SOCIEDAD › DENUNCIAN LA EJECUCION DE UN ADOLESCENTE DE 16 AÑOS QUE ROBABA PARA LA POLICIA DE EL PALOMAR

Las lógicas ejecutivas de la Bonaerense

La policía dice que el chico fue abatido en un tiroteo, pero los testigos lo desmienten. El intendente de Morón, Lucas Ghi, y el diputado provincial Marcelo Saín denunciaron que el pibe robaba para la policía y fue ejecutado de un tiro en la nuca, en el barrio Carlos Gardel.

 Por Horacio Cecchi

Lucas Ghi, al centro, y Marcelo Saín, a la derecha, denunciaron la ejecución de Alexander.
Imagen: Télam.

Si se siguiera la pista propuesta por la 6ª de El Palomar, Morón, Alexander Damián Zarcovich, de 16 años, murió el pasado 27 de septiembre después de mantener un tiroteo con un patrullero que lo perseguía cuando intentaba robar, junto con su hermano, las motos a dos motoqueros, a un costado del barrio Carlos Gardel, donde vivía. Pero seguir la pista policial implica desoír a los testigos del barrio que aseguran que no hubo motos ni tal tiroteo, que el chico estaba desarmado, que robaba para la policía, que lo ejecutó de un tiro en la nuca la misma Bonaerense por algún motivo aún no conocido (podría deducirse con sólo citar a Luciano Arruga). Y una cantidad de datos que empujan la versión policial hacia el absurdo. Ayer, el intendente de Morón, Lucas Ghi, y el diputado bonaerense (NE) Marcelo Saín hicieron públicos esos datos y denunciaron, en una conferencia de prensa, las sorprendentes grietas del informe policial, la ejecución sumaria, los aprietes del comisario a la familia y a la misma intendencia y la presteza con que la fiscalía del caso siguió esos argumentos naturalizados.

El barrio Carlos Gardel es la ex villa. A espaldas del Hospital Posadas, encerrado entre la avenida Marconi, Perdriel y Carlos Gardel, el nuevo barrio surgió tras un proceso de urbanización entre 2005 y 2010, en conjunto entre el gobierno nacional y la intendencia de Morón. Alexander vivía en los monoblocks, y hasta allí intentaba llegar perseguido por el patrullero 12608, ocupado por el sargento Pablo Mariano Carballo, conductor del vehículo, y su acompañante, la sargento Noelia Aquilino.

La versión policial informada en el parte que al día siguiente fue elevado a la jefatura y la Justicia indica que el jueves 27, alrededor de las cinco de la tarde, los sargentos del 12608 detectaron a dos muchachos que forcejeaban con dos motoqueros con la intención de robarles las motos, en la intersección de Marconi y Namuncurá. El patrullero aceleró en esa dirección. El parte indica que al ver al móvil policial, los dos asaltantes soltaron a sus víctimas y corrieron mientras que los motociclistas apretaron el acelerador y se esfumaron.

Zarcovich y su compinche corrieron unos 100 metros en dirección del Posadas y entraron a la izquierda en el barrio, por la calle Catriel. El patrullero los siguió cien metros más, siempre según el relato de la comisaría 6ª. Y casi llegando al centro, casi sobre los monoblocks, el socio de Alexander escapó mientras que él decidió levantar sus manos y detenerse. Pero, cuando se detuvo el patrullero –dijeron los uniformados–, el chico corrió de nuevo, disparando con un arma contra ellos. Entonces, el sargento Carballo disparó desde dentro del vehículo un tiro certero que dio en la cabeza del joven y lo echó por tierra.

La versión policial no explica por qué Carballo disparó con la zurda siendo diestro. Muchos menos explica por qué los testigos aseguran que sólo disparó la mujer policía. El arma disparada, una Bersa Sander 9 milímetros, numerada 13733311, fue entregada a la fiscal 2 de Morón, Claudia Fernández, como portada por el sargento. También la 13544274, supuestamente portada por la mujer policía. Los vecinos apedrearon y avanzaron arrojando piedras y palos contra el patrullero, lo que obligó a ambos sargentos a colocar a Alexander en la parte trasera y huir hacia el Posadas. Antes, siempre según el informe, recogieron el arma con que disparó Alexander, un revólver 32 largo Ranger, con numeración suprimida con dos balas servidas.

Entre la tarde y la noche el jefe de la 6ª, el comisario Alberto Ramón Reynoso, apareció por la central de monitoreo del municipio para pedir los videos de las cámaras de la calle Marconi. En la central respondieron que no se entregaría el material. “Si no me lo dan vengo mañana con una orden de allanamiento y te rompo todo”, amenazó el comisario según los empleados. No se lo dieron. Durante la noche, un curioso asalto a la casa que la Dirección de la Juventud tiene en el barrio terminó con el interior revuelto y destrozado. Unos días después, asaltaron un camión del municipio que trasladaba comida al mismo barrio.

Durante la noche, Reynoso apareció por el Posadas. Allí se encontró con la madre de Alexander a quien le dijo:

–Así que mataron al Coche –refiriéndose a José Luis Zacovich, hermano de Alexander, a quien suponía como el baleado.

–No era el Coche, era el Lelo, el Coche no estaba –aclaró la madre.

La confusión de Reynoso estaba basada en la confusión inicial, cuando los dos sargentos habían asegurado que el caído era el Coche y el prófugo su hermano el Lelo, informe que al día siguiente debieron corregir cuando la madre desmintió una y otra vez que el muerto no era uno sino otro. Durante el velorio, después de hablar con vecinos y escuchar la otra versión, la del fusilamiento, la madre empezó a caer en la cuenta de que no hubo tiroteo, su hijo no estaba armado, el arma la plantaron, y no hubo ningún asalto, cuestión que quedó confirmada en los videos en los que no se ve nada. Lo que justifica el interés del comisario por saber lo que se grabó. En el barrio sabían que Alexander formaba parte de una bandita que robaba para la policía y que algo debe haber interrumpido esos vínculos non sanctos.

Al día siguiente, de todos modos, Reynoso tuvo la orden y obtuvo los videos. La orden la extendió la fiscal Fernández, quien concedió permiso a los Bonaerenses para investigar las imágenes donde los mismos investigadores policiales aparecían grabados.

“Más que un caso de gatillo fácil –denunció Marcelo Saín–, fue una ejecución, fueron a matar al pibe, una ejecución sumaria.”

La muerte del Lelo Zarcovich revela la lógica policial, que hace víctimas a los adolescentes pero los construye victimarios.

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