UNIVERSIDAD › A VEINTE AñOS DE LA INSTAURACION DEL JURAMENTO HIPOCRATICO DE LOS CIENTIFICOS

La ciencia que se jugó por la paz

En 1988, estudiantes y autoridades de Exactas de la UBA cambiaron la fórmula de jura en la graduación. Aquel hito fue conmemorado con un debate sobre la ciencia y la ética.

 Por Adrián Pérez

¿Cómo jura un científico al momento de graduarse? En la Argentina, los egresados de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA lo hacen comprometiéndose a usar sus conocimientos en favor de la paz. No siempre fue así. En plena vigencia de la Guerra Fría, un grupo de estudiantes promovió, con el apoyo de las autoridades de la facultad, un simposio internacional que derivó en esa nueva fórmula para el juramento al momento de recibirse. Ocurrió en 1988, a pocos años de reiniciada la democracia en el país. Para conmemorar los veinte años de aquel hito, un grupo de científicos debatió en un panel los alcances de ese cambio y el estado actual de la ciencia en relación con sus usos y aplicaciones éticas. “Necesitamos empezar a generar soluciones para problemas sociales, problemas de inundaciones, de geopolítica o de robótica; en definitiva, buscar la manera de forzar a los gobiernos para que nos escuchen”, sintetizó Adrián Paenza, uno de los integrantes de la mesa.

Los veinte años del nacimiento del juramento hipocrático para científicos congregó en la mesa redonda en Exactas a Guillermo Lemarchand, el coordinador de aquel grupo de estudiantes del ’88 y actual miembro de la Oficina Regional para la Ciencia de la Unesco en América latina y el Caribe; a Ernesto Maqueda, integrante del Comité Nacional de Etica en la Ciencia y Tecnología, y a Paenza, matemático y divulgador científico, entre otros.

Alberto Pedace, profesor de la Maestría en Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la UBA, remarcó al abrir la mesa el papel que tuvieron los estudiantes de Exactas: “Salíamos de la dictadura y nuestra facultad fue pionera en darles oportunidades a los estudiantes para que organizaran el simposio”, destacó.

Motorizado por un grupo de estudiantes de la Comisión de Astrofísica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y organizado por la Unesco, la Secretaría de Ciencia y Tecnología, el juramento hipocrático tuvo su génesis con aquella participación estudiantil durante el Simposio Internacional sobre los Científicos, la Paz y el Desarme, donde se debatieron los ejes centrales de una ciencia ética y responsable.

En la nueva fórmula para que los graduados juraran se proponía, entre otros puntos: “¿Juráis que la investigación científica y tecnológica que desarrollaréis será para beneficio de la humanidad y en favor de la paz, que os comprometéis firmemente a que vuestra capacidad como científico nunca servirá a fines que lesionen la dignidad humana?”.

Flavio Colavecchia, físico de la División Colisiones Atómicas del Centro Atómico Bariloche y uno de los estudiantes que impulsó el juramento junto a Lemarchand a fines de los ’80, pintó de cuerpo entero sus sensaciones por aquellos años: “Recuerdo que eran épocas en las cuales hablar de efecto invernadero no se relacionaba con el cambio global, sino con las consecuencias de una guerra nuclear mundial. Estaba más instalada la sensación de que el mundo caminaba sobre un hilo delgado”.

Sobre el texto que sentó las bases para que la jura tuviera lugar, Jordana Dorfman, habitual colaboradora del suplemento Futuro de este diario y miembro de la Comisión de Astrofísica por esos años, afirmó que la emoción le llegó con su relectura porque “me conmueve que aún existan personas capaces de pararse frente a otras y recitarlo en voz alta”. “De algún modo, en nuestra sociedad muchas veces se cataloga de ‘perdedor’ a quien sostiene estos valores por encima de la tentación del poder en sí mismo”, finalizó.

Según la Oficina Regional de Ciencia para América latina y el Caribe el panorama no es nada alentador tras el legado de la carrera armamentista. El Muro de Berlín cayó y con él la Guerra Fría, pero el armamento nuclear desplegado en todo el mundo alcanza a 27 mil ojivas nucleares. La inversión mundial en investigación y desarrollo con fines militares supera los 150 mil millones de dólares anuales. Aquí, el 90 por ciento de los graduados –la fórmula es optativa– elige el texto de compromiso con la paz.

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El matemático Adrián Paenza, uno de los expositores en la mesa.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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