DEPORTES › HERIDOS FUGADOS DEL HOSPITAL TRAS EL FEROZ ATAQUE EN QUILMES

La violencia y el día después

Tres de los barrabravas de Quilmes que fueron internados tras la brutal batalla en el estadio Centenario se escaparon ayer del hospital. Los dos apuñalados están fuera de peligro y en buen estado general.

 Por Facundo Martínez

Las imágenes son contundentes. La pelea interna entre dos facciones de la barra brava de Quilmes no debería dejar lugar a duda. Hubo corridas, trompadas, patadas, volaron caños y hasta un cajón de cervezas, y hubo también apuñalados, uno de los cuales quedó tendido sobre las gradas, malherido, con un pulmón perforado. El saldo final es de bronca e impotencia de parte de los hinchas que simplemente fueron el lunes por la noche al estadio Centenario para ver a su equipo frente a All Boys, en un partido clave en la lucha por el descenso. La batalla ocurrió en la previa. El partido se jugó igual y los de Floresta se quedaron con el triunfo por 2-1. La tarde noche ya estaba malograda. La violencia del fútbol escribió un nuevo capítulo sangriento.

La batalla fue planeada. Son dos familias las que pelean por el poder de la popular. Los Bustamante, dueños del tablón, y los Becerra, los que iban por el poder y terminaron llevándose la peor parte en la trifulca. Ramiro Bustamante está preso, pero sigue manejando desde la cárcel a su gente. Osvaldo Becerra pretendía sorprender a los Bustamante para recuperar el control de la tribuna y sus prebendas que, aunque los dirigentes del fútbol argentino se empeñan en desconocer, existen y suelen ser suculentas. Puestos de comida, venta de indumentaria, viajes, ingresos por estacionamientos: los barrabravas se han especializado en los últimos tiempos en incrementar sus fuentes de ingreso. Por obvias razones ocurre lo mismo con la violencia del fútbol, se ha incrementado.

Entre los diez heridos tras la batalla, tres fueron policías. Esa fuerza intentó infructuosamente detener a los violentos. Luego del feroz ataque, sólo se detuvo a tres personas.

Por la mañana de ayer, tres de los siete barrabravas de Quilmes que estaban heridos en el Hospital Isidoro Iriarte se fugaron sin tener el alta médica, según lo informó el director del hospital, Gustavo Wahnschaffe. “En el hospital tenemos personal de seguridad preventiva, no represiva, y policía adicional teníamos uno solo. Solicitamos refuerzos y llegaron más efectivos”, agregó.

Entre los heridos más graves, “dos presentan neumotórax, uno por traumatismo y otro por arma blanca, y otro presenta herida de arma blanca en el abdomen. Ninguno presenta compromiso en su estado general”, informó Wahnschaffe. Uno de los apuñalados es Mario Becerra, hijo del líder barrabrava Dedo Becerra, que pretendía recuperar el mando.

Es probable que tras el informe del árbitro Andrés Merlos a Quilmes le clausuren el estadio y que no pueda recibir a Boca en su casa. Será apenas un nuevo parche contra los violentos del fútbol, cuyo protagonismo creciente depara un mayor compromiso de los dirigentes del fútbol y las autoridades nacionales, provinciales y municipales.

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Contundente imagen de la batalla por el poder en la tribuna quilmeña.
Imagen: DyN
 
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