SOCIEDAD › LAS TERAPIAS ACUATICAS, UNA TENDENCIA QUE CRECE EN EL PAIS

Hombre al agua

Son tratamientos para diversas dolencias, también un modo de aflojar tensiones y bajar el estrés. Todas las técnicas se centran en el contacto con el agua, la flotación y el apoyo de los terapeutas.

 Por Sonia Santoro

Elba Naum llegó a tratarse con el agua por desesperación. Hace 20 años le diagnosticaron fibromialgia, una enfermedad discapacitante, y su vida diaria se le empezó a hacer cada vez más dolorosa. Beba Scally logró que desaparecieran tensiones crónicas en su cuerpo y alcanzó tranquilidad para sus emociones. Las terapias acuáticas se usan tanto para tratar personas con enfermedades que afectan su movilidad como para cualquiera que quiera aflojar tensiones en un medio cálido y relajado que muchas veces se vive como un retorno al útero materno. La tendencia es incipiente en el país.

Elba tiene 60 años y le diagnosticaron su enfermedad a los 40. Hace seis años, desesperada por sus dolores musculares constantes y buscando en Internet, llegó a Sakengua, un centro que desde 1994 ofrece diferentes programas acuáticos en la ciudad de General Roca, provincia de Río Negro. Naum no lo dudó, viajó al sur y se instaló un par de semanas. “Entramos en el agua, tomé contacto con ella, me movilizaron los brazos, las piernas, la cabeza. Y fue una sensación como volver al útero, una cosa muy fuerte; a mí me movilizó mucho y terminé esa sesión llorando”, cuenta desde el barrio de Belgrano. Cada vez que se instala allá, Elba deja de tomar los analgésicos y recupera el buen humor que suele escurrírsele cuando está en su casa sin salir mucho y moviéndose muy poco por sus dolores crónicos.

Carlos Godoy, director de Sakengua, explica que trabaja con un tratamiento integral: “El cerebro se relaja y pasa de las ondas rápidas de actividad mental conocidas como beta, a las ondas alfa, más lentas; este cambio de estado es sumamente beneficioso para nuestro organismo ya que elimina ciertas sustancias tóxicas de nuestro cerebro relacionadas con el estrés y la ansiedad. A muchas personas les resulta difícil poder llegar a un estado de relajación profunda, pero con esta terapia ese estado se logra sin la necesidad de realizar ningún esfuerzo o entrenamiento previo. Es como entrar a un estado meditativo, conectando a nuestro cuerpo-mente, yendo directamente a la raíz de la respuesta al estrés, dejando fluir libremente las emociones, sin resistencia alguna”.

Beba Scally tomó técnica de contacto (ver recuadro) en el agua con Lorena Comes, profesora de expresión corporal y especialista en terapias acuáticas. Comes trabaja especialmente en rehabilitación acuática con pacientes neurológicos y traumatológicos, y con la tercera edad. Usa particularmente la técnica de Jahara. “Una sesión equivale a diez horas de sueño profundo. La persona se acuesta en el agua. El sistema nervioso central ocupa el 90 por ciento de su actividad con la gravedad y como en el agua se está en gravedad cero, queda liberado, entonces permite que la persona pueda desarrollar más su parte creativa, sensible y aflojar el control. La sesión dura 45 minutos, el agua está calentita, la persona no tiene frío, la tienen a upa. Es como si estuvieses en el vientre materno. El ritmo es muy lento y en algún momento el cuerpo del terapeuta y del alumno y el agua se hacen como una misma persona. Hay una integración muy grande –explica Comes–. Mi objetivo es mejorar la calidad de vida, la gente con discapacidad la mejora y la que aparentemente no tiene problemas también”, agrega.

Comes, que trabaja en Olivos, Villa Devoto y en el centro porteño, explica que atiende a algunas nenas con discapacidades motrices y mentales y en el agua es mucho más fácil moverlas. Además, para una persona postrada o en silla de ruedas el solo hecho de moverse en el agua es un alivio. Así como para las personas obesas es muy interesante porque “si pesan 100 kilos, en el agua sienten que pesan 10, entonces tienen menos daño articular”.

Los tratamientos en el agua no suelen tener contraindicaciones, salvo si hay lesiones expuestas en la piel. Incluso quienes no saben nadar pueden vencer el miedo. Juan Manuel Gutiérrez, terapeuta de shiatzu y Jahara y director de Aquietando, cuenta que una persona con fobia al agua perdió la aversión en la primera sesión de jahara y luego se formó como terapeuta. Esta técnica, explica, fue creada por Mario Jahara, un brasileño que desarrolló un trabajo corporal mezclando la técnica Alexander, de conciencia corporal, y el shiatzu, técnica que haciendo presiones con la mano recorre distintas partes del cuerpo para restablecer la salud psicofísica. Entonces, en el trabajo en el agua conviven las presiones, los amasados y el masaje de los músculos a través de los meridianos, con el poder y la fluidez del agua. La función del terapeuta es contener y guiar. “A veces las personas tienen muchas angustias y les salen recuerdos del pasado y necesitan llorar –dice–. Ahí los contenemos y si nos supera, los derivamos.”

La cantidad de sesiones que se puedan tomar depende de las necesidades de los pacientes y también de lo que puedan pagar. Una sesión ronda entre los 90 y los 180 pesos. Hay quienes las toman cuando sienten que su cuerpo se lo pide y otros que las hacen parte de su rutina, como si fueran al gimnasio. Incluso hay propuestas grupales más cercanas a una actividad física. Es el caso de las clases de terapia acuática que dan en el Natatorio Calipso, en la ciudad de Buenos Aires. Guillermo Varela, profesor de educación física y director del natatorio, abrió estas clases en respuesta a pedidos de una actividad acuática que no fuera natación. “Cada uno llega con una necesidad específica y el profesor le realiza una rutina acorde, por ejemplo ejercicios para fortalecer las rodillas; y, en el mismo espacio, puede tener un compañero cuya dolencia esté en la columna y deberá realizar otro tipo de actividades.” Ya tienen seis horarios con estas características y Varela cree que va a seguir creciendo porque es “una respuesta acertada cuando se acaban las sesiones de kinesiología”.

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