Desde Barcelona
Para Arturo Illia, que gobernó la Argentina entre 1963 y 1966, la medicina y la política eran los vehículos con los que canalizaba su vocación de servidor público.
Las nochebuenas se pasan en familia. Era un designio. Lo habrá decidido mi abuelo o alguien más atrás todavía. Hice cuentas de las veces que yo había incumplido. Dos en total.
Está tan flaco que un pintor lo invita a posar como San Sebastián.
Me rasco la cabeza. Son las 13.45 y no almorcé. El estómago parece insultarme enfurecido y el timbre suena por segunda vez.
En estos días, y con toda razón, y por fin con justicia, se ha honrado el nombre del excanciller Héctor Timerman, que al dolor de su terrible enfermedad y perfectamente consciente de la tram
Teñirme el pelo es el acto más profundo de introspección que soy capaz de hacer.
¿Es posible interpretar la serie El Juego del calamar como parábola social de Corea del Sur? Solo en parte.
Un artículo periodístico me movilizó a realizar en siguiente pensar en presencia del lector. Me hizo a acordar a mi infancia. Parte de mi familia era española, con dos líneas bien diferenciadas.
El afán por comunicar antes cualquier información que parezca dramática, involucra errores que requieren un poco de atención.
–¡Ya sabía que no me iba a fallar! –me dice Osvaldo alborozado cuando atravieso la puerta de su barsucho de morondanga--.
¿Cómo explicar que fuiste a un colegio donde los alumnos teníamos un equipo de "Búsqueda y rescate"? Nunca lo hice, pero tal vez es hora de que lo cuente.
El olor a mí no me molesta. Ni siquiera me doy cuenta de que algo huela mal en la pieza. No me importa.
Es sabido: dos de los autores más citados por Carlos Marx en todos sus escritos son Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare.
“Rabias de cuerpos desmembrados/ viajando hacia el horizonte/ de la nada”. Esos son los primeros versos de un poema de mi autoría titulado “Hecho”.
Algo se ha quebrado en esta civilización nuestra. Sucedió no hace mucho y me temo que ya no hay vuelta atrás.
La invocación a los desastres de todo tipo en que incurrió MauMac ya no alcanza para nada.
Los días transcurrían casi siempre sin novedad.
Sin ir más lejos y para demostrar que las oportunidades no faltan en esta bendita tierra de promisión, está el caso emblemático del señor Isidoro de Lampedusa.