CONTRATAPA

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 Por Horacio Vargas

La primera que vino a Rosario fue en 1997 para dar un concierto de solo piano. Cuando llegó al teatro El Círculo a realizar la prueba de sonido sorprendió la presencia de su acompañante: el afinador de los pianos Steinway, un técnico --japonés-- que no se desprendía de maleta de herramientas. El pianista tocó el Steinway un rato, se levantó de su butaca y lo llamó a su acompañante con un ademán. Le ordenó que lo desarmara completo y lo volviera a armar. Y el reparador de piano lo hizo. Desarmó las piezas y con una obsesión milimétrica las volvió a unir, regular, para que el maestro tocara un rato después, hace 15 años, ante escasos melómanos. Pero el pianista siguió con las sorpresas después del concierto. Avisó a los productores que no volvería al hotel. Se iba a quedar tocando el Steinway un tiempo más, solo, sin nadie alrededor, salvo la compañía de algún murciélago que bajaba rasante desde el Paraíso.

La historia del jazz dice que fue pianista del quinteto de Miles Davis entre 1968 y 1970, sucediendo a Herbie Hancock y precediendo a Keith Jarrett, con quienes conforma quizás el trío de pianistas de jazz más influyentes de la era post Bill Evans. Pero, se sabe, toda lista es arbitraria.

***

Hace frío en la ciudad pero cuando uno entra al teatro El Círculo hay como un clima templado, se hace más agradable la espera del pianista. Cuando aparece en escena, lo hace a pasos lentos, como saltando. Lleva puestos un blujins, una remera azul mangas cortas, una campera deportiva y calza zapatillas deportivas. Primera sorpresa. La segunda --la más importante-- es la música que toca esa noche para muchísimos rosarinos que colman plateas y gradas. Toca un tema de Bud Powell --otro genio loco del jazz--, se anima con un tango --dedicado a su madre y a Piazzolla--, reversiona a Jobin, hace temas propios, pasa del Steinwaya los teclados --como a principios de los setenta, cuando formó el super grupo Return To Forever, el jazz se hizo fusión y el rock metió la cola--, deja espacio para lucimiento de sus acompañantes, The Vigil, el percusionista venezolano Luisito Quinteros, el contrabajista cubano Carlitos del Puerto, el saxofonista inglés Tim Garland y los estadounidenses Marcus Gilmore en batería y Charles Altura en guitarras.

El cierre es con el clásico "Spain", y la gente, literalmente, explota.

Cuando todo concluye, Chick Corea ordena prender las luces del teatro y recorre con su mirada los distintos pisos desde donde baja una ovación. Corea sonríe, aplaude, se lo ve honestamente sorprendido por la reacción del público. Y entonces, parado en medio del escenario junto a sus músicos, busca su teléfono celular en el bolsillo derecho de su blujins para que quede registro de su retorno --para siempre-- a Rosario.

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