EL PAíS

Las ambiciones del vicepresidente

 Por M. P.

Daniel Scioli está solo y espera. Como escribió Raúl Scalabrini Ortiz, el vicepresidente no pierde de vista su objetivo, ser jefe de Gobierno porteño. Y su estrategia parece ser resistir las adversidades y las vacas flacas, confiando en los frutos de la permanencia. El propio Scioli es un ejemplo de permanencia en el cargo: fue secretario de Turismo y Deportes con Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde, luego compañero de fórmula de Néstor Kirchner, vicepresidente y titular del Senado. Con este gobierno, Scioli sumó una nueva estrategia: ocupar los espacios que Kirchner deja vacantes, por su estilo y su política confrontativa ante los grupos de interés. Algunos empresarios son testigos de esa búsqueda. Scioli espera que la diferenciación lo ayude en la ciudad. No le será fácil. Tiene un competidor muy poderoso, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien mantiene su proyecto de ser jefe de Gobierno. Fernández no piensa en 2007. Su objetivo inmediato es “reconstruir el espacio progresista en la ciudad”, como suele arengar a sus hombres. Con ese eslogan como invitación, el jefe de Gabinete convocará a una cena para despedir el año el martes próximo. Allí estará el ministro de Educación, Daniel Filmus, quien suena como opción alternativa en el caso de que Fernández no sea candidato. En los últimos días un sector del kirchnerismo sumó otro nombre a la tómbola. Se trata del ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni. El penalista se lleva bien con el secretario legal y técnico, Carlos Zannini. De hecho, en el lanzamiento de Compromiso K en Parque Norte estuvo Jacobo Grossman, un ex colaborador de Zaffaroni, cuya presencia no pasó inadvertida.

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