SOCIEDAD › MARCELO VENSENTINI, MINISTRO DE MEDIO AMBIENTE DE LA CIUDAD

“Todos los días tiramos la basura al vecino”

Aunque reconoce que el actual contrato con las empresas recolectoras no está pensado para el reciclado en gran escala, se puso al frente de la campaña para cumplir la Ley de Basura Cero. El ministro anuncia la creación de una administración independiente para el Parque Tres de Febrero.

Con la reestructuración del gabinete porteño su ministerio perdió el manejo de los espacios verdes, la producción y el turismo. Pero para Marcelo Vensentini manejar el tema de la recolección de residuos (el mayor contrato de la ciudad) como un problema medioambiental es como “el sueño del pibe”. El objetivo de su gestión es “promover la formalización de los cartoneros”, ya que el “mercado informal”, asegura, es el principal problema para la limpieza de la ciudad. En diálogo con Página/12, asegura que la ciudad debe construir una planta de residuos cloacales en el sur.

–La denuncia de la Defensoría del Pueblo puso de manifiesto que la situación ambiental en la ciudad no es buena.

–El problema ahí, en principio, es que Aguas Argentinas no hizo ninguna inversión. Nosotros discutimos con la empresa durante mucho tiempo sobre la inversión no hecha en el sur. No nos olvidemos de eso.

–Además de la falta de agua y cloacas, el problema que se vio es el de las familias viviendo en medio de la basura...

–Son cosas distintas. La cuestión de la limpieza es algo en lo que avanzamos y lo estamos haciendo. Yo quiero poner el acento en el tema del agua porque lo vamos a discutir con el Estado nacional y con AySA. Porque si no lo resolvemos, en seis meses el sistema va a estallar por otro lado. Si no se arma ahí una red cloacal y una planta de tratamiento en la zona, esto no va a tener solución.

–¿La ciudad necesita una planta de tratamiento de residuos cloacales?

–En Obras Sanitarias había un viejo proyecto para que la ciudad tratara los líquidos que produce antes de volcarlos. De esa manera se evita la presión sobre el conjunto de la red sanitaria y además ayuda a limpiar el Riachuelo, porque todos estos desagües cloacales del sur van a parar al Riachuelo. La zona tenía una red pequeña, pero se fue poblando y no se hizo tendido de cloacas, salvo en el barrio Ramón Carrillo, que terminaron enganchando con los pluviales, que vuelcan en el arroyo Cildañez. Ese arroyo, cuya función era llevar el agua de la inundación, terminó siendo una cloaca. Si a eso se suman los asentamientos que se instalaron en el borde del Cildañez, tenemos configurado el problema.

–¿La planta de tratamiento la hace la ciudad o AySA?

–Si demora mucho la discusión con el Estado nacional, la ciudad debería hacer la inversión. La semana que viene estamos mandando a la Legislatura un proyecto para localizar la planta en un terreno que ya tenemos, entre el Cildañez y el Riachuelo.

–Cuando el jefe de Gobierno asumió dijo que sus prioridades eran la obra pública, la educación y la producción. ¿Medio Ambiente será un ministerio de menor categoría?

–¿Cómo se miden esas cosas? También dijo que el principal problema que tiene esta gestión para resolver es el de la basura. Este ministerio, desde el punto de vista de los ambientalistas, es el sueño del pibe: se pueden tomar todos los temas ambientales, de cuenca aérea y cuenca hídrica, con una escasa carga de servicios, como mantenimiento de espacios verdes, que era lo que ocupaba más tiempo. Y además incorpora el problema de los residuos sólidos como un tema medioambiental, lo que es una decisión estratégica. En este tema hay dos corrientes: los que dicen que la recolección de residuos en un problema de limpieza y los que pensamos que en ciertas ciudades es el problema ambiental más grande. Esto nos permite encarar el problema de los residuos de manera integral.

–¿Qué quiere decir el jefe de Gobierno cuando afirma que el principal problema de la ciudad es la limpieza?

–Que los porteños tenemos un problema estructural. Producimos 4200 toneladas diarias de basura y como no tenemos estrategias sobre qué hacer con eso, se lo tiramos graciosamente al vecino: es lo que hacemos todos los días los porteños con el Gran Buenos Aires. La Ley de Basura Cero establece que en 2012 tenemos que producir la mitad de basura destinada a enterramiento que hoy. Es una meta dura, difícil, no sé si es realizable, pero les pone a todos los porteños un techo: esto significa que reciclar no tiene que ser mala palabra: para la mayoría de los países desarrollados la basura es un recurso económico. Lo que pasa es que acá está en manos de una economía absolutamente informal. Por eso el problema de la basura no es sólo encarar la limpieza, sino tratar de formalizar a los recuperadores que se organicen en cooperativas. Y también empezar a actuar en el mercado que forma el precio. Es increíble que el Estado no sepa cómo funciona ese circuito del cartón, el plástico y el vidrio.

