DEPORTES › OPINION

¿Por qué para adentro no?

 Por Diego Bonadeo

Cuando hace dieciséis años, con la anuencia explícita –¿cuándo no?– de sus fieles operadores mediáticos (Araujo, Niembro, Paenza, entre otros), Carlos Bilardo afirmó en la Copa del Mundo de 1994 que “todos” estaban “atrasados veinte años”, estaba sentando las bases de una más de sus innumerables paparruchadas, de las que se harían eco varios amanuenses del tacticismo a la violeta. Parte del supuesto “atraso” al que por entonces hacía referencia el actual inentendible nosesabebienquécosa de la Asociación del Fútbol Argentino, estaba referida a otra flagrante inexactitud, producto de su inveterada ignorancia del juego: “Los wines no existen más”, o algo parecido.

A partir de semejante disparate, seguidores varios del proveedor de bidones, como el propio Araujo o el relator Pons, pretendieron difundir otra maravillosa estupidez: “Para adentro, no”, haciendo referencia a los defensores que, desde las cercanías de los laterales, habilitan a compañeros mejor ubicados más hacia el centro de la cancha. Como si un futbolista libre lejos de las bandas no pudiera cumplir mejor en cuanto a la posesión de la pelota que uno que pega un pelotazo a dividir.

Esta es una más de las tonterías que aparecen como verdades reveladas. Como la del relator Morales, respecto de su aburrimiento por la manera de jugar de la selección española, que llevó a uno de sus fieles monaguillos a afirmar con énfasis que David Villa fue el mejor jugador del Mundial, como si Xavi, Iniesta y Piqué, entre otros, no existieran. Ya que de Iniesta se trata, sería bueno que cuando Araujo cuenta por la televisión pública que el volante de Barcelona “lucha”, recuerde que luchan los gladiadores y que Iniesta es un orfebre.

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