un Banco de Desarrollo para la región y el incentivo de diversas iniciativas de complementación productiva entre sus países. El desarrollo productivo y el mejoramiento de la calidad de vida de nuestras poblaciones es la mejor estrategia para reforzar la integración y neutralizar las presiones de sus adversarios.

El Mercosur no es una unión ideológica: su logro es hacer de la diversidad y hasta de sus tensiones internas un incentivo para avanzar y crecer. Las dificultades no se han superado totalmente. Sin embargo, el bloque sale fortalecido de esta Cumbre.

* Subsecretario de Integración Económica de la Cancillería.

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