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Política y comunicación

Luciano Sanguinetti vincula acontecimientos mediáticos con manifestaciones políticas que también expresan mensajes y elabora una hipótesis acerca de los cambios que se están produciendo entre comunicación y política.

 Por Luciano Sanguinetti *

Mirtha deja los almuerzos y graba una serie de ficción que se titula La dueña, en una metáfora elocuente de su despedida del centro de la cultura argentina, al menos de la cultura televisiva. Longobardi llora cuando su patrón vende la radio en donde trabaja y hace catarsis porque el aire de que disfrutó durante los últimos veinte años vendiendo humo se acaba; del otro lado, el 70 por ciento de la gente apoya la recuperación de YPF y un estadio se llena solo, sin aparatos, con fervor genuino. Los jóvenes hacen afiches con consignas que no bajan, improvisan cantos como las hinchadas de fútbol, con nuevas épicas, y las redes sociales estallan con fotos de los compañeros haciendo la “v” de la victoria como si fuera un día domingo. Hay remeras con la frase “nunca menos” que se venden en la calle como la camiseta de la Selección y Ana Laura Mercader, que vivía a la vuelta de mi casa, cuyos dos padres están desaparecidos, escribe la biografía de su familia en Facebook, a partir de su testimonio en los juicios que se desarrollaron en La Plata para el denominado Circuito Camps. Sé que esto no me pasa a mí solo. Indudablemente algo está cambiando. Pero, ¿por qué?

Ahí va una breve hipótesis inspirada en la famosa frase de Gramsci sobre la crisis del bloque histórico. Aquella de “la crisis es cuando lo viejo muere y lo nuevo no alcanza a nacer”.

- La alianza de trabajadores y sectores medios. Como reza el conocido consejo de los viejos militantes, la clave del avance de los sectores populares en la Argentina está en este vínculo estrecho y articulado de intereses comunes. Lo fue con el yrigoyenismo, lo fue con el primer Perón, se repitió con el camporismo de los ’70, y ahora es la esencia del kirchnerismo. Cuando esta alianza se rompió, porque la clase media, a sabiendas o no, jugó con la oligarquía, tuvimos el menemismo, el golpe del ’76, el del ’55, el del ’30.

- La confianza entre jóvenes y viejos en la transmisión de la cultura política. A diferencia de otros momentos históricos, en particular el de los ’70, en el que la ruptura generacional jugó un papel fundamental en aquella frustrada experiencia política, hoy se destaca el fuerte y fluido puente entre generaciones. Las decisiones sobre derechos humanos y la recuperación del empleo transformaron el panorama político en el que el activismo natural de los más jóvenes se articula con las responsabilidades institucionales de las generaciones maduras, generando una sinergia creativa y transversal, como se evidencia en los municipios, en las listas de diputados y en la constante reorganización movimientista del campo popular.

- La apertura de los aparatos partidarios a la resignificación de sus banderas históricas. Contra las tesis de las despolitización de las sociedades y del debilitamiento de los partidos políticos, lo que observamos es que los partidos (más allá de sus estructuras institucionales), y particularmente el justicialismo, se abren a la resignificación de sus banderas históricas, por la inclusión de demandas sociales y culturales reprimidas, que hacen eco hoy en su estructura. En realidad, los partidos y las instituciones que se debilitan son las que responden con viejas recetas a las nuevas demandas y no puede interpelar el cambio estructural que se produce en la base de la sociedad. Cuestiones laborales, ambientales, educativas, de género, de comunicación, son rearticuladas en los significantes doctrinales tradicionales a partir de las cuales muchas (antes) minorías se vuelven a sentir interpeladas por la participación política.

- La ampliación de los derechos de la ciudadanía y la recuperación de la potestad del Estado y la política para decidir los destinos de la Nación. El kirchnerismo ha gestado una ampliación evidente de los derechos a la ciudadanía. Pero esta ampliación de derechos no surgió de la nada, sino a partir de la recuperación de aquellos que se habían conculcado desde el golpe del ’76. Empleo, educación, salud, jubilaciones, condiciones mínimas que hacen posible la participación ciudadana.

- La recuperación de la palabra en política. Hay quienes han dicho que esto empezó con la ley de medios, los hay que señalan la recuperación de las jubilaciones de las fauces del mercado, también se ha argumentado que fue clave el desendeudamiento. Voy a sugerir que quizá fue aquella frase de Néstor Kirchner, tan irreverente, cuando dijo que no iba a “dejar sus convicciones afuera de la Casa Rosada”. ¿O acaso aquello no era lo esperable de cualquier presidente? Y lo menciono como anterior a todo porque para distribuir la palabra, la palabra debe volver a cobrar sentido, si no, de qué bien hablamos.

Y si lo nuevo ya nació y lo viejo... bueno, es viejo.

* Docente-investigador, ex decano de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

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