A mi 81 años pertenezco al grupo sujeto a discriminación más numeroso en Argentina.
Hace medio siglo atrás, a fines de 1972, una multitud de chilenos copó las calles de Santiago –yo era uno de ellos- para apoyar al presidente Salvador Allende, que empezaba un viaje al extranjero e
-Mire, usted debería estar tranquilo, y no preocuparse de estas minucias sobre el Mundial de Qatar. Y fundamentalmente no importunarme con preguntas tediosas.
Quien quiera verificar que la capacidad simbólica del juego permite tramitar las ansiedades más crueles y urgentes no tiene más que prestar atención a la experiencia que la afición argentina al fút
"Una gota rueda sobre el hielo y cuelga sobre el vacío/ Por su propio peso acaba por caer dentro del río". Despedir a los glaciares. Jorge Drexler
No es cierto que las mujeres sean complicadas, ellas desmenuzan un tema, lo investigan y plantean hipótesis, por el simple motivo de que son organizadas y lo hacen para adelantarse a cualquier acon
La búsqueda de la verdad ha desvelado desde siempre al ser humano. Ha ido desde el estar alerta frente a posibles engaños hasta la indagación por la esencia misma de las cosas.
¿Puede uno valerse del reportaje para salvar una amistad trizada? Yo lo “usé” y alcé una amistad cuatro años interrumpida por mi encono.
La noche del 24 de diciembre del 77, Enrico se acomodó en su cama y abrió El agente secreto para continuar la lectura.
La versión original de esta nota fue publicada el 13 de julio de 2021.
Su padre era el rey del mambo, ella fue la chica de Fama. “Acordate de mi nombre/ voy a vivir para siempre”, cantó Irene Cara en la canción que da nombre a la película.
Julia nació y vivió durante toda su larga vida, frente al río, o, mejor dicho, como le gusta aclararlo cada vez que puede, al costado del Paraná, ya que sólo es al mar al que uno puede verlo de fre
Desde Barcelona
Lo había visto al enano definir la final con un golazo de los suyos. ¡Por fin, enano querido! La alegría había explotado en las calles y todo el mundo era más amigo y más bueno.
Ilse Aichinger nació en 1921 en Viena y murió en 2016 en la misma ciudad.
Tiempo ha, decirlo es deber, cultivé poco y nada la devoción a los eternos salvadores. Mi tolerancia a la fe era baja, muy lejos de los niveles de referencia deseados.
En política, como en el resto del mercado, existen dos motores fundamentales: el miedo y el deseo.
Desperté por el frío, todavía mareada. Quedaban algunas brasas humeando sobre la arena. Las botellas vacías parecían bloques de hielo náufragos entre el gris de las cenizas.
En la pospandemia el tiempo pasa más rápido. Todo dura menos. Lo bueno y lo malo. Como especie, nos ha sucedido algo que ha trastocado los cimientos.
A riesgo de ser tomado por obtuso, cada tanto me propongo entender (ver, analizar) las cosas al revés de la lógica.