ECONOMIA › OPINION

La economía y el voto de los porteños

 Por Rubén Seijo *
y Martín Mangas **

Estamos a pocos días de la segunda vuelta electoral en la ciudad de Buenos Aires. El 10 de julio, Mauricio Macri cosechó el 47 por ciento de los votos, situación que algunos llegaron a comparar con el voto a la reelección de Carlos Menem en 1995. La realidad es que en aquel momento, si bien Menem ya había hecho todo lo contrario a lo prometido en su primera campaña electoral, obtuvo una cantidad significativa de votos por los intereses económicos de una población endeudada en dólares que apostaba al mantenimiento de la convertibilidad y un falso bienestar económico que explotó en diciembre de 2001.

El jefe de Gobierno porteño que va por su reelección también ha hecho todo lo contrario a lo prometido, pero el bienestar económico del que gozan los ciudadanos de Buenos Aires es producto de las políticas nacionales a las que él mismo se opone.

En 2007, en la campaña anterior, Macri prometió bajar los impuestos. Sin embargo, los aumentó a todos. La tasa de Alumbrado, Barrido y Limpieza (ABL) tuvo una suba promedio del ciento por ciento, se hizo en forma regresiva, afectando mucho más a los sectores medios y bajos, y sin modificar sustancialmente la valuación de las propiedades de mayor valor. Además, aumentó la alícuota del impuesto a los Ingresos Brutos, que afecta en forma directa a los pequeños y medianos comerciantes, y por ende, al ser trasladado a precios, el poder adquisitivo de los asalariados.

A lo anterior le siguió una política de endeudamiento de las más importantes que se recuerden en la Ciudad desde su autonomía, cuyo efecto fue la duplicación de los recursos que se destinan al pago de intereses de la deuda. El crecimiento de la deuda fue mayor al 150 por ciento, mientras el gobierno nacional renegoció la deuda externa con quitas nunca antes vistas en el concierto internacional.

No conforme con ello, además vetó la ley de creación de un laboratorio estatal para la producción de medicamentos. Lo que allí se iba a producir estaba destinado a los hospitales públicos y a los centros asistenciales de salud. El impacto de la medida fue precios más altos para los usuarios, costos más altos para el Estado y mayores negocios para los laboratorios privados.

A la baja del presupuesto en las funciones de Salud y Educación, el gobierno macrista le ha sumado la incapacidad para poder ejecutar los recursos disponibles. El año pasado, cuando por el deterioro de los edificios y la falta de gas estalló el conflicto en las escuelas públicas, sólo se había ejecutado el 40 por ciento del monto presupuestado para obras. El mismo nivel de inoperancia e ineficiencia para ejecutar el presupuesto explica el estado de abandono y la falta de medicamentos en los treinta y tres hospitales porteños, sumado al incumplimiento de la promesa de construir el hospital en Villa Lugano.

En materia de vivienda, los números son humillantes para cualquier gestión pública. Prometió 40 mil viviendas, comenzó y aún no finalizó la construcción de 290. Tan sólo el 0,73 por ciento. Otro slogan de su primera campaña fue la construcción de 40 kilómetros de subtes. Pese a que la Ciudad se endeudó como nunca antes y a tasas altísimas, las obras prácticamente no se ejecutaron por la ausencia de pliegos y proyectos para concretarlas.

Macri, de igual modo que el resto de los neoliberales, promete “achