EL PAíS

Elogio de la traición

 Por Horacio Verbitsky

Esta semana se estrenará el documental de Fernando Solanas, Memoria del Saqueo. De una calidad estética infrecuente en el tratamiento de la problemática político-social, su relato en imágenes abrumadoras es más elocuente y perdurable que el texto que las explica. Luego de sus largometrajes de ficción, Memoria retoma el hilo de la obra clásica de Solanas y sirve como constatación de la derrota del proyecto histórico que La Hora de los Hornos mostraba y del que formaba parte. El pequeño país del que habló Kirchner el jueves es mostrado con todas sus llagas y pústulas y contrastado con el esplendor de los lugares donde se tomaron las decisiones que condujeron a ese estado de cosas. No siempre las previsiones de un director de cine se concretan como las había imaginado. Solanas entrevista en una escena de la película al senador Antonio Cafiero con manifiesta simpatía. Obtiene, sin haberlo buscado, un retrato impresionante de la decadencia de la clase política que acompañó ese proceso devastador y merece la transcripción textual.
–Usted es un viejo dirigente justicialista. ¿Cómo explica la traición de Menem?
–Bueno, eso sucede. Y no sucede raramente. Sucede con bastante frecuencia en la vida política de todas las naciones. Hay un librito chiquito, francés, que se llama Elogio de la traición, donde se demuestra o se dice que es absolutamente intrínseca a la política, la traición. Es decir, usted para llegar tiene que mentir, porque si usted dice lo que realmente piensa, la gente no lo va a votar y creo que eso se aplicó en la Argentina. Se aplicó siempre, pero con mucha mayor intensidad, admitámoslo, durante los gobiernos de Menem. El mismo ha dicho que si hubiera dicho lo que él pensaba hacer no lo hubieran votado*. Entonces, a mi juicio, en una actitud que no guarda mucha correspondencia con la ética política. Después cambiaron ciertos parámetros internacionales y bueno, el modelo se fue agotando.
–¿Cómo interpreta la existencia de una real mafiocracia: poder económico, los bancos y la clase política?
–En eso, Pino, no quiero abrir juicio, diría yo ésteee, absoluto. Mi larga vida humana y política me dice que a veces hay que relativizar un poco las cosas, no todo es blanco y negro, no todo es corrupto y puro, hasta la misma sociedad argentina en su conjunto no puede atribuirse la pureza y asignarle la corrupción a sus clases dirigentes. En definitiva las clases dirigentes emanan de la propia sociedad, en la Argentina. No sólo hemos fallado los políticos, y yo asumo la parte de culpa que me corresponde, yo podría decir que han fallado muchos estamentos dirigentes de la sociedad argentina y que si hay que hacer un juicio de un juicio general, estamos todos en el infierno del Dante.

* Esa afirmación es un error generalizado. No fue Menem sino el jugador de tenis Guillermo Vilas quien lo dijo.

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