CULTURA / ESPECTACULOS › LA GRAN HISTORIA DE UN ARTISTA DESTACADO CUADRITO A CUADRITO

El dibujante de la ciudad al límite

La extensa trayectoria de Renzo Podestá le sitúa hoy como protagonista de tres libros. La historieta primaria y la narración musical. El vacío de los noventa y la prepotencia de los dibujantes.

 Por Leandro Arteaga

A Renzo Podestá no se le puede dejar de leer. Es imparable, con una capacidad de trabajo que le distribuye en proyectos paralelos, diferentes. Tuvo vida rosarina, fue miembro fundante de la Asociación de Historietistas Independientes de la ciudad, se fue a Córdoba, y dibuja para varios y vastos lugares del mundo.

A esta altura, es alguien con renombre, disperso en cuadritos que rebotan entre muchas bibliotecas. Dice que a la historieta la concibe como a la música, de manera rítmica: "Trato de pensar la narrativa y las viñetas como si fueran una especie de partitura que leer. Desde luego que también está la relación con el cine, hay una convivencia de disciplinas que trato de desarrollar". Su presencia anual en Crack Bang Boom le sitúa como referente obligado. Actualmente, su nombre está en la tapa de tres novedades.

"Fue un año bastante intenso, donde me publicaron varias cosas que, vale aclarar, no fueron autopublicadas", le dice a Rosario/12 el dibujante, artífice también del sello editorial Le Noise. "Es el caso de (los editores) Juan Angel Szama con 27, en una edición a color que implica todo un riesgo; y de César Libardi, al republicar un cómic de (la editorial cordobesa) Llanto de mudo. A veces no me doy cuenta, pero que exista gente que esté interesada en querer publicarme es muy bueno".

Por un lado, Podestá se refiere a 27 (Twenty Seven), que Szama Ediciones (Rosario, 2015) diera a conocer en CBB, donde recopila la serie que el dibujante publicara, con guión de Charles Soule, en el sello norteamericano Image durante 2010 y 2011. Por el otro, Rabdomantes Ediciones recuperó en su colección "Reencuentro" el libro (Bang)kok: 60 maneras de escapar de una ciudad (Rosario, 2015), publicado originalmente en 2005 y presentado durante la misma convención. A ello se suma el Cuadernos de Dibujante (Puro Comic/Szama, 2015) que le tiene por protagonista, con entrevista extensa y portfolio de bocetos.

- Entre (Bang)kok y 27 se traza un arco de tu trayectoria, es una buena manera de introducirse en tus historias.

- De hecho, son como dos obras introductorias. (Bang)kok fue mi presentación en sociedad dentro de Llanto de mudo, donde trabajaba con Diego Cortés, quien siempre me pinchaba para publicar algo. Yo venía desde el lado freelance, sin publicar mucho en Argentina y él me insistía. Para "callarlo" un poco aproveché que había cobrado un encargo y me tomé un mes de vacaciones, durante esos 21 días ocurrió la producción de (Bang)kok. Hice el libro de manera automática, sin boceto ni guión. Fue una vorágine intensísima. Ahora lo miro con otros ojos, pero respeto bastante la cabeza que tenía en ese entonces. 27 es todo lo contrario, es mi primer laburo dentro de la tercera editorial importante de Estados Unidos (después de DC y Marvel), con Charles Soule, quien ahora tiene otra fama, pero en ese entonces recién comenzaba. Fue la gran apuesta nuestra para ver si podíamos meternos por ahí, y arrancamos con un cómic acerca del "club de los 27", el de los fatídicos músicos, muertos a esa edad. Entre uno y otro libro hay un abanico amplio, donde se cuela el Cuadernos de Dibujante, y lo que en este momento es mi caballito de batalla: El aneurisma del Chico Punk.

- Creo que en El aneurisma es donde aparece el Podestá más depurado.

- Con lo que agarré y aprendí de (Bang)kok y con lo que no me gustó de 27, sumado a una fiebre que me había agarrado con respecto a ciertos mangas, empecé a hacer un web-comic, también para despuntar un poco el vicio, porque estaba otra vez trabajando mucho como freelance y también mucho en digital. Empecé con una cuestión más automática, no más de 40 páginas, algo simple, con adolescentes que se dieran golpazos. Hasta que apareció el MacGuffin, cuando pongo el pulpo gigante en el medio de la calle y me digo ¿ahora qué hacemos, cómo lo resuelvo? Ahí empezó una catarata y avalancha que fui más o menos sistematizando por el lado de algo más místico, mágico, bizarro. El aneurisma es como una condensación de todo lo que pienso a nivel visual y político, ahí confluyen un montón de cosas y la verdad que me pone muy contento pensar el feedback que produjo. Hicimos el compilado en (el sello editor) Dead Pop, en 2013, y llegamos a las cuatro ediciones, con 700/800 copias, todavía no puedo creerlo.

- Volviendo a (Bang)kok, se percibe ahí una historieta al límite, llena de furia, tal vez cercana a la experiencia de los noventa, con editoriales cerradas y fanzines a pulmón.

- Soy conciente de que hay una cuestión ética y moral a la hora de sentarnos a trabajar. Las historietas están atravesadas por la política y la moral del autor, y más allá de que trabajemos pensando en el otro, lo que hacemos genera en esa persona algo impensable, impredecible. Tanto en el 2005 como en la edición actual de (Bang)kok, soy consciente de que eso sigue siendo necesario, no estamos atravesando el mismo vacío que dejó el menemismo, pero estamos contribuyendo a generar una opinión que tenga que ver con nuestro quehacer diario. (Bang)kok habla del arte, de las instituciones, de cómo se coacciona a aquellos que piensan de una manera determinada; por eso, siguiendo esa línea, más allá de que hay tiros o sexo, está bueno que exista esta clase de reflujo, que pertenecía al pensamiento comunitario del 2005 y que todavía es necesario. No es casual que César (Libardi) me lo haya pedido, y al libro le está yendo bastante bien.

- Tu producción es prolífica, diversa. ¿Le encontrás alguna explicación?

- Mi generación viene del vaciamiento, de la nada, nos acostumbramos a hacer y construir pensando en que nadie te iba a venir a golpear la puerta para trabajar. A partir de esa base, trato de interpelar porque me parece muy interesante el tema de la producción argentina y la producción autoral en el mundo. El mercado editorial argentino es muy endogámico, y una de las cuestiones que me gusta pensar es por qué es así, por qué no podemos pensar historias que sin dejar de tener que ver con nuestras preocupaciones puedan ir un poco más allá. El autor de historietas tiene que ser consciente de esto, de la universalidad que provoca tocar ciertos tópicos. Dentro de lo que hago trato de hablar más o menos siempre de lo mismo, hay una especie de "hilo a lo Haneke", quien siempre habla de lo mismo en su cine, pero al que siempre cambia para ver qué más hay. Por ahí está buenísimo pensar que estoy todavía investigando eso, y que por tanto todavía estoy aprendiendo.

- De entre tus novedades, ¿cuáles elegís destacar?

- Estoy terminando el volumen 2 de El aneurisma del Chico Punk, con más de 250 páginas. Volví a la cuestión fanzinera con Mugre, una especie de experimento bizarrito. Por el lado freelance estoy trabajando en un proyecto relacionado con artes marciales y películas chinas, estoy muy divertido con eso. Y estoy con mi sello nuevo Le Noise, que apenas comienza, con la publicación de Eldritch, de Mariela Viglietti. Para fin de año o principios del que viene, también estaré presentando la novela gráfica Golem.

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Página de (Bang)kok: 60 maneras de escapar de una ciudad.
 
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