EL PAíS › UNA HISTóRICA INTOLERANCIA

Por ser mapuche

 Por Carlos Rodríguez

Desde Bariloche

En Bariloche, las diferencias sociales “vienen desde lejos”, aseguró el defensor del Pueblo de esta ciudad, Vicente Raúl Mazzaglia, quien desde hace 20 años llegó a esta zona del país. “La problemática es histórica. La más antigua es la de los pueblos originarios, especialmente con el pueblo mapuche.” Esta situación produce enfrentamientos muy grandes, que se advierten con sólo mirar el estado en que se encuentra el monumento a Julio Argentino Roca, ubicado frente al edificio de la Municipalidad. “Genocida” es la palabra que se puede leer, de uno y otro lado de la base sobre la que está la estatua de Roca, montado a caballo, en la llamada “Campaña del Desierto”, que concluyó con el exterminio de comunidades enteras que poblaban la Patagonia desde tiempo inmemorial.

“Yo tengo un hijo biológico, de mi panza, y otro adoptivo, que es de ascendencia mapuche. Esteban, mi hijo adoptivo, tuvo muchos problemas en la ciudad. A mi negro, dos por tres me lo llevaban preso, sin motivo alguno. Ahora anda por los 30 años, es adulto y se volvió al Alto, de donde me lo traje, porque no soporta vivir en una ciudad que lo discrimina en forma permanente.” Mara Bou, dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), ha vivido y vive en carne propia la discriminación contra los pueblos originarios.

Después de los sucesos que terminaron con tres personas asesinadas por la policía, Mara Bou trata de evitar ir a la verdulería. “No puedo tolerar más las cosas que dicen el verdulero y los clientes sobre los chicos que viven en el Alto. Justifican la represión, las muertes, es muy duro de soportar y eso que yo estoy acostumbrada a recibir golpes por mi postura frente a este tipo de barbaridades.” Tal vez, por esas razones, Bariloche es una de las pocas ciudades del país que no tiene una fiesta de las colectividades en las que participen todos los grupos de inmigrantes que viven acá. Los suizos, los italianos, los alemanes, cada uno hace su fiesta, y es imposible que en ellas se mezcle algún chileno, boliviano o paraguayo, y mucho menos si es alguien con rasgos mapuches.

“Por esa historia que tenemos, es frecuente que a los chicos del Alto la policía los reprima o los ‘estimule’ a volverse para sus barrios, cuando pretenden pasar el límite que los separa de los barrios bajos”, precisó Mazzaglia. “El mix de gente que tenemos acá tiene posturas que, algunas veces, son irreconciliables. Para mí, aceptar que (el criminal de guerra nazi) Priebke era un ‘buen vecino’, como decían los que lo defendieron cuando se pidió su extradición, era y es algo irreconciliable”, admitió el propio defensor del Pueblo. “Es lo mismo que aceptar esta posición binaria de policías o chorros”, que levantan los vecinos de Bariloche que viven en la zona céntrica de la ciudad. “Por eso me parece inaceptable que cuando hubo tres muertes (las de Diego Bonnefoi, Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas), una atribuida directamente a la policía y las otras dos que apuntan hacia el mismo lado, se hayan realizado marchas a favor de los uniformados que fueron encabezadas por los patrulleros. Lo mínimo que correspondía era guardar un silencio cauto.”

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