20:04 › EL PRESO NUMERO 44.904 DE BUCHENWALD

A los 87 años murió en París Jorge Semprún

El escritor madrileño construyó su obra literaria con los fragmentos de su memoria. Su paso por Buchenwald marcó su vida y su obra, que comenzó con la narración de "El largo viaje", en el que fue conducido en tren hasta aquel campo de concentración nazi. Siempre se consideró un "deportado".

Escritor, guionista y figura de alta talla intelectual, el reconocimiento le llegó quizá más desde fuera de España que de su propio país, del que salió muy joven, con 13 años, al iniciarse la Guerra Civil (1936-1939). Desde entonces, el hombre alto, de pelo blanco desde hace tiempo y una cultura más que admirable había vivido a caballo, escindido. "Yo tengo dos patrias, es una situación espantosa", solía decir. España lo vio nacer y Francia, que lo vio morir, lo acogió, primero como exiliado y luego como superviviente del horror nazi.

No obstante, estuvo unido a su país por fuertes vínculos. Su abuelo materno fue Antonio Maura, cinco veces presidente del gobierno bajo Alfonso XIII. Y él mismo, durante años, fue el mítico Federico Sánchez, dirigente del Partido Comunista (PCE) que desarrolló su actividad clandestina en Madrid contra la dictadura de Francisco Franco y que evadió siempre con éxito a la policía del régimen. Semprún nació en Madrid en el seno de una familia que no sólo tenía dinero. De madre y padre republicanos, la cultura y la política se respiraban en su casa, situada frente al parque de El Retiro, una bonita y cara zona residencial del centro a la que regresó a vivir cuando asumió la cartera de Cultura (1988-1991) en el segundo gobierno de Felipe González.

Con el inicio de la Guerra Civil, la familia se instaló en Holanda y en 1939, con la victoria de Franco, su padre abandonó la legación de la España republicana en La Haya. Comenzaba el exilio en París. Siempre quiso ser escritor. Pero su trayectoria literaria no comenzó hasta 1964 con "El largo viaje", escrita en francés. Y con la que según muchos fue su mejor obra ganó el Premio Formentor.

La experiencia en el campo nazi de Buchenwald, muy cerca de Weimar, al que llegó en 1943 con 19 años y del que salió con 21, le permitió profundizar en otro de los idiomas importantes en su vida, el alemán, en el que se desenvolvía perfectamente, y que lo nutrió en su empeño de convertirse en escritor. Pero, paradójicamente, no pudo hacerlo durante años. Y cuando se lanzó no fue para recordar ni para olvidar, simplemente para ser escritor.

Luego sí escribió con otro objetivo: "Sé perfectamente que los testigos estamos desapareciendo, estamos en el umbral de la época en que ya nadie tendrá memoria directa de esa experiencia", dijo alguna vez. Sobre esos dos años escribió después más obras: "La escritura o la vida", "Aquel domingo", "Viviré con su nombre, morirá con el mío"... Y la memoria, ligada íntimamente al significado de la experiencia, la conservó también en el cine, con guiones de películas como "Z" y "Missing", ambas dirigidas por su amigo griego Costa Gavras.

El idioma fue otro elemento de escisión en su vida. "El francés es una lengua que obliga a la precisión. El castellano, como te descuides, se desboca y se hace grandilocuente", sostenía. La mayoría de sus obras las escribió en la lengua de Victor Hugo. La de Cervantes sólo la eligió para la "Autobiografía de Federico Sánchez" -radiografía del PCE, del que fue expulsado en 1964 por no comulgar con la línea estalinista imperante y que en 1977 le valió el Premio Planeta- y para la novela "Veinte años y un día" (2003), publicada poco antes de 80 cumpleaños.

Sus años como ministro de Cultura en el gobierno de Felipe González dieron para otro libro: "Federico Sánchez se despide de ustedes" (1991). Si en la "Autobiografía..." eran Santiago Carrillo y Dólores Ibárruri a quienes criticaba un Semprún profundamente desengañado del comunismo, en la obra sobre su paso por el Ejecutivo fue el mítico vicepresidente Alfonso Guerra uno de los peor parados. En Alemania, donde sienten gran admiración por él, se publicó hace poco más de dos años un libro sobre su vida, "Von Treue und Verrat. Jorge Semprún und sein Jahrhundert" (De la lealtad y la traición. Jorge Semprún y su siglo), un retrato basado en las conversaciones que tuvo durante varios años con la periodista Franziska Augstein.

Testigo privilegiado del siglo XX, miembro de la Academia Goncourt y con reconocimientos a su espalda como los citados, el Femina y el de la Paz de los libreros alemanes, entre otros, ya hace tiempo que su faceta de hombre de pensamiento se había impuesto a la de hombre de acción.

Hasta muy avanzada edad, con parte de la historia europea a sus espaldas, Semprún mantenía una gran lucidez, interpretando el mundo y manteniendo la misma definición de sí mismo que había dado ya hace tiempo: "Yo lo que en realidad soy es un deportado de Buchenwald, lo más radical que he vivido fueron aquellos dos años".

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