CIUDAD › 14/12/1995

Rock de la cárcel

 Por Claudio Socolsky

Los 230 internos de la Unidad 3, más conocida como "la redonda", no podían salir de su asombro. El pasado sábado a las cinco de la tarde el rock'n'roll se instaló comodamente en el patio de la cárcel; dos formaciones musicales (Madera Oxidada y Los Vándalos) se acordaron de los ciudadanos privados de su libertad y brindaron un recital difícil de olvidar, sin cobrar un solo peso por la actuación. "Solo el arte permite que contemos hechos insólitos ﷓﷓decía un improvisado animador al comienzo del festival﷓﷓, que Los Vándalos puedan entrar a este lugar, y que, finalmente, puedan salir después de tocar es algo increíble". Luego de una breve espera para probar el sonido del show, el grupo Madera Oxidada le puso blues a un lugar digamos poco acostumbrado a recibir esos sonidos. Los internos, invitados, miembros de organizaciones no gubernamentales, y los organizadores del evento, a propósito de celebrarse el día mundial de la lucha contra el SIDA, seguían las alternativas con alegría, y a pesar de los esfuerzos del cantante para que el público batiera palmas, el famoso calor del rock tardaba en llegar. Al cuarto tema apareció la soltura y la gente olvidó por unos instantes que estaba en el patio de una unidad de detención rodeado por policías que vigilaban desde los techos el normal desenvolvimiento de la reunión. El cantante de Madera Oxidada dejó bien en claro que su performance estaba brindada exclusivamente "para ustedes", mientras señalaba a los internos.

Luego de una representación de un grupo de adolescentes ante la problemática de la necesidad o no de efectuarse el análisis de HIV, que generaron los únicos gritos de los presos vivando por los sidosos, tres voceros de los detenidos subieron al escenario para los agradecimientos de rigor. "Espero que la estén pasando bien, ante todo quiero darle las gracias a todas las autoridades, a la asistente social, al director, que si no fuese por él no estaríamos haciendo esta fiesta, y en especial a tres psicólogas que fueron el eje de todo esto que hemos armado y que se está dando de primera", dijo Tomás, uno de los detenidos.

Gabriela Carletti, una de las psicólogas organizadoras de la reunión, comentó: "Estamos trabajando en los talleres desde abril y por suerte logramos que pudieran concurrir varios de los internos, a pesar de las dificultades que encontramos para que se engancharan. La posibilidad de traer grupos de música les interesó y también los movilizó para realizar nuevos emprendimientos como la refacción de la enfermería".

"Nosotros somos algunos de los internos que formamos parte de los talleres de trabajo que se realizan semanalmente en la Unidad 3, coordinados por el PROMUSIDA, donde surgió la idea de mejorar la sala de internación para mayor comodidad e higiene de los detenidos. Con lo que se recaude hoy, más la contribución de la población, y también de los invitados, se empezarán a comprar los materiales necesarios. Quiero agradecer a todos aquellos que han colaborado también, porque hay muchas veces que nos podemos enfermar y llegar a ese lugar y en vez de hallar una recuperación física, bueno, al menos vamos a tener una cama, para poder aunque sea estar enfermo y cómodo, ¿no?, a pesar de estar privado de la libertad", explicó Claudio, otro de los internos ganándose el cerrado apaluso de los presentes. "¿Quieren música?, yo pensaba traer a los Redondos pero no se dio, y acá de Rosario invité a una gente que viene tocando bien", dijo finalmente el vocero del grupo, ante las risas de sus compañeros.

Y vaya si están tocando bien. Los Vándalos demostraron porqué son, lejos, la mejor banda de blues local. Afianzados por la seguridad de saber que están haciendo las cosas correctamente, a pesar de la auténtica desfachatez, se dieron el gusto de repetir otra actuación en un penal. Anteriormente se habían presentado en Coronda abriendo de esa manera el camino para el rock en la cárcel. Popono, el querido cantante del grupo, mostraba su brazo enyesado y se levantaba la remera tapándose la cara a la finalización de cada tema ante la aprobación generalizada de los internos que disfrutaban de la música y también de cada gesto del cantante. "Yo como mierda, como mierda y qué", vociferaba Popono y los 230 detenidos no paraban de reírse. Al grito de "vándalos, vándalos" la tribuna reclamaba los bises.

Qué interesante hubiese sido que el alma de John Belushi, un original Blues Brother, y no del prolijito de Elvis Presley en sus comienzos, se metiera en la voz del cantante de Los Vándalos para rememorar aquella versión del "rock de la cárcel", ya que siempre será más emocionante vivirla en directo y no a través de los armados y decadentes sets de filmación de cualquier rincón del planeta. No importó demasiado, la solidaridad artística y la emoción ocultaron lo anecdótico para darle cabida a la satisfacción, a pesar de no conseguirse muy a menudo.


Muy pocas veces, en la profesión, la noticia puede trascender la coyuntura para convetirse en un hecho inédito. Acostumbrado a cubrir las mal llamadas notas de color, la actuación de un grupo de rock en un penal tenía que ser la excepción, y lo fue. La cobertura del recital de Los Vándalos y de Madera Oxidada en La Redonda, después de ver infinidad de conciertos, se convirtió en la actuación más extraña que me tocó presenciar. Popono rockeando y los policías custodiando mientras caminaban por los techos, fueron imágenes que perdurarán y que seguramente habrán influenciado en la manera de participar en un concierto. La solidaridad de los músicos hacia la causa del SIDA, reveló un paisaje extraño y poco conocido. Diez años después, las condiciones en que se encuentran los presos que padecen el HIV, han cambiado. (C.S.)

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