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Domingo, 19 de septiembre de 2010

DESPEDIDAS > MURIó CLAUDE CHABROL, EL HITCHCOCK FRANCéS

El negro adiós

Irrumpió como el miembro fundador más irreverente e incluso revulsivo de la nueva ola francesa. Desde entonces, no paró de filmar más de medio centenar de películas y trabajos para TV. Y aunque abordó todo tipo de géneros y personajes, nadie fue tan preciso y acertado al momento de diseccionar ese monstruo educado que es la alta burguesía. La semana pasada, a los 80 años, el padre de la nueva ola volvió al mar.

 Por Alfredo Garcia

“El nuevo film francés Los primos ofrece otro mórbido retrato de jóvenes estudiantes de ambos sexos y sus jergas nocturnas. Está producido, escrito y dirigido por Claude Chabrol, de 27 años, que en su reciente film Le Beau Serge retrató la decadencia y apatía de los jóvenes franceses de provincia. Juzgando por estos dos films, ambos pertenecientes a la llamada nouvelle vague francesa –de la que también surgió la brillante Los 400 golpes–, Chabrol es el más oscuro y pesimista en este círculo creativo: su actitud es enfocar la derrota y la miseria.”

En noviembre de 1959, Bosley Crowther, del New York Times, explicaba con un tono casi horrorizado la segunda película de Claude Chabrol, dedicando prácticamente la mitad de su artículo a describir la orgía con jóvenes estudiantes de derecho vestidos de uniforme nazi, y escuchando a Wagner: “Al lado de estas parrandas francesas, ¡Greenwich Village no tiene nada que ofrecer!”.

El artículo da una idea de la audacia que destilaban estas películas.

Sin embargo, para ser el director que fundó formalmente la nouvelle vague, Claude Chabrol es mucho menos conocido que sus colegas François Truffaut o Jean-Luc Godard. No sólo fue el fundador de esa nueva ola, también fue el primero que se animó a apartarse de ese rótulo para intentar hacer películas para el gran público. Lo que en forma casi automática le valió otro rótulo: “El Hitchcock francés”.

Pero Claude Chabrol, fallecido el domingo pasado, a los 80 años, es un director con personalidad propia, que se reinventó a sí mismo más de un par de veces a lo largo de su carrera, en ocasiones corriendo el riesgo de hundirla sin esperanza. En este sentido, basta señalar que una de sus películas favoritas, Les bones femmes (Las buenas mujeres), provocó tal indignación en Francia que en algunos cines el público rompía las butacas expresando su descontento.

Las bonnes femmes, su cuarta película, era una historia sobre gente estúpida, cuatro vendedoras de una tienda parisina. “Quería hacer una película sobre personas estúpidas, realmente ordinarias. Totalmente idiotas. Por eso había gente que detestó la película, pero dada la idea de la que partía, nadie podía acusarme de hacer un film sobre gente estúpida, dado que justamente ése era el asunto. La estupidez es infinitamente más interesante que la inteligencia: la inteligencia tiene sus límites, mientras que la estupidez puede no tener fin. Observar a un individuo profundamente estúpido puede ser muy enriquecedor, así que no sería justo despreciarlos...” Los críticos fueron particularmente duros con el film, y de hecho, incluso cuando se la incluye en alguna retrospectiva, suele cosechar pésimos comentarios de lo más granado de la crítica moderna, acusándola de misógina.

El hecho de que tanto el público como la crítica detesten Les bones femmes debe haber sido un golpe para el ex crítico de Cahiers du Cinema, que ya se estaba acostumbrando a las odas apologéticas de sus antiguos colegas: “Escribían cosas como que yo era como Balzac, Beethoven y Velázquez, todo al mismo tiempo”, recordó alguna vez, en los tiempos en los que ya los críticos no eran tan amables con su obra.

