EL PAíS › OPINION

A la noche en la Rosada

 Por Mario Wainfeld

“Fue una asamblea ciudadana”, definió un eufórico Néstor Kirchner a su regreso del acto en Gualeguaychú. Su ojímetro computó 65.000 asistentes. Las fotos que llevó en mano a distintos despachos de la Rosada lo mostraban de espaldas, de cara a lo que (más allá de la precisión de las mediciones) era sin duda una multitud. Las multitudes energizan y euforizan al Presidente, quien disfruta en consecuencia pero también toma condignas precauciones. “Voy a escribir el discurso, cualquiera se emociona y pierde la línea cuando hay mucha gente”, prometió a sus allegados Kirchner y a fe que se ciñó a su propio texto, con la declarada intención de medir sus palabras. El autocontrol resalta aún más la mención inequívoca a Tabaré Vázquez, ese “alguien” que “nos dijo que había recibido un presente griego”, mentando a los contratos con Botnia y con Ence.

–¿No fue un gesto muy duro apuntar tan claro contra el presidente uruguayo? –preguntó Página/12 en la noche de ayer a dos conspicuos ocupantes de la Casa Rosada. Ya era hora de cenar, pero había asistencia perfecta, incluyendo al Presidente. Las respuestas fueron uniformes y reveladoras de broncas acumuladas contra el presidente uruguayo.

- “Es la primera vez que Kirchner lo alude directamente. Tabaré ya nos dijo que somos como esos golpeadores que le pegan a su mujer previendo que los va a engañar. Nos tachó de corruptos, se pasó esta semana ventilando sus cuitas con Vicente Fox, con Bush, con Condoleezza. Después del esfuerzo que hicimos todos y del riesgo que tomamos todos en la Cumbre de Mar del Plata no puede ir a Washington a despotricar contra el Mercosur, que es justo lo que quiere Bush.”

- “La reunión de gabinete del 25 de mayo en Fray Bentos es un exceso. ¿Cómo va a desafiarnos en nuestra fecha patria? No le costaba nada hacerla un día antes o un día después.”

- “Se deja manipular por los blancos y los colorados. Las encuestas revelan que la militancia del Frente Amplio desaprueba su gestión.”

Tabaré concentra los enconos y las críticas pero la estrategia del Gobierno se centra en Botnia.

Una asfixia homeopática: Conseguir una sentencia favorable en el Tribunal de La Haya insume años y no es nada sencillo. Obtener una medida cautelar debería resolverse en meses, pero sería francamente excepcional que prosperara un reclamo fundado en un daño virtual, que aún no se está consumando. El primer nivel del Gobierno conoce esos límites, aunque no los asume en público, por razones evidentes. Pero el riesgo de eventuales rechazos no azoga al Gobierno, cuya estrategia no es poner todas las fichas a un fallo judicial. “Tuvimos que ir a La Haya porque Uruguay nos cerró todas las vías de negociación, pero nuestra finalidad esencial no es esperar el fallo sino ahogar a Botnia, dificultar que siga consiguiendo crédito. La sola existencia del trámite, por prolongado que fuera, aumenta la incertidumbre de la inversión. Nosotros no tenemos asegurado un resultado favorable, pero tampoco es inexorable el rechazo. Y es más que posible que se planteen situaciones intermedias, que mejoren nuestra posición. Por ejemplo, que el tribunal pida el informe de impacto ambiental, como medida de prueba”, discurren en torno del Presidente.

La Justicia como medio: El gobierno también fue a la Corte para contener y encauzar la protesta ciudadana de Gualeguaychú, comentan sus principales actores. El acto de ayer, interpretan, buscó involucrar a los entrerrianos en la vía pacífica adoptada por el Gobierno y motivar que cesaran los cortes de puentes. “Nos pusimos a la cabeza de la protesta, le dimos sentido institucional, pero también comprometimos a los ambientalistas en el camino elegido”, se ilusionaban ayer en la Rosada.

El compañero Cobos: Con el cono del silencio intentando obturar los susurros, en la primera línea del Gobierno se elogiaba con bastante más entusiasmo al gobernador mendocino y radical Julio Cobos que al compañero gobernador entrerriano Jorge Busti. Cobos habló de “causa nacional” y de “cuestión de Estado”, destacando también la necesidad de acatar las leyes y las decisiones internacionales.

De cualquier modo, el saldo oficial era ecuménico, generoso con todos los actores, hasta con los ambientalistas, cuyo documento les pareció moderado, seguramente más de lo que esperaban. “No hubo nacionalismo de opereta”, se entusiasmaba Kirchner en el viaje de vuelta, en un saldo acaso demasiado distraído respecto de las gestualidades y los golpes bajos de Busti.

Algunos otros datos de la liturgia del acto obligan a matizar el juicio. El inmenso cartel “No a las papeleras” instalado a espaldas del Presidente también contradijo la pretendida contención del acto, propone Página/12 a un panegirista de la jornada. “No lo pusimos nosotros, sino Entre Ríos”, deslindaron competencias desde el oficialismo.

Lo que viene, lo que viene: “La negociación está en punto muerto pero jamás renunciaremos a ella. Basta que Uruguay haga un gesto y admita hacer el estudio de impacto ambiental”, contemporizan, ma non troppo, de cara a la Plaza de Mayo. La autoestima oficial sigue flameando muy en lo alto. Ir a La Haya es leído como un acierto, el acto también, una eventual derrota en los estrados no importa tanto porque el partido se juega en otro lado. Una hipotética (sí que muy factible) mora del tribunal no causa pánico pues se intuye que el correr del almanaque erosionará más a Botnia que a Argentina.

–¿Alguna deuda, así sea chica como en el tango? –induce Página/12, en pos de una brecha en tanto autoelogio. Para su sorpresa, algo hay. En el primer nivel del Ejecutivo se confiesa estar en mora con el cuidado del medio ambiente, que seguramente motivará mayores reclamos sociales detonados por la experiencia y el ejemplo de Gualeguaychú. Habrá, nomás, que purificar el Riachuelo y preparar un proyecto nacional consistente que, sencillamente, falta.

Quizás el lector a esta altura trate de recordar el apellido del secretario de Medio Ambiente y su actuación en estos agitados meses de conflicto. Si fracasa, no culpe a su memoria o a su falta de información. El funcionario ejercita una suerte de clandestinidad. Nada hizo, nada dijo, todo un dato.

No se afane el lector en saber de quién hablamos. El hombre está de salida, arrastrado por la corriente del río Uruguay. Un reemplazante de perfil más alto (no será difícil) y un cambio de grilla burocrática serán el primer gesto formal de que algo ha cambiado, de las orillas del río para adentro. La nueva secretaría dependerá de Jefatura de Gabinete y los cambios (como todo lo que urde el Gobierno) se conocerán pronto, pero no se sabe cuándo.

Una frase acompaña a este cronista con la despedida. “¿Dicen que el Mercosur no funciona? El jueves en Iguazú tuvimos una de las mejores reuniones de su historia.” Un nuevo reproche a Tabaré, toda una síntesis del clima de palacio.

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