DEPORTES › SIN MAYORES INCIDENTES SE LLEVO A CABO LA CLASIFICACION DEL SUPERTC2000

Viajan más rápido pero andan más lento

Los autos llegaron a 255 km/h en la frenada de Figueroa Alcorta, 9km/h más veloces que el año pasado en el Obelisco, pero el poleman Altuna hizo un promedio bastante más lento que Ledesma en 2012. Hubo menos público de lo que se esperaba.

 Por Pablo Vignone

Paradójico: en el circuito callejero de Palermo se viaja más rápido pero se anda más lento. Los autos del SuperTC2000 alcanzaron los 255 km/h en la ondulante frenada de la avenida Figueroa Alcorta (en el Obelisco, el año pasado, marcaron 246 km/h), pero para completar los 2780 metros de la pista, Mariano Altuna (Peugeot) clavó la pole-position a 138,475 km/h, bastante menos que los 155,055 que marcó Christian Ledesma un año atrás entre Plaza de Mayo y la 9 de Julio. Tan paradójico como que los temores por la seguridad del circuito no se vieron reflejados por el vértigo de ayer. De todas maneras, hasta que la carrera no acabe hoy (a 36 vueltas, se larga a las 13, televisa Canal 13 desde las 11) nadie respirará tranquilo definitivamente. Mucho menos, los organizadores.

El brutal quejido de los V8 quebró la paz matinal a las 9.40 y el incidente más grave de la jornada tuvo lugar media hora después. Para un accidente así, nada mejor que chocar frente al edificio del Automóvil Club; fue lo que sucedió, cuando Néstor Girolami se pasó en la frenada y su compañero Matías Muñoz Marchesi, que ya estaba doblando la primera horquilla cerrada de la pista, lo embistió. Al Peugeot del último ganador del STC2000 hubo que cambiarle completo el tren trasero y desarrugarle los bollos. Quedó un palier herido que expiró horas más tarde, cuando Girolami iba en busca de la pole-position; por eso quedó cuarto para largar hoy.

La pista ondulada y sucia provocaba roturas de parrillas de suspensión (a Damián Fineschi se le torcieron dos en su Honda) y pinchaduras de gomas (los Fiat del campeón López y Facundo Ardusso sufrieron una cada uno). Altuna estaba preocupado porque las ondulaciones le habían roto el alternador “y sin corriente el auto resiste dos vueltas apenas”. Pero los muros resistían bien. “Uno se me corrió para adentro”, bromeó con cierta amargura el uruguayo Gerardo Salaverría, que estampó su Focus contra la pared doblando en la calle Tagle. No correrá hoy: el arreglo de su auto costará más de 150 mil pesos...

Los pilotos fueron soltando sus aprensiones a medida que giraban, pero no perdieron el respeto por el circuito. “Yo di como 20 vueltas rápidas y seguro me equivoqué en diez”, contó el campeón López, al final segundo en la clasificación. Ni siquiera ser local proporcionó inmunidad. El único porteño de la carrera, el joven Franco Vivian, estampó su Chevrolet en la esquina de Tagle y Alcorta, contra un muro. De eso sabe algo: cursa cuarto año de Arquitectura en la UBA.

Las dificultades se incrementaron a la hora de la clasificación. “Bajó el sol y lo tuvimos de frente en Libertador –cuenta Altuna–. Perdimos la referencia de la frenada, y ahí se viene a 230 km/h... Empezamos a pasarnos de largo hasta que le tomamos la mano en la segunda vuelta. Embocar la esquina de Tagle no es fácil pero no hubo mayores problemas.”

Si hubo coincidencia en que el circuito generó menos riesgo de lo esperado, también la hubo respecto de la concurrencia, menor que la registrada un año atrás, el sábado de clasificación, en el Obelisco. Los VIP pudieron comer debajo de las tribunas instaladas en Figueroa Alcorta y en Libertador; entre los lugares gratuitos, en la periferia del circuito, se vio buena cantidad de gente cerca del Palais de Glace; en las escalinatas de la Facultad de Derecho se advirtieron claros importantes.

Daba vueltas pero a pie Mauro Giallombardo, el campeón de TC, sin auto en esta categoría. “Me quiero matar, el automovilismo es una droga”, se lamentaba. La presidenta de la asociación Madres del Dolor, Silvia Irigaray, cuestionó la carrera y sostuvo que “por lo menos habría que haber realizado durante todo el evento una campaña de difusión de seguridad vial para generar conciencia, porque si no al día siguiente aparece un inconsciente que vio la carrera por la tele y se le ocurre ir a 250 km/h por Figueroa Alcorta”.

Por la recta de boxes, los autos pasaban a más de 200 km/h. En el edificio de Libertador 1734 se veía a 18 personas en la terraza y una sola en los balcones. En la torre de la esquina con Austria los autos de carrera no despertaban interés. “Estos se fueron todos a Miami o al country”, señaló un visitante de boxes, de los que había muchos.

Después de haber arañado los 250 km/h de contramano por Figueroa Alcorta durante los entrenamientos, la velocidad alcanzó allí los 255 km/h en la clasificación. “Cuando les tomé la mano a las ondulaciones me parecía ir despacio”, contó Altuna, que recién ayer se subió por primera vez a su 408 de carrera. “Tengo el 90 por ciento del triunfo, el 10 restante es cuestión de suerte.” ¿Correr de noche el próximo año, como está en los planes? “De noche no, porque es otro stress, se va muy rápido acá.”

Para López, “esta carrera y otra en el Autódromo no tienen que ser excluyentes”. El Fiat del campeón terminó de armarse el viernes. “En un callejero uno no puede ponerse quisquilloso, la seguridad estuvo correcta, la chicana tan discutida quedó muy bien. Terminé segundo porque no aproveché ciento por ciento mi auto, por errores propios.” Para Ardusso, que largará tercero detrás de los dos más veloces, este circuito “es superador de lo del año pasado”.

Completaron los diez mejores para la carrera de hoy Pernía (Renault), Spataro (Renault), Ledesma (Honda), Ortelli (Renault), Rossi (Toyota) y Yannantuoni (Renault). “Va a ser una carrera para cortar clavos”, la definió Ulises Armellini, el DT de Peugeot. Nunca mejor definido.

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Mariano Altuna en la curva de Tagle. El poleman de ayer fue bastante más lento que Ledesma en el Obelisco.
Imagen: DyN
 
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