En todo caso, si bien el resto de su carrera abordó todo tipo de géneros, incluyendo comedias, parodias de James Bond y hasta películas fantásticas, como su homenaje al Mabuse de Friz Lang, Docteur M., Chabrol se concentró en distintas variaciones del thriller y los temas macabros, generalmente dotados de los apuntes sociales vistos en sus primeros films. “Me siento cómodo utilizando el thriller como género, porque cuando la gente va a ver una de suspenso, nunca piensa que ha perdido el tiempo –excepto que sea un film pésimo–. Es una buena manera de mantener a la gente en el cine sin que se queje demasiado. Es que yo no hago películas para expresar mis ideas; creo que uno debe hacer películas para distraer un poco a la gente, interesarla en algo, con un poco de suerte hacerlos pensar, ayudarlos a ser menos ingenuos, hasta lograr que sean un poco mejores de como eran antes de entrar a ver la película. Me parece inmoral tratar de influir en el público escondiendo tus propias ideas o tesis detrás de los ‘grandes temas’; me parece tan inmoral como confesarse en público. La noción del film con mensaje es algo que me da risa.”

Se podría decir que hay algo de irónico en este tipo de afirmaciones del director, ya que siempre parece haber algún tipo de mensajes detrás de los asesinos, psicópatas paranoicos, criminales, mujeres infieles y traidores de todo tipo y calibre que pululan por sus films, empezando por algunos homicidas célebres como el mismísimo Landrú de su film de 1963, que a lo largo de las dos horas de proyección se despachaba unas 16 mujeres. En todo caso, mensaje o no mensaje, de lo que se puede estar seguro es de que en una película de Chabrol el espectador casi siempre va a encontrar homicidas de buen comer. Es que por algún motivo, quizá para demostrar la humanidad de sus monstruosos personajes –como el ex soldado de le guerra de Indochina convertido en asesino serial de Le Boucher–, Chabrol suele permitirles un buen atracón de sus manjares favoritos antes o después de liquidar a alguna de sus víctimas.

Una de las escenas que sirve como perfecto ejemplo de estos asesinos cuyos crímenes no les quitan el hambre es la terrorífica comida que devora con una voracidad animal la joven Isabelle Huppert de Violette Nozière (Niña de día... mujer de noche), justo luego de asesinar a su padre y de intentar hacer lo mismo con su madre.

En esta, tal vez una de las obras maestras del cineasta, coincidieron dos de sus actrices esenciales, ya que la madre de Violette estaba interpretada por Stéphane Audran, su segunda esposa, con quien empezó a trabajar desde Los primos. “Me separé de ella cuando me di cuenta de que me estaba interesando más como actriz que como esposa”, dijo alguna vez Chabrol. Pero mientras que los personajes de Audran –generalmente llamados Helen– exponían el lado más frágil, ambivalente y sexy de la naturaleza femenina, a Isabelle Hupert le tocaron los personajes más sórdidos, con una amplia gama de actividades delictivas, como la última mujer decapitada en la guillotina, la abortista de la Francia ocupada de otra obra maestra, Un asunto de mujeres, la asesina psicópata de La ceremonia, o la estafadora de No va más, con la que finalmente se atrevió al desafío del “gran tema”, su brillante adaptación de Madame Bovary de Gustave Flaubert –recientemente editada en dvd en la Argentina, igual que La ceremonia, dos de las escasos títulos de Chabrol que pueden encontrarse en algún videoclub argentino.

Como señalábamos antes, es alarmante lo poco conocida que es la obra del llamado padre de la nouvelle vague francesa. En su cuerpo de obra, de más de medio centenar de títulos, más una buena cantidad de trabajos para TV prácticamente desconocidos entre nosotros, se incluye de todo, incluso producciones internacionales buenas, regulares y algunas realmente malas como Le sangue des Autres (La sangre de los otros, 1984), con Jodie Foster y Sam Neill. Chabrol era adicto a filmar lo que fuera, y él mismo se ocupó de explicar hacia el final de su carrera que el asunto era no parar de filmar, aceptando lo que se le pusiera a tiro. “Pero siempre ocupándome de que haya un par de escenas realmente buenas, como para que el asunto haya tenido sentido.”

Este punto de vista lo separa de sus colegas sobrevivientes a la nueva ola –Jean Luc Godard y Alain Resnais. Igual, ya hace mucho tiempo Chabrol explicó que “no existe la nueva ola. Las olas están en el mar”.

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