ESPECIALES

La aurora feliz

Un diálogo con Esteban de Luca, “Poeta y Soldado” y un hombre que, según parece, tenía las prioridades en orden.

 Por Alberto Szpunberg

Poco, muy poco sé de la Revolución del 25 de Mayo de 1810, y muchísimo menos del Bicentenario. Pero torpe, muy torpe, en estos aniversarios mayúsculos no puedo dejar de preguntarme absurdos no menos mayúsculos: por ejemplo, el 24 de mayo de 1810, a las 23.59, ¿no pasó nada digno de recordar? El 26 de mayo de 1810, a la 00.01, ¿tampoco? Una semana antes o unos meses después y unos segundos más tarde... ¿ni una simple paloma sobrevoló Plaza de Mayo, entonces de la Victoria? ¿Ni un solo pañuelo blanco? Dicen, por ejemplo, que llovía, para regocijo de los paragüeros, hasta que el sol de mayo despuntó, para regocijo de los que tenían que optar entre algo caliente o un paraguas. Pero no caigamos en extremos que sólo nos enfrentan...

Las otras noches, cada vez con más preguntas que respuestas, me fui a lo de mi vecino Esteban de Luca, poeta que peleó antes y después del 25 de Mayo y que aún insiste. Vive en la casona de Carlos Calvo, en San Telmo, a una cuadra y media de mi casa. Ahí hay una placa que dice “Poeta y Soldado”. Por eso, pensé, si no a un Poeta y Soldado... ¿a quién consultar? De paso, también quería comentarle que, desde hace unos días, en el barrio, los vecinos tararean por lo bajo su “Marcha Patriótica”: “Sud Americanos/ mirad ya lucir/ de la dulce patria/ la aurora feliz”. Es cierto, todos los vecinos leímos el poema en La Gazeta de Buenos Ayres, pero... ¿y la música de dónde? La misma Gazeta, fiel como ningún otro medio a la veracidad periodística, aclaraba puntualmente: “Marcha Patriótica compuesta por el ciudadano de Buenos Ayres Esteban de Luca para cantar con la música que otro ciudadano está arreglando” (sic).

–¿Qué canturrean –me pregunté– si la música aún está en arreglos?

A medida que me acercaba a la casona de Esteban, estas preguntas se multiplicaban. Por ejemplo: ¿Quién es ese “otro ciudadano” que está arreglando la música? ¿Será del barrio? ¿No será un agente de Magneto? ¿No será Cobos que va disfrazado de Cobos?

Finalmente, sumido en infinitos interrogantes, llegué al portón verde esperanza de la casona de Esteban de Luca. Me tranquilizó ver a través de la ventana el bajo consumo de una vela: el “Poeta y Soldado”, como siempre, estaba en vela. Ya iba a darle al llamador cuando vi que a mis pies, en el umbral, acurrucado como un perro que no es un perro, había un bulto que no era un bulto. Por los ojazos que me miraban, era lo que era y, más espantoso aún, ya era lo que será.

–¿Qué hacés, pibe, en la calle, de noche? –le pregunté.

Atento a lo que pasa en la calle, como todo buen Poeta y Soldado, Esteban de Luca no tardó en franquear el portón verde esperanza. Y el pibe y yo entramos. El Poeta y Soldado, enfundado en su uniforme heredado de las Invasiones Inglesas, “ya es la hora/ de la aurora”, rimó, mientras nos preguntaba: “¿Hace mucho que esperan?” “No, señor –sonrió el pibe– hace años... como doscientos...” Y Esteban, que por algo es Poeta y Soldado, se fue a la cocina a resolver lo impostergable: algo caliente. Algo.

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