SOCIEDAD › LA ESCONDIDA, UN EDIFICIO PUBLICO EN LOS BOSQUES DE PALERMO

La casa de fiestas del PRO

Oculta tras un muro de madera y frondosa vegetación, la casita es una suerte de quincho para reuniones de gabinete con choripán. Y también para los cumpleaños y fiestas de funcionarios, como el director de Espacios Verdes.

 Por Sergio Kiernan

Le dicen La Escondida con justicia, porque es casi invisible. En una de las partes más arboladas del Parque Tres de Febrero, detrás de un muro de troncos de palmera y cercada por un laguito artificial, es una casita que dice poco, con una entrada modesta. Pero observando un poco se ve el plato de DirecTV, los splits y la parrilla, y se entiende por qué el edificio es una suerte de gabinete paralelo del gobierno porteño, un lugar para reuniones distendidas y sin teléfono. Debe ser muy agradable, porque el PRO terminó transformando La Escondida en una casa de fiestas para sus funcionarios. Por ejemplo, el viernes 7 de mayo el dueño de casa, el director general de Espacios Verdes, Luis Brian Lehmann, hizo ahí un “after hour + choripaty party” para festejar su cumpleaños.

En la gran manzana de los bosques de Palermo que corre entre Sarmiento, Libertador, Casares y Berro se concentran varios edificios. Uno es el Jardín Japonés, otro es la Casa Blanca, flamante sede de Espacios Verdes, otros son las ruinas de la Casa Joven y otro, ese fantástico museo que es Monumentos y Obras de Arte, donde se guardan y reparan piezas del catálogo urbano. El rincón es verdaderamente frondoso, con una calesita y un laguito artificial con una ruinosa pergolita. En medio de todo, oculta entre setos y postes, La Escondida. El jefe de Gobierno Mauricio Macri suele reunir a sus ministros allí, con choripán y sin teléfonos, para reuniones de trabajo, costumbre iniciada por sus predecesores. Y la casa, vieja pero remodelada, suele usarse para otros tipos de reuniones de trabajo.

Pero el PRO parece haber decidido privatizar el uso de este edificio público. Este año, el director general de Espacios Verdes de la ciudad, Luis Brian Lehmann, colgó en su página de Facebook la invitación a su fiesta de cumpleaños para el viernes 7 de mayo. Con precisión de programa informático, el joven funcionario indicaba que la fiesta empezaba a las 18 y terminaba media hora después de la medianoche. Como La Escondida es, efectivamente, un escondite discreto, la invitación incluía una foto satelital del parque con una gruesa flecha indicando su ubicación. Algunos de los invitados tuvieron que pedir precisiones, hasta diciendo que la foto francamente no aclaraba nada.

Lo que tampoco se aclaraba en ningún momento era que la fiesta se organizaba en un edificio de propiedad pública cuyo uso, aunque informal e inclusivo de choripanes, debe ser justamente oficial. Esto no pareció importarle a uno de los primeros invitados en confirmar que iba, el licenciado en relaciones públicas e institucionales Facundo Carrillo, que es director del Centro de Gestión y Participación 2 –Recoleta y Barrio Norte– y por tanto funcionario público. El único comentario del joven funcionario, que usa en Facebook una foto de traje, con bandera porteña atrás de su escritorio, fue “jajajaja sería una fiesta peroncheta! ”(sic).

A Carrillo y Lehmann debería, sin embargo, preocuparles el estatus legal de La Escondida. Usar propiedades públicas para fines privados hasta figura en el Código Penal, cuyo artículo 260 avisa que “será reprimido con inhabilitación especial de un mes a tres años el funcionario público que diere a los caudales o efectos que administrare una aplicación diferente de aquella a que estuvieren destinados”. Como para que no queden dudas –por la vieja frase de Vélez Sarsfield sobre “caudales o efectos”– la más reciente Ley 471 de Empleo Público de la Ciudad aclara los tantos todavía más. Según su artículo 11, inciso h, se prohíbe “utilizar personal, bienes o recursos del Gobierno de la Ciudad con fines particulares”. La sanción administrativa es drástica: la cesantía.

No parece ser el destino del director general de Espacios Verdes, que desde el viernes pasado es además encargado de la Dirección General de Arbolado. El paso es curioso por partida doble. Es que Arbolado ganó su autonomía en una reforma del organigrama de este gobierno porteño. Antiguamente era una simple dependencia de Espacios Verdes. Con el nuevo esquema, bajo el subsecretario de Mantenimiento del Espacio Público, Eduardo Villar, que responde al ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, están las direcciones de alumbrado, vías peatonales, cementerios, arbolado y espacios verdes. Tal vez los árboles de las calles vuelvan, de facto, a estar incluidos en el área más general que toma todas las plazas, parques y plazoletas urbanas.

La otra curiosidad es que pasaron casi exactamente dos meses desde la fiestita y nada indica que Villar o Santilli estén pensando en sancionar de ninguna manera este caso de uso indebido. Según el Observatorio del Espacio Público, que creó la Asociación Civil Aires Buenos, esto no sería de extrañar. El Observatorio encontró la invitación de Lehmann a su fiesta en Facebook durante una tarea de observación de este tipo de conductas que, según piensan, ya son costumbre de este equipo de gobierno. El Observatorio, que abunda en profesionales que ya trabajaron para el gobierno porteño, también encontró el irónico cartel que el PRO colgó en un local partidario de la calle Borges. El cartel era amarillo, como corresponde, y la ironía es que infringía la ley de publicidad exterior que el mismo oficialismo había impulsado y aprobado en la Legislatura recientemente. Era una marquesina en una zona residencial, algo estrictamente prohibido.

Este uso de la propiedad pública para una fiesta privada es otra muestra de cuánto le cuesta al gobierno porteño cumplir la ley. Según parece, dar fiestas en edificios públicos no es tan grave como construir ferias en veredas públicas, asunto a reprimir con dureza como se hizo en Liniers. Además de la evidente diferencia que se hace entre feriantes de barrio y licenciados en Palermo y Recoleta, se debería hacer otra: los funcionarios podrían dar el ejemplo. Como la mujer de César, deben parecerlo además de serlo.

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La Escondida, a metros de avenida Berro y difícil de encontrar entre tanta vegetación.
 
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