CULTURA › ELFRIEDE JELINEK, PREMIO NOBEL DE LITERATURA

Una mujer con bajo perfil

La dramaturga y novelista austríaca no estaba entre los favoritos. La pianista, llevada al cine, es su obra más conocida.

 Por Silvina Friera

El enigmático casino de la literatura, la Academia Sueca, anunció ayer que la ganadora del Premio Nobel de Literatura es la novelista y dramaturga austríaca Elfriede Jelinek, autora de la novela La pianista. Los apostadores del mundillo académico de Estocolmo y adyacencias tenían sus cartas marcadas: la mayoría aseguraba que en esta ocasión se lo darían a una mujer. Y en eso acertaron. Pero si la ley de todo jugador es analizar las probabilidades y sopesar los nombres y las trayectorias de quienes eran consideradas favoritas, como la norteamericana Joyce Carol Oates y la canadiense Margaret Atwood, las decisiones de los académicos suecos, que practican un mutismo similar al de los monjes de clausura, suelen ser imprevisibles. Pero, más allá de la sorpresa inicial, el reconocimiento a Jelinek es, para muchos, un acto de justicia; en ella se conjugan virtudes literarias y su activo papel de polemista, en especial contra la hipocresía de la sociedad austríaca y el anterior gobierno derechista integrado por Joerg Haider. “Aún no soy consciente de que me han otorgado el Premio Nobel. Todavía no puedo sentir nada, me siento vacía”, dijo Jelinek, una de las más controvertidas escritoras contemporáneas de habla alemana, a quien en Buenos Aires se conoce por Lo que pasó cuando Nora dejó a su marido o los pilares de las sociedades, su primera pieza dramática publicada en 1977, y estrenada con puesta de Rubén Szuchmacher, el año pasado, en el teatro San Martín.
Jelinek, la décima mujer en la historia que gana el máximo galardón de las letras, fue premiada por el “flujo musical de voces y contravoces en sus novelas y dramas, que con extraordinario entusiasmo lingüístico revelan lo absurdo de los clichés de la sociedad y su poder subyugante”, según informó la Academia Sueca en Estocolmo. La flamante Nobel de Literatura aseguró que no viajará a Estocolmo el próximo 10 de diciembre –día del aniversario de la muerte del inventor del premio, Alfred Nobel (1833-1896), inventor de la dinamita– porque padece de fobia social. “Sufro desde hace años, a intervalos regulares, de fobia social, lo que hace que no pueda soportar la muchedumbre”, declaró por teléfono desde Viena. “Puedo salir en círculos pequeños y viajar a Munich (Alemania) para visitar a mi marido, pero no puedo frecuentar el gentío”, explicó la escritora. Su editora irá a recibir el premio de 1.360.000 dólares.
Hija de un judío checo y una austríaca de familia acomodada, Jelinek nació el 20 de octubre de 1946, en la localidad de Muerzzuschlag, pero se crió en Viena. Estudió francés y ballet desde los cuatro años y a partir de los 14 recibió clases de piano, composición musical y teatral en el conservatorio de Viena y, posteriormente, se matriculó en Ciencias del Teatro e Historia del Arte en la Universidad de esa ciudad. En 1967 comenzó a escribir textos en prosa que fueron publicados en antologías y revistas literarias. Su primer libro de poemas fue Las sombras de Lisa, y en 1970 se editó su novela inaugural Somos reclamos, baby. “Soy elogiada como autora dramática cuando en realidad yo no sé nada de teatro. Escribo contra el teatro. No me imagino nada más absurdo que personas vivas en un escenario”, dijo Jelinek, ganadora del premio Georg Büchner (1998), la más alta distinción de la lengua alemana.
Feminista y defensora de ideas de izquierda (perteneció al Partido Comunista entre 1974 y 1991), Jelinek ha sufrido en su país el ataque de los partidos de derecha, y tras la llegada al gobierno de la coalición integrada por Haider, sus obras fueron prohibidas en los teatros públicos austríacos. El Nobel es “una sorpresa y un gran honor”, señaló ayer en declaraciones a la radio pública sueca, aunque estimó que Austria “no podía colocarse el premio como flor de ojal”. El motor de sus preocupaciones literarias y teatrales deviene en un crudo análisis de la condición de la mujer y de las relaciones sociales, en una actitud crítica que continúa la tradición de ilustres polemistas austríacos como Karl Krauss y Thomas Bernhard. Entre las principales obras de la escritora figuran Los excluidos (1992), El ansia (1993), Las amantes (1994), El, no como él (1998), dedicada al injustamente olvidado escritor suizo Robert Walser; El texto puesto en escena (2000), o La pianista, adaptada al cine por Michael Haneke con el nombre de La profesora de piano e interpretada por Isabelle Huppert, film que obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes en 2001. En su momento, la obra fue considerada “pornográfica” e incluso la crítica llegó a decir que se trataba de la exposición de las vivencias de Jelinek. La pianista refleja la historia de Erika, una mujer de 40 años, maestra de piano en el Conservatorio de Viena, cuyos días transcurren al lado de una madre obsesiva y controladora, y que vive el sexo de forma voyeurista y masoquista, debido a las automutilaciones a las que se somete.
En Buenos Aires, en el Instituto Goethe, se presentará en noviembre No importa, no importa, una trilogía sobre la muerte, dirigida por Luis Cano. En el programa de mano que está preparando, el dramaturgo y director señala: “Personajes medio enterrados hacen gestos hasta la muerte, como si ayudara. No importa que se mueran, se dejan mirar y quiero verlos, con una luz que no los disimule. Entre ellos y yo una víctima: el momento del teatro. Quisiera precisar lo artificial del caso, e incluso que al final caiga un telón y termine la obra. Un gesto de lucidez, como Jelinek”. La editorial Sudamericana informó ayer que en noviembre se publicarán en Argentina dos de las novelas de Jelinek, traducidas al castellano y editadas en España por Mondadori: La pianista y Los excluidos.

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Jelinek no viajará a Estocolmo. Sufre fobia social.
 
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