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Miserias de la historia

 Por Gustavo Veiga

Madiba cumplió 90 años y Sepp Blatter lo saludó. “¡Me enorgullece ser tu amigo, querido Madiba!”, le escribió. Madiba representó siempre la lucha contra la opresión, el racismo y una palabra odiosa que Evo Morales desempolvó cuando la FIFA quiso privar a Bolivia de jugar en La Paz: apartheid. A esa medida –que no prosperó– la llamó “apartheid del fútbol”.

Madiba, su nombre de clan, es el líder vivo más respetado de la política mundial. Y desde que recuperó la libertad, el 11 de febrero de 1990, se ganó a todos, a derecha e izquierda. Muchos personajes que lo reivindican y que gustan sacarse fotografías con él, poco o nada saben de su historia: estuvo detenido 27 años y creó el brazo armado del ANC, la organización político-militar a la que pertenece y gobierna en Sudáfrica.

En prisión pasó 18 años en la temible isla Robben, donde alentó la creación de la Makana Football Association, que reunía a los detenidos políticos en partidos de fútbol bajo el nombre de esa liga entre rejas. Madiba alguna vez contó que, también allí, disfrutó cómo Sudamérica XV (Los Pumas camuflados) vencían a los Springboks en 1982. Claro que ese test match se jugó para violar el boicot impuesto por la ONU contra el régimen sudafricano y no para ayudar a la caída del apartheid. La bronca contra aquella selección –sólo integrada por blancos– podía más en el espíritu invulnerable de Madiba.

Blatter, cuando su “amigo” seguía los goles de la Liga de Makana, ya era secretario general de la FIFA. Joao Havelange (su jefe) ya adhería al aislamiento contra el apartheid, allá por 1976. Era una causa políticamente correcta, con consenso. Pero, en cambio, dejaba hacer el Mundial ’78 a los genocidas de aquí, socios del régimen racista en épocas de la represión. Con una miscelánea adicional: José Alfredo Martínez de Hoz y el general Albano Harguindeguy solían ir de safari a Sudáfrica.

El fútbol puede unir o desunir a los pueblos; también abrazar las peores o las mejores causas. El 18 de junio de 2005, durante el Argentina-Australia de la Copa Confederaciones, la FIFA no permitió en el estadio carteles de “verdad y justicia”, portados por militantes de derechos humanos alemanes que pedían por los juicios a militares argentinos aquí. Nelson Mandela no tiene por qué saber estas cosas. Cumplió 90 años, su país organizará el Mundial 2010 y está por encima de ciertas miserias de la historia. Aunque duelan.

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