CONTRATAPA

De mostrarse

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO La audacia de dar la cara suele terminar en la cruz de perder la cabeza. Algo así. Vivimos en la era del mostrarse más que del demostrar. No se es nadie si no se tiene cara-de-libro y no se cuenta, por lo menos, con un millar de amigos en la red. Y cualquier gesto relativo al no estar allí –al no querer ser “subido” o expuesto– se ha convertido, parece, en actitud sospechosa y paranoide y hasta de mala educación. Pero también es cierto que esta exposición total a los ojos de desconocidos de lo que se hace o se deja de hacer ha resultado en una cantidad de nuevos delitos y tragedias. Peligrosas seducciones y chantajes sexuales, virtuales manuales de instrucciones para asaltantes de casas donde se informa de ausencias y movimientos y hasta se ofrecen fotos y planos, formas de detectar por los jefes que su empleado no estaba tan enfermo como le dijo, psicosis de red social, insultos e injurias de parte de individuos sin nada que perder bajo el antifaz del anónimo. De todo esto daba cuenta, días atrás, el escritor Quim Monzó en su imprescindible columna de La Vanguardia. Apuntaba y daba en el blanco Monzó: “Las nuevas tecnologías se han convertido en un buen barómetro para determinar la sensatez de los que las utilizan. En manos de inútiles son un altavoz de su incompetencia y escaparate del grado de cretinización de la especie humana”. Y, a continuación, Monzó refería –con una mezcla de gracia y de espanto– la historia del mafioso calabrés y fugitivo Pasquale Manfredi, finalmente atrapado por la policía de su país, porque el individuo no paraba de entrar a su página en Facebook con la ayuda de un modem USB. Y así consiguieron rastrear su IP. Y lo desenchufaron. Semanas antes, en España, había caído un sacerdote español que ofrecía servicios sexuales en la red y remataba al mejor postor las antigüedades de su iglesia. Amarás a tu blog por encima de todas las cosas, pero no teclearás a tu blog en vano ni adorarás a falsos bloggers, amén.

DOS En el mismo diario en el que escribe Monzó me entero de que por estos días –y para seguir en vena delictiva– el FBI celebra los sesenta años de su Top Ten Most Wanted. Es decir: la lista de los diez más buscados con la que se invita a la ciudadanía toda a llamar por teléfono si se reconoce por ahí a alguna de esas caritas y mascaritas. En seis décadas, un total de 494 prófugos accedieron a las de este condenado y condenante hit-parade. No todos fueron detenidos: algunos se entregaron, otros murieron y varios fueron degradados al aparecer alguien más peligroso. En la actualidad, el primer puesto –rodeado por sicarios latinos y algún pez gordo del crimen organizado con apellido judío– lo ocupa un tal Osama bin Laden, por el que se ofrecen 27.000.000 de dólares de recompensa. Verlo ahí, con una tenue sonrisa en oficinas de correos de EE.UU., en diarios, en avisos de televisión y, por supuesto, en la página que el FBI puso en Facebook así como en el microblog de Twitter.

TRES Y voy a ver una exposición en la Universidad Pompeu Fabra de fotografías de la emperatriz Elisabeth de Austria, más y mejor conocida como Sissi. De vivir hoy, está claro que Sissi no tendría blog o rincón en Facebook. O tal vez sí. Porque su historia no deja de ser moderna, pionera. Hubo un momento en que Sissi –más que renuente a compartir su decadencia física con súbditos y cortesanos– decidió que ya no sería retratada ni fotografiada. Lo que, enseguida, planteó un problema protocolar: los monarcas tienen que mostrarse, ser vistos y comentados por colegas y plebe. De eso trabajan. Así –y lo muestra la muestra– se decidió poner a otras a posar con vestidos nuevos, recortar cabezas de fotos viejas de Sissi, pegar encima, y hágase la primera versión del Photoshop. De ahí que, en su imaginería e imaginación, Sissi tuviera siempre treinta años. Y que su perro –quien solía acompañarla en estos posados fantasmales– tampoco envejeciera. Y tal vez, la falta de visión de Sissi (me refiero a su decisión de no ser vista) la haya convertido en una adelantada visionaria...

CUATRO ... porque miren si no lo que le está sucediendo por estos días a la familia real española: de tan vista, de tan mostrada, la gente está empezando a mirarla torcido. Lo leo en un informe del diario Público, donde –con diagramas y porcentajes– se explica que los Borbones están en mínimos históricos de encanto. La plebe comienza a preguntarse para qué sirven y las nuevas generaciones (que no tiene nada que agradecer por el 23-F y todo eso) se preguntan cuál es la necesidad de mantener a Felipe y Letizia (a la casa real se le asignan casi 9.000.000 de euros al año que salen de las arcas del Estado) para que después aparezcan sonrientes en la portada de la Vanity Fair local, donde se explica que ella le dice “mi chico” al futuro monarca. Cada vez hay más políticos que dicen cosas como “la monarquía tiene un problema con la sucesión porque debe legitimarse de nuevo. Y hay que acabar con las zonas oscuras que hacen que la corona española sea una de las menos transparentes de Europa”. Mi solución compatible con adictos al Hola y con los que les desean un adiós: que pongan un blog donde lo cuenten todo, todo, todo. Con lujoso lujo de detalles. La realeza como reality-show real.

CINCO Y fue una cámara de supermercado la que atrapó al grupo de etarras que, la semana pasada, había asesinado a un gendarme francés. Vi el video en el noticiero del jueves a la noche pero, para el viernes a la mañana, ya se había comunicado que no eran terroristas: eran apenas bomberos catalanes de vacaciones. Lo que se dice: un quemo.

SEIS Y consuelo para quemados es –se supone– una nueva campaña ibérica no para salir de la crisis sino para salir de la crisis provocada por la crisis. Me explico: la ocurrencia se llama –y contesta– en un lugar de la zona fantasma de nombre http://www.estoloarreglamosentretodos.org/. Allí, la Cámara de Comercio y 18 grandes empresas –invirtiendo 6.000.000 de euros– decidieron desmarcarse de políticas y políticos y llamar a la solución colectiva para “contagiar confianza y fomentar las actitudes positivas entre la ciudadanía” vía campaña viral. La idea es la misma de siempre: convocar a famosos –que van del diseñador Javier Mariscal pasando por el escritor Juan José Millás hasta el top-chef Ferran Adriá– para lanzar mensajes inspiradores del tipo “tenemos que ir todos para el mismo lado porque si cada uno va por la suya no se llega a ninguna parte”. El susurro apenas subliminal es, claro, “por favor, vuelvan a comprar porque si ustedes no compran, nosotros no vendemos y se acuerdan de aquellos tiempos de consumo feroz y tarjetas de crédito humeantes, ¿no éramos más felices?..”. El Partido Popular, sin embargo, tildó todo el tema de “propaganda gubernamental”, mientras otras plataformas optaban por lanzar su propia versión: http://www.estoloarreglamossinellos.org Y “ellos” son los políticos, los empresarios, los reyes, los famosos... y todos los que dan vueltas por ahí incluyendo –se supo– a agentes del FBI que han infestado las redes para ver qué se cuece mientras, paradójicamente, comenten el delito federal de inscribirse bajo identidades falsas. Lo que, parece, equivale a que todo delito que descubran y condenen no podrá ser juzgado como tal al haber sido detectado por un delincuente. A la espera de que alguien abra el blog http://www.estonoloarreglanidiosyporqémejornodedicarseaotrascosasmásinteresantesynoseguirperdiendoeltiempo.org se despide un servidor, que no es lo mismo que decir un server y out y off y k.o. y o.k.

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