DEPORTES › CON MESSI Y MASCHERANO, EL EQUIPO CATALAN SE QUEDO CON LA CHAMPIONS LEAGUE EN UN GRAN PARTIDO

El fútbol vuelve a darle las gracias al Barcelona

Fueron 90 minutos de enorme atractivo en Berlín, en los que los azulgrana se impusieron a la Juventus de Tevez con goles de Rakitic, Suárez y Neymar. Iniesta fue declarado el mejor jugador, Xavi se despidió de su club.

 Por Pablo Vignone

El Barcelona extiende su incuestionable hegemonía en el fútbol mundial al ganar uno de los partidos más atractivos de los últimos tiempos, frente a un rival, la Juventus, que estuvo a la altura de las circunstancias pese a que se suponía que no habría equivalencias entre ambos. La final de la Champions League, en Berlín, resultó otro formidable obsequio del fútbol a sus fanáticos y premió al mejor equipo del planeta en la última década, que conquistó así en una jornada repleta de símbolos su cuarta Champions en diez años: 2006, 2009, 2011 y ésta, siempre con Lionel Messi a bordo, quien quedó a sólo una Copa de la marca de Alfredo Di Stéfano.

El rosarino no estuvo acaso en el nivel más exquisito que ha sabido mostrar desde enero, no brilló ni deslumbró y, de hecho, fue el único de los tres temibles integrantes de la delantera azulgrana que no marcó; sin embargo, se hizo presente en la generación de los tres tantos del triunfo y es innegable la contribución que efectuó a la conquista con sus lanzamientos.

Con el Barcelona ahogado por la sorpresa de una Juve asfixiante, apeló al cambio de frente que Jordi Alba transformó en toque para Neymar, una pelota que la incalculable inteligencia de Iniesta dejó en los pies del croata Rakitic solo ante Buffon; luego, cuando el equipo catalán parecía groggy luego del empate italiano, con una corrida típica y un zurdazo furibundo que tomó desacomodado al arquero Buffon y que el uruguayo Luis Suárez transformó en el 2-1; y, sobre el cierre, imprimiéndole ritmo a la réplica tras la salida de un corner, para que entre Pedro, Piqué y Neymar, finalmente verdugo, le pusieran moño al éxito.

La Juventus fabricó una actuación bastante más digna de la que se esperaba, pero estaba obligada a ser “mejor que perfecta” para tener chances, en palabras de Carlos Tevez. El delantero dispuso de cuatro remates al arco pero no convirtió: suya fue la fantástica media vuelta que rechaza Ter Stegen para dejar la pelota en los pies de Morata, quien señalaría el empate transitorio; la jugada había nacido en un bellísimo tacazo de Marchisio. Pero en esa carencia de eficacia radicó la razón del resultado.

El Barcelona desperdició muchísimas situaciones, esencialmente en el primer tiempo, mientras entre Iniesta y Busquets bastoneaban el ritmo del juego; pero cuando peor la pasaba siempre reaccionó favorablemente: en el arranque, llegó al gol en su primer ataque; en el complemento, cuando la Juve estaba a un paso del 2-1. Parece imposible poder vencer a un equipo con semejantes facultades de reinvención.

De un arco a otro fue un partido fabuloso: patearon 32 veces al arco, 18 el Barcelona y 14 la Juventus; el equipo catalán acertó 505 de los 570 pases que ensayó y controló el balón durante el 61 por ciento del choque. El conjunto italiano se vio obligado a cometer el doble de faltas (24 a 12) que su rival para poder mantenerlo a raya, y logró sostener el interés durante la mayor parte del encuentro. Acaso no habría sido tan vivaz la final si los catalanes hubiesen pronto ajustado el resultado a tenor de lo que habían jugado en la primera mitad.

El escaso 1-0 con el que arribaron al entretiempo casi les cuesta caro; en cambio, el gol que no le convalidaron a Neymar, cuando el partido todavía estaba 2-1 y la pelota le pegó en la mano antes de entrar al arco, le impidió ser el único goleador de esta edición de la Champions. En ese caso, y con el tanto del cierre del partido, habría sumado 11 goles, uno más que Messi y Cristiano Ronaldo; los tres compartieron en definitiva el halago.

La conquista de la Champions significa para el Barcelona la Triple Corona, ya obtenidas la Liga y la Copa del rey. Para Messi y Javier Mascherano –que jugó una final con bemoles– puede resultar un buen aperitivo para seguir bañándose en gloria en la inminente Copa América, antes de soñar con el Mundial de Clubes.

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