DEPORTES › SUDAMERICA SE EUROPEIZO, EUROPA JUEGA A LA SUDAMERICANA, SOLO UNA REGION HIZO NEGOCIO

Fútbol del mundo, el desequilibrado

La carrera de Brasil y de Argentina por incorporar dinámica europea a su juego terminó por confundir sus valores fundamentales. Del otro lado del Atlántico sumaron técnica al despliegue y ahora marcan el rumbo en el choque de potencias.

 Por Sebastián Fest

Desde Río de Janeiro

Durante décadas, el fútbol sudamericano se enorgulleció de que sus jugadores quisieran la pelota mucho más que los europeos, pero Brasil 2014 demostró que ya no siempre es así, y en ese intercambio entre dos mundos es Sudamérica la que salió perdiendo.

Sudamérica no gana un Mundial desde hace doce años, y desde entonces los tres títulos disputados quedaron en manos de potencias europeas: Italia, España y Alemania. Aquella “maldición” hacia los europeos, incapaces de ganar en América, se acabó el domingo.

El Brasil del jogo bonito, que en realidad no existe desde hace ya casi treinta años, cedió paso al Brasil de fuerza y defensa. Sólo Neymar le aportaba algo diferente a una selección que nunca convenció, pero que cuando se quedó sin el hombre del Barcelona se hundió estrepitosamente.

La Argentina que en 1978 conquistó con César Luis Menotti su primer Mundial viene transformándose desde hace mucho. Ya lo hizo cuando ganó México ’86 con Carlos Bilardo en el banco, y en las últimas décadas fue europeizándose cada vez más, hasta convertirse en un equipo con mucha fuerza, gran defensa y un fútbol que ya no encandila.

Pocos argentinos discutieron el cambio de patrón, porque estaban cansados de ser “campeones morales”. Hoy son bicampeones, pero el campeonato local perdió nivel de manera estrepitosa, y las divisiones inferiores son pasto de negocios y presiones insoportables para adolescentes que aún deberían encontrar placer en el juego.

La paradoja es que mientras los dos grandes sudamericanos cambiaban su identidad, Europa se basaba en aquel pasado de fútbol lujoso para transformarse. Mientras Sudamérica se europeizaba, Europa se latinizaba.

Está claro que los ’70 y los ’80 son en parte difíciles de comparar con el fútbol actual: todo es mucho más profesional, todo se estudia al milímetro, los jugadores son atletas llevados al límite de sus posibilidades físicas.

Sin embargo, una selección como Colombia demuestra que se puede seguir siendo fiel a las raíces en el nuevo fútbol actual, aunque los cafeteros nunca hayan convivido con la presión de estar obligados a ganar por historia. Son irresponsablemente libres aún.

Alemania, que sí está presionada por una historia de éxitos, demuestra que se puede aprender de lo que los otros tienen y uno no. Lo que Brasil y Argentina perdieron en las últimas décadas es lo que Menotti sintetiza en un concepto: “La pelota como base cultural de sus movimientos”. Esa base cultural es ahora excepción y no norma en los dos grandes del fútbol sudamericano.

No puede ser la norma porque ambos viven de urgencia en urgencia, exportando centenares de jugadores –muchos de ellos sin formación completa– a Europa cada año. Lo bueno que surge en casa se esfuma rápido. Atrás queda un campo cada vez más yermo y ansiedades cada vez más intensas. Del otro lado del Atlántico hay dinero, infraestructura y tiempo, ése que en el sur corre más rápido.

Ya ni el más desinformado de los periodistas anglosajones insiste con “la Furia” a la hora de hablar de España, una selección que transformó su imagen porque cambió su patrón de juego. Y sería ofensivo seguir hablando de “tanques” alemanes, porque en la Bundesliga y en la selección se juega un fútbol que es envidia mundial.

Lo que sí continúan siendo los alemanes es metódicos. Hace poco más de una década su fútbol estaba agotado. La fuerza, la presión y el juego aéreo seguían ahí, pero sin convicción ni jugadores. Eran los tiempos en los que se despedían de la Eurocopa a las primeras de cambio.

Joachim Löw, el seleccionador que llevó a Alemania a un título mundial tras 24 años de espera, estudió junto a su entonces jefe, Jürgen Klinsmann, qué hacer, qué cambiar. “Se decidió entonces invertir en formación y en tener futbolistas técnicamente mejores. Sólo con las virtudes alemanas no habría habido progresos.”

Diez años después, ese trabajo desembocó en un título en el Maracaná. En el medio hubo dudas, reflejadas por ejemplo en el verdadero terror que sentían los alemanes antes de los cuartos de final de Alemania 2006. Temían que Argentina optara por los “bajitos”, por Javier Saviola y Lionel Messi. Por diversas razones jugaron otros, Argentina se fue eliminada en los penales tras un partido que dominó, y desde entonces Alemania le muestra los crudos límites de la realidad.

Derrota por goleada de 4-0 en los cuartos de final de Sudáfrica 2010 y título mundial en el alargue de Brasil 2014 con el gol de Götze que definió como los sudamericanos de aquel pasado esfumado. Alemania va en una dirección, Argentina, en otra. Y en el medio, un 7-1 de Alemania a Brasil para demostrar que en el ida y vuelta entre las dos regiones potencia del fútbol hay una que hizo mal negocio.

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Argentina arrancó el Mundial jugando de una manera, terminó jugándolo de otra.
Imagen: AFP
 
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