ESPECTáCULOS

Pablo Trapero sigue por la ruta latinoamericana

Mientras termina la edición de su nueva película, Familia rodante, rodada en Misiones, el director de Mundo grúa y El bonaerense se dedica desde su productora, Matanza Cine, a apoyar proyectos del cine chileno y boliviano.

 Por Mariano Blejman

El mundo de Pablo Trapero no termina en sus ficciones, está claro. De hecho, apenas si empieza allí y se expande por otros horizontes poco explorados por la industria del cine local. El director de las celebradas Mundo grúa y El bonaerense acaba de terminar su película Familia rodante, filmada principalmente en la zona del Litoral del país. Es la historia de una familia que viaja en una vieja Chevrolet Viking a Misiones para participar de un casamiento familiar. El personaje central es la abuela de Trapero, quien también participó en las dos películas anteriores. Mientras tanto (aunque hace meses que está paralizado frente a una isla de edición), el director aboca sus esfuerzos para la coproducción de películas de países cercanos. Al mejor estilo del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, Trapero intenta conformar un eje de cine sur-sur para romper con las acostumbradas coproducciones que miran hacia el norte. Matanza Cine, su propia empresa, está trabajando con Mi mejor enemigo, del chileno Alex Bowen, y otra película en Bolivia en el pueblo donde asesinaron al Che. “Las dos tienen un poco que ver con la Argentina”, cuenta Trapero, a unas horas de terminar la edición de su tercer film.
–¿Cuándo va a terminar con Familia rodante?
–Ya estoy terminando, me quedan unas pocas horas de edición. Pero es una película complicada en la posproducción porque se realiza en Buenos Aires, Francia y Alemania.
–¿Cómo encuentra el resultado?
–La verdad es que Familia rodante ha quedado muy diferente a Mundo grúa y a El bonaerense. No tengo idea de cómo lo tomará el público, la crítica y los festivales. Yo estoy muy contento, pero la encuentro distinta. Me da mucha curiosidad saber qué van a decir.
–¿Por qué se interesó por la coproducción?
–Me gusta el cine en cualquier etapa. Pero a veces los proyectos como director me agotan mucho. Hay procesos de una película ajena que disfruto más. También me gusta participar donde no estoy tan expuesto. Además, cuando comenzamos a hacer Matanza, mi productora, pensamos en dar al mercado algo que no exista. Pensamos en contar historias que tienen que ver con nosotros. La historia boliviana y la chilena son ejemplos puntuales. La película boliviana no es sobre el Che, es sobre el pueblo donde lo mataron. La de Chile no es sobre el conflicto del Beagle sino dos trincheras que se quedan perdidas. También estamos coproduciendo Géminis, una ficción de Albertina Carri, la directora de Los rubios.
–¿Cuándo le surgió interés por el cine de los países vecinos?
–Hay muchísimas películas vecinas que no se estrenan nunca comercialmente en la Argentina. La idea es generar nuevos espacios, que el cine es un negocio y todo lo demás, ya lo sabemos. Pero hay otras cosas. Cuando comencé a viajar con Mundo grúa veía en Suiza películas alucinantes hechas en América latina. Incluso hasta hace unos años atrás, las películas argentinas, si no contenían determinados recursos, directamente no se estrenaban. Imagínese una película boliviana, con un cine que, además, no es experimentado en distribución.
–Además está mezclando actores y acentos...
–Eso es lo más divertido. Con los trabajos de coproducción todos se la pasan viajando: Chile, Bolivia, Misiones, son experiencias personales muy fuertes. El proceso de producción es muy rico para bien y para mal, uno vive experiencias personales pesadas. Pero esto responde siempre a la pregunta inicial: qué podemos hacer que nos guste y que no exista.
–¿Seguirá jugando entre la ficción y el documental?
–El límite entre ficción y documental es muy delgado. El género es una elección estética nada más. Yo creo que mientras se estrene mucho cine argentino, sea comedia o documental, siempre es bueno. Las pe-
lículas pueden servir para colaborar, aportar, dar un punto de vista, proponer. Pero la realidad tiene un camino imposible de saber.

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Trapero delante de la vieja camioneta Chevrolet Viking.
 
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