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Había que ser muy “pingüino” para marchar bajo la lluvia y el viento

Estuvo lejos de ser una multitud, pero los intendentes del Conurbano garantizaron militancia frente al Congreso a pesar del clima.

 Por Martín Piqué

El estruendo recibió a los pocos manifestantes que se acercaron al Congreso poco después de las 11. No era el retumbar de los bombos sino un trueno que confirmaba lo que a esa altura de la mañana ya estaba claro. No iba a ser un día peronista. El clima no acompañaba el discurso de Néstor Kirchner ante la Asamblea Legislativa. La lluvia caía de todos lados, espoleada por el viento que cambiaba de dirección a cada momento. Aunque intendentes y movimientos sociales habían prometido movilizar treinta mil personas, estaba claro que el anuncio se hacía agua. Cuando faltaban quince minutos para que Kirchner saliera de la Rosada, frente al Congreso lo esperaban unos cuatrocientos manifestantes. La mayoría seguía arriba de los colectivos que los habían trasladado hasta el centro. La concurrencia creció con las horas, a medida que la tormenta se fue apaciguando y la gente –mojada hasta los huesos– comenzó a salir de bares y micros. Pero la promesa de reunir treinta mil personas seguía muy lejos.

En los códigos de la política plebeya aguantar la lluvia a puro cantito y sin moverse es un orgullo, un desafío a los demás. Eso debían sentir las cincuenta personas que soportaron el peor momento de la tormenta al pie del vallado. Se habían agolpado frente a las escalinatas del Congreso para garantizar la mejor ubicación para sus banderas. Competían por mostrar el nombre de su agrupación o referente político frente a las cámaras de televisión o ante el propio Kirchner. Allí estaban los muchachos del PJ de Merlo, todos con gorritas con el apellido del intendente Raúl “Vasco” Othacehé. Miembro de Tacuara en su juventud, Othacehé está acusado de intimidaciones y golpizas a opositores. También había hombres del intendente de La Plata, Julio Alak y de Humberto Zúccaro, de Pilar.

Mientras el diluvio seguía empapando todo, los movimientos sociales se fueron acercando a la avenida Entre Ríos. El primer grupo que se instaló frente a las vallas era de Libres del Sur y Barrios de Pie. Ubicaron sus banderas ante las escalinatas y se resignaron a esperar bajo la lluvia. Como el resto de las organizaciones, habían dejado a sus bases arriba de los colectivos a la espera de que la tormenta bajara su intensidad. Al costado de aquel grupo se instalaron unas treinta mujeres con gorros rojos que no paraban de cantar. “Se siente/ se siente/ Vivona intendente”, coreaban afónicas. Se referían a Luis Vivona, aspirante a suceder a Jesús Cariglino en Malvinas Argentinas. Vivona es uno de los “sin techo” protegidos por Alicia Kirchner.

El movimiento era supervisado desde la explanada por dos colaboradores de Oscar Parrilli. Deben haber visto cómo fueron llegando el resto de las organizaciones. A las 12.30 aparecieron quince personas con banderas de Pablo Bruera, que compitió con Alak en La Plata. Por Hipólito Yrigoyen ingresó un movimiento juvenil que coreaba la gloria de la JP, pero ensalzaba como su máximo referente al secretario de Comunicación Social, Fernando Gray. A cien metros de allí, en Rivadavia y Entre Ríos, cuatro hombres intentaban remontar a un pingüino inflable que se había pinchado. Las adversidades no se terminaban en la tormenta. Más tarde llegó la revancha: el Partido de la Victoria hizo elevar por el aire a dos pingüinos a falta de uno. Representaban a Kirchner y su esposa.

Pasadas las 14.30, el Presidente salió por la entrada principal del Congreso para saludar desde la explanada. No se encontró con una concentración multitudinaria, sí con gente empapada y feliz de poder tocarlo. Una postal igualita a la de sus primeros días de gestión. Como si nada hubiera pasado desde mayo de 2003.

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La lluvia parecía caer de todos lados arremolinada por el viento.
Imagen: Gustavo Mujica
 
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