–¿El Estado, hasta ahora, dejó el tema de la recuperación en manos de los cartoneros?

–Creo que Buenos Aires es uno de los estados más adelantados en esto. En la planta que inauguramos, por ejemplo, el plástico va a salir limpio y enfardado y se va a poder vender a más del doble que ahora. Estamos tratando de que los actores económicos, que en su mayoría provienen de la informalidad, empiecen a funcionar. Otros son actores importantes en mercados formales y que tienen esta actividad como informal, como las grandes papeleras, que son la que compran el cartón. Es importante que se formalicen los recuperadores. Si el recuperador en vez de andar con el carrito, que lo tiene que vaciar a fin del día para seguir juntando al día siguiente y lo tiene que vender al precio que le paguen, si tiene un galpón donde guarda, lo vende cuando el precio le conviene. Ahí empieza el negocio.

–¿Qué porcentaje de los cartoneros está formalizado?

–Muy poco. Nosotros tenemos siempre una puerta abierta para el recuperador. Lo que ensucia la calle es la informalidad de un mercado desordenado. Lo que tiene que quedar claro es que no debería romperse una bolsa en la calle. En Lavalle, donde ahora hay contenedores, ya no hay más basura en la calle. La gente pone ahí los residuos secos y la empresa recolectora se lo lleva a la cooperativa El Ceibo. El recuperador ya no tiene bolsa para romper y les toca el timbre a los comerciantes para que le den el cartón.

–¿No están en condiciones los porteños de hacer la separación en su casa?

–No tenemos un sistema que lo contemple, el contrato de licitación no incluye esto. En las ciudades donde se hace esto pasa tres veces por semana el que se lleva los residuos orgánicos y otras tres veces el de los residuos secos. Hoy nuestro sistema no contempla la separación en origen. Tenemos dos años, lo que queda de este contrato, para promover la separación en origen.

–O sea que este contrato no sirve para la Ley de Basura Cero.

–Este contrato nunca estuvo pensado para la Ley de Basura Cero. Tiene un nivel de separación en origen reducido: edificios de 20 pisos, hoteles, edificios públicos. Vamos a empezar a discutir con las empresas para ver qué márgenes tenemos para incluir otras cosas más. La esencia de las políticas ambientales es la progresividad, se basa en la modificación de conductas humanas.

–Hablando de comportamiento, pese a las campañas, esta gestión no pudo resolver el problema de las mascotas que ensucian las veredas.

–Los porteños tienen una relación compleja con las mascotas: no se ocupan de cuidarlas. Si uno tiene mascota se tiene que hacer cargo. Muchos ni siquiera la sacan a pasear, sino que contratan a un paseador. Se creó así un mercado en el cual no pudimos intervenir por falta de capacidad de sanción: el inspector no sólo tiene que esperar que el perro haga caca, sino a que se vaya y no la junte, porque si actúa antes, el paseador dice ya la iba a levantar. Y si actúa después le dice que eso no era de su perro. Por eso, la mayor cantidad de multas es por atar perros al mobiliario urbano, o por llevarlos sueltos, que por no levantar la caca. Otro factor es que a los porteños se nos hizo ajena la vereda. Hoy la vereda no es de nadie. En los barrios hay una especie de desidia. Si cada uno de nosotros actuara socialmente, sería distinto. Pero a nadie le importa, le echa la culpa al Estado.

–La licitación del mobiliario urbano (paradas de colectivos y carteles) fue postergada durante toda la gestión de Aníbal Ibarra. ¿Quedará para la próxima gestión?

–No, va a salir. Tenemos parada la licitación por una causa judicial, por un amparo de dos empresas que pidieron algunas modificaciones en el pliego. Estamos viendo con la Procuración qué margen tenemos para hacer esas modificaciones sin que otro proteste por esos cambios. Esta semana habrá una solución.

–¿Qué proyectos tiene para los espacios verdes?

–Nos interesa mucho proteger ambientalmente ciertas zonas de la ciudad. El Parque Tres de Febrero tiene que ser un área protegida dentro de la ciudad, para evitar una degradación cada vez mayor. Tenemos que hacer un plan de manejo y antes de fin de año tener una ley que lo ponga en vigencia. En las grandes ciudades (como en Nueva York, con el Central Park) los parques centrales tienen relativa independencia de los plazas que hay en toda la ciudad. Al igual que el Jardín Botánico y la Reserva Ecológica, el Parque Tres de Febrero tendrá una administración con cierto grado de autonomía.

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Marcelo Vensentini pasó de ser secretario de Medio Ambiente a ser el “ministro verde” de Telerman.
Imagen: Daniel Jayo
 
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