SOCIEDAD › JAPON SUFRIO EL MAYOR TERREMOTO DE SU HISTORIA Y UN TSUNAMI CON OLAS DE DIEZ METROS DE ALTURA

El día en que llegó la peor catástrofe

Hay por lo menos mil muertos y 90.000 desaparecidos. La ola arrasó pueblos, entró en Tokio, inundó campos y se llevó cuatro trenes llenos de pasajeros. Una central atómica está en emergencia por pérdida de frío.

Una gigantesca e interminable ola de diez metros de altura arrastró barcos tierra adentro, derrumbó casas, arrolló trenes y se llevó de viaje a miles de automóviles como si se trataran de barquitos de papel. La costa del Japón, sobre el Océano Pacífico, sufrió a las 2,45 de ayer (hora de Argentina) un terremoto de 8,9 grados de la escala de Richter, seguido de un tsunami que lo arrasó todo, dejando un saldo estimado en más de mil muertos y cerca de noventa mil desaparecidos. Las imágenes de televisión, tomadas desde helicópteros, mostraron cómo las ciudades afectadas iban quedando en medio del avance, por un lado del mar embravecido y por el otro de toneladas de lodo desprendidas a partir del desborde en forma simultánea de arroyos y ríos.

El maremoto ingresó al principio por la gran isla de Honshu, sobre el Pacífico. Entre 200 y 300 cadáveres fueron hallados en los primeros minutos en la costa de Sendai, donde la población ronda el millón de personas. Los expertos confirmaron que es el terremoto más grave que sufrió el Japón en toda su historia.

A nivel mundial, existe preocupación por la posibilidad de que la situación en la central atómica de Fukushima empeore y desencadene un desastre que sería devastador. Estados Unidos envió un cargamento de líquido refrigerante para esa planta, anunció la secretaria de Estado, Hillary Clinton. El umbral normal en el nivel de radiactividad registrado en la central mencionada se incrementó mil veces, según dijo la BBC. Esta era una de las once centrales activas en el momento del sismo. Las autoridades dispusieron la evacuación de la población en diez kilómetros a la redonda. Es la primera vez que se aplica una medida semejante en Japón por alarma nuclear.

La presidenta Cristina Kirchner y la Cancillería argentina expresaron sus condolencias y su apoyo a las autoridades japonesas. “Reciba todo el afecto y la solidaridad de mi gobierno y de todo el pueblo argentino”, expresa la carta que la Presidenta hizo llegar al primer ministro japonés, Naoto Kan. El gobierno argentino se comprometió al envío de Cascos Blancos para ayudar a las tareas de socorro a las víctimas del terremoto.

Los cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) dieron a conocer una declaración en la que expresaron su pesar por el devastador sismo que azotó a Japón y ofrecieron “toda la ayuda” que ese país “pueda requerir” en la emergencia. El anuncio fue hecho por el canciller de Ecuador, Ricardo Patiño, luego de la sesión en la que el organismo sudamericano puso en vigencia su Tratado Constitutivo, con lo cual comenzó a funcionar formalmente.

El sismo de Japón liberó 60 veces más energía que la bomba atómica arrojada en Hiroshima, aseguró un experto argentino. “El terremoto que nace en el fondo del océano por el desplazamiento vertical (subducción) de la corteza por debajo del Continente Americano, midió 8.9 grados en la escala Richter”, afirmó Rodolfo del Valle, jefe de Ciencias de la Tierra del Instituto Nacional Antártico.

“Esto nos da la magnitud del fenómeno que ya causó seguramente cientos o miles de desaparecidos”, sostuvo del Valle. Aclaró que “las secuelas que se esperan en las próximas horas en las costas del Océano Pacífico en América del Sur nunca pueden ser mayores al tsunami de Japón”. Estimó que las olas que se esperan en las costas de Chile y Perú serán en el orden del metro y medio de altura”. Pronosticó que la “enorme masa de agua dejará destrozos y causará numerosos daños –sin duda– en las embarcaciones y puestos ubicados sobre las costas de esos países”.

Recordó que el terremoto de Valdivia, en el sur de Chile en 1960, que tuvo una magnitud de 9.5 grados, provocó un tsunami que impactó en Japón, “con olas de alrededor de entre 2 y 3 metros de alto”. Como consecuencia de lo ocurrido en Japón, 50 países dieron alerta de tsunami, luego de que el Centro de Tsunamis de Los Angeles advirtiera a los habitantes de la costa pacífica, desde Alaska hasta Chile.

En la zona del desastre, el mar franqueó varios diques y avanzó muchos kilómetros sobre la tierra. “Nunca vi nada semejante”, declaró Ken Hoshi, uno de los responsables de Ishinomaki, un puerto de la prefectura de Miyagi. “El agua subió hasta la estación”, ubicada a varios cientos de metros de la orilla. En las granjas de los alrededores, el oleaje cubrió los campos y sólo fue detenido por los terraplenes de una autopista.

Un poco más al norte, en Sendai, la pista del aeropuerto quedó bajo las aguas. En la región de Aomori, la más septentrional de la isla principal de Honshu, al menos cinco barcos naufragaron. Algunos de ellos sólo detuvieron su avance en las calles comerciales de las ciudades de la zona costera. Más cerca de Tokio, en la prefectura de Ibaraki, grandes casas flotaban a través de una aldea, y a poca distancia, algunos automóviles salían a la superficie luego de haber estado sumergidos.

El sismo que desencadenó el maremoto provocó grietas en las rutas, arrastrando las alcantarillas y los tubos conectados a ellas. En los supermercados, las botellas y las latas de conservas cayeron de los anaqueles. Durante los temblores más intensos, millones de personas salieron a las calles para escapar a la caída de paredes y techos.

En las ciudades, los empleados se precipitaron a las estaciones de tren para tratar de viajar a sus hogares, pero tuvieron que regresar a sus oficinas o instalarse en un hotel. El transporte público quedó paralizado en todas las zonas afectadas. Una refinería de petróleo de Chiba, en la región de Tokio, fue destruida por las llamas.

Un tren de pasajeros desapareció en la zona costera, informó la agencia de noticias Kyodo, pero no se precisó cuántas personas viajaban en él. El tren, de la compañía JR East, circulaba en las cercanías de la estación de Nobiru, en la línea de Senseki, entre las ciudades de Sendai e Ishinomaki, cuando una ola de diez metros arrasó todo lo que encontró a su paso. Con posterioridad fueron dadas como desaparecidas otras tres formaciones que estaban en la zona costera de las prefecturas de Miyagi e Iwate.

Lo mismo sucedió con un barco en el que iban cien pasajeros y que fue arrastrado por las olas gigantescas. Horas después se hizo saber que la nave había reaparecido sobre la superficie y que los viajeros estaban sanos y salvos. En Tokio, la policía dijo que al menos 384 personas murieron, 707 están desaparecidas y 947 heridas. Son cifras totalmente parciales. La agencia Kiodo habla de no menos de 1000 víctimas fatales.

El primer ministro de Japón, Naoto Kan, declaró el estado de emergencia, mientras el Ministerio de Defensa envió 300 aviones y 40 barcos a las áreas afectadas. Se movilizaron más 8000 hombres de las fuerzas de autodefensa. El nuevo ministro de Exteriores de Japón, Takeaki Matsumoto, agradeció la ayuda internacional ofrecida por 38 naciones. El presidente norteamericano Barack Obama prometió “apoyo total” y envió hacia el Japón al portaaviones Ronald Reagan.

De todos modos, en Estados Unidos hay preocupación por la llegada de olas de 2,5 metros a la costa oeste, por efecto de lo sucedido en Japón. Ya se registró un muerto en la localidad de Brookings, Oregon, mientras que se denunció la desaparición de una persona en la población de Crescent, en el norte de California.

El Ministerio del Interior japonés reportó cerca de 100 incendios en distintas ciudades y prefecturas del país. La televisión mostró imágenes de la provincia de Iwate, donde se podían ver barrios enteros con sus casas totalmente destruidas por la fuerza del tsunami. Las redes telefónicas colapsaron en Tokio durante varias horas.

Cerca de cuatro millones de viviendas quedaron sin energía eléctrica. Las autoridades cerraron el metro y los aeropuertos de la región. La compañía ferroviaria East Japan Railway hizo saber que el tránsito fue suspendido en gran parte del noreste. Esto incluyó al “Tren Bala”. En Japón, la mayor catástrofe registrada hasta ayer se había producido en 1923, cuando un sismo de 7.9 grados destruyó Tokio y partes de Yokohama y dejó más de 143.000 muertos. El epicentro del sismo de ayer fue ubicado a 373 kilómetros al noreste de Tokio y su foco fue localizado a una profundidad de 24,4 kilómetros. El embajador argentino en Japón, Raúl Dejean Rodríguez, aseguró que “hasta el momento” no recibieron “notificación de argentinos afectados por el terremoto”. Comentó, además, que “todo el personal de la embajada está bien”.

El Servicio Geológico de Estados Unidos registró cerca de cien réplicas del terremoto. La más intensa se produjo 40 minutos después y alcanzó una magnitud de 7.1 grados.

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Las costas de la isla de Honshu presentan un panorama de destrucción total por la potencia de la ola.
Imagen: EFE
 
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