SOCIEDAD › OPINIóN

¿Blanco o negro?

 Por Silvia Alicia Révora *

Ante la nota de opinión “¿Extractivismo o ecología?” publicada en este diario el lunes 10 de febrero y escrita por Boaventura de Sousa Santos desde el ámbito académico, considero que es importante aportar una mirada desde la práctica de la gestión pública.

Cabe aclarar que mi opinión obviamente está signada por un marco conceptual que encuentra ciertos puntos comunes con el autor de la nota. Por lo pronto, estoy de acuerdo en que estamos inmersos en una crisis civilizatoria a partir de la cual se evidencia que el crecimiento ilimitado propuesto por el capitalismo colisiona con los límites naturales del planeta Tierra. Para ello se necesita un Estado que regule y ponga límites a la voracidad del sistema.

Me interesa destacar que difiero de enfoque respecto de su posición en el siguiente tópico: “La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible realizada en junio de 2012, Río+20, fue un rotundo fracaso por la complicidad mal disfrazada entre las elites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad al lucro de sus empresas a costa del futuro de la humanidad”. Esto no refleja lo sucedido y sugiere falta de información. Personalmente tuve la oportunidad de participar en las negociaciones previas en el seno de las Naciones Unidas en el marco del G77+China, así como en las sesiones preparatorias. Los países “en desarrollo” rechazamos enfáticamente la propuesta de ciertos países “desarrollados” de eliminar el principio consagrado en la cumbre ambiental de Río ’92 sobre las “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. Los países desarrollados son los principales responsables en la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que se disparó con la misma revolución industrial que los afianzó como países “desarrollados”. El planteo actual de los países centrales es que todos los países, independientemente de su nivel de desarrollo, participen en igualdad de condiciones en el tratamiento de esta crisis ambiental que ellos han provocado. También nos opusimos a que los países centrales nos exportaran su crisis a través de la tan publicitada “economía verde”, que puede leerse como el establecimiento de restricciones paraarancelarias en nuestro comercio exterior, utilizando lo ambiental como barrera al comercio internacional. Sostuvimos la necesidad de cambiar el modelo de producción y consumo hegemónico, y les peticionamos a los países centrales liderar este cambio, pues ellos poseen los recursos financieros y tecnológicos para hacerlo. El documento final de Río+20 puede considerarse un logro de los países “en desarrollo”, debido a que no hubo retrocesos en lo referido a compromisos y principios ya asumidos, como el de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”.

Considero que quedarnos en la retórica no soluciona los problemas. Debemos plantear herramientas concretas desde el Estado, a fin de impulsar una producción y un consumo que respete los límites y ciclos naturales. Impactos ambientales siempre existirán, pero debemos minimizarlos a través de un acceso más equitativo a los bienes y servicios naturales a través de políticas de distribución de la riqueza y de un uso racional de los recursos, preservando la diversidad biológica y cultural del país. Debemos construir una ciudadanía participativa y responsable en sus hábitos de consumo y desarrollar tecnologías que minimicen nuestra huella ecológica.

Desde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, con las inevitables dificultades que la complejidad social, ecológica, política y económica presenta, estamos desarrollando políticas ambientales en sinergia con numerosos organismos nacionales y con las provincias. Promovemos modelos alternativos de producción desarrollando cadenas de valor que beneficien a los productores locales y su arraigo en el territorio, entendiendo que el uso sustentable de la biodiversidad es un camino viable para su conservación.

Boaventura de Sousa Santos ironiza en otro tramo de su nota al decir que “(...) el boom de los recursos naturales no va a durar para siempre y, por eso, hay que aprovecharlo al máximo en el más corto plazo. El brillo del corto plazo oculta las sombras del largo plazo”. En el corto plazo los sectores más vulnerables necesitan respuestas aquí y ahora, no pueden esperar el mediano o largo plazo. La clase media de los países centrales tal vez pueda hacerlo. Si pormenorizara su análisis, por ejemplo en la Argentina, y en varios países hermanos latinoamericanos, quizá vislumbraría los avances sociales que ha permitido el boom de los precios internacionales de los “commodities”. Sin ellos no tendríamos las políticas de inclusión social y combate a la pobreza que pueden consultarse en www.argentinacomparte.gob.ar. Además, este boom ha posibilitado la reindustrialización del país, que genera empleo decente para millones de argentinos y que ha aumentado significativamente nuestras exportaciones industriales. La gestión pública implica decisiones difíciles y conflictivas si se procura el bienestar común; los intereses para mantener el “statu quo” del modelo hegemónico a nivel nacional y global son poderosos, pero desde la Secretaría de Ambiente de la Nación, con objetivos claros y decisión política, gestionamos proyectos que transitan hacia modelos que procuran la sustentabilidad ecológica-productiva. Este cambio de paradigmas no puede realizarse sólo al interior de un país en desarrollo si aceptamos que vivimos en un mundo de culturas, políticas y economías globalizadas y globalizantes. No es tan simple como plantear “blanco o negro”. Es un proceso de cambio que sólo puede ser si es colectivo y cooperativo. Enfocar lo ambiental sin su integralidad dada por las dimensiones económica, política, social y ecológica puede derivar en planteos teóricos alejados de la realidad.

* Subsecretaria de Planificación y Política Ambiental. Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

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