SOCIEDAD › UN HOMBRE BALEó A OTRO POR UN INCIDENTE DE TRáNSITO

El choque que terminó a los tiros

Eran cerca de las 8 de la mañana. Primero, en la avenida Apolinario Figueroa hubo un choque entre una vieja camioneta conducida por un paseador de perros y un auto gris que los testigos reputaron nuevo, en el que viajaban dos hombres. De auto a auto comenzó una discusión entre los conductores, hasta que al llegar a Scalabrini Ortiz y Padilla un semáforo detuvo a los vehículos. Del auto nuevo bajó el acompañante del conductor, baleó al paseador, regresó al auto y escapó. El joven, identificado como Matías Gil, de 35 años, fue internado de urgencia en el Hospital Durand.

En la caja de la camioneta quedaron los tres perros que estaba transportando para pasear en Palermo. Al cierre de esta edición, ni el conductor ni el hombre que disparó contra Gil habían sido detenidos, aunque la policía desplegó un operativo para dar con su paradero. Luego de una mañana en la que se barajó la posibilidad de que hubiera sufrido daños irreparables en la médula y perdiera la movilidad, los médicos del Durand informaron que Gil se hallaba fuera de peligro.

Nadie escuchó que el agresor dijera nada al paseador antes de acercarse a la ventanilla de la camioneta Volkswagen negra, disparar contra él y dejarle una bala alojada en el tórax, y el mismo Gil declaró que no lo había visto nunca antes en su vida, hasta ayer. Mientras el agresor y el otro hombre escapaban por Scalabrini Ortiz, el paseador baleado quedó inconsciente por la herida y el shock emocional, ante lo cual los testigos y vecinos de la zona llamaron al SAME. Una vez en el Hospital Durand, fue sometido a las primeras curaciones, y luego derivado al Hospital Italiano para realizarle una tomografía computada.

Entre tanto, los perros que Gil estaba a punto de pasear cuando todo sucedió permanecieron en la caja de la camioneta mientras el personal de la Policía Científica procedía a los trabajos de medición y búsqueda de rastros y huellas. Posteriormente, los efectivos de guardia en la comisaría 27ª se ocuparon de dar comida y agua a los animales, hasta que, horas después, sus dueños pasaron a retirarlos.

Luego de la realización de la tomografía, Gil fue nuevamente ingresado al hospital de Parque Centenario, en donde quedó internado y con pronóstico más favorable, habida cuenta de que el proyectil quedó alojado al costado de la columna vertebral, sin comprometerle la movilidad de su cuerpo. El herido, de todas maneras, permanece sedado. Estaba “muy loco de dolor, pálido”, contó su madre a la prensa.

De los comercios aledaños al lugar del ataque fueron secuestrados videos de cámaras de seguridad.

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