SOCIEDAD › CREAN UNA RED SUSTENTABLE PARA FABRICAR PRENDAS DE VESTIR

La contracara del trabajo esclavo

Incluye a 800 familias, desde pequeños productores de algodón hasta textiles recuperadas y una cooperativa de costureros. Les pagan el triple de los valores de mercado y hasta exportan.

 Por Pedro Lipcovich

Hay una contracara posible para la superexplotación de los trabajadores de la confección, cuyas expresiones más sórdidas salieron a la luz con el incendio de un taller donde trabajaban personas de nacionalidad boliviana. La contracara, en este caso, es una experiencia que compromete a 800 familias, a partir de los pequeños productores de algodón que, desde el Chaco, suministran la materia prima, pasando por la fábrica textil recuperada que, en Pigüé, produce las telas, hasta los pequeños y medianos talleres de confección como el de la Cooperativa La Juanita –del Movimiento de Trabajadores Desocupados– donde los costureros, sin trabajar más de ocho horas diarias y bajo condiciones de salubridad controladas, obtienen por su producto el triple de lo que pagarían los empresarios de la confección. La mayor parte de las remeras y chombas que se fabricarán tienen ya garantizada su exportación a Europa, a partir de un convenio con una ONG que integra una red mundial dedicada a promover, para pequeños productores, proyectos de desarrollo sustentables, es decir, que puedan prosperar en el mercado sin dejar de respetar criterios laborales y ambientales básicos. Según el coordinador de esta red de productores, “sabemos que estas acciones no resolverán por sí mismas el problema de los talleres de esclavos, pero, además de generar trabajo digno para muchas familias, muestran la posibilidad de un modelo distinto”.

“Aunque hace más de un año que venimos trabajando, la producción empieza concretamente en estos días, a partir de la cosecha de algodón”, anunció Harold Picchi, coordinador del proyecto y titular de Otro Mercado al Sur (OMaS), que, dentro del movimiento mundial por el comercio justo, integra la red de las Organizaciones de Comercio Justo (IFAT: International Fair Trade Association). El primer eslabón de la cadena productiva es la Asociación Unión Campesina, que nuclea a pequeños y pequeñísimos productores de Pampa del Indio, Chaco, en su mayoría de origen toba. “Por trabajar en escala tan pequeña, dependen de los especuladores que revenden la fibra y de los avatares del mercado internacional; no pueden, como los grandes productores, acopiar algodón para el año siguiente o pasarse a otro cultivo –explicó Picchi–: Comercio Justo les ofrece un mínimo garantizado y un precio siempre superior al internacional.”

El algodón se manda a hilar “en una empresa tradicional, ya que no hay ninguna recuperada que desarrolle esa actividad”, aclaró el coordinador del proyecto. El hilo así obtenido se envía a la cooperativa Textiles Pigüé, empresa recuperada de esa ciudad bonaerense, que se ocupa del tejido y la tintura.

Las telas van a talleres de confección “repartidos entre Pigüé y La Matanza”. Los de Pigüé “son de ex empleados de la antigua Gatic, que armaron sus propios talleres. En La Matanza, está el taller de la Cooperativa La Juanita”, contó Picchi (ver recuadro). “La idea es ampliar este conjunto con más talleres pequeños y medianos”, comentó.

Está prevista la confección de 100.000 remeras y 20.000 chombas de aquí a fin de año. Serán exportadas a Italia, donde “la ONG Altro Mercato garantiza su venta; de hecho, prefinanció la producción y los previos estudios de factibilidad”, precisó Picchi. En Italia, las prendas saldrán a la venta “en una red de más de 300 tiendas, propiedad de 130 cooperativas en todo ese país. Estos locales, que funcionan desde hace 30 años, sólo venden mercadería producida en respeto a una serie de principios esenciales: igualdad de género, no explotación del trabajo infantil, sustentabilidad ambiental, los salarios dignos. Luego, existe la posibilidad de vender en toda Europa, a través de distintos canales de distribución, que responden a un perfil de consumidor responsable y crítico”.

Según Picchi, el precio final será competitivo respecto de las prendas de alta calidad producidas por empresas convencionales, ya que “trabajamos con márgenes de ganancia razonables, suficientes para seguir adelante; no con los márgenes abismales que se manejan en este rubro. Esto es fundamental porque las organizaciones de Comercio Justo no hacen asistencialismo: no invierten a fondo perdido sino que necesitan recuperar sus inversiones mediante proyectos sustentables en el mercado. En estos términos, la prefinanciación que ofreció Altro Mercato resultó imprescindible para alcanzar el volumen mínimo de producción que, por razones técnicas de la industria, hace falta para el tejido”.

En cuanto a los precios que cobran la cooperativa textil y los talleres de confección, “se obtienen por consenso: deben generar un pago digno para los trabajadores, con una jornada de ocho horas diarias, y a la vez permitir una sustentabilidad en el mercado”, señaló Picchi.

“Nos proponemos reservar un diez por ciento de la producción para el mercado local –agregó–: ya estamos vendiendo prendas a ONG y empresas pero no todavía al consumidor final, porque no tenemos suficiente estructura; la idea es, a mediano plazo, empezar con un local de venta al público.”

El titular de Otro Mercado al Sur precisó que “en total, desde los productores de algodón hasta los confeccionistas, 800 familias se benefician con este proyecto. Sabemos que emprendimientos como éste no resuelven el problema de fondo, el de los talleres esclavos en la Argentina; pero abren otra perspectiva, y podrían sensibilizar a la opinión pública al mostrar la factibilidad de un modelo distinto”.

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Trabajadores de la Cooperativa La Juanita, del MTD de La Matanza, producen remeras y chombas.
Imagen: Rafael Yohai
 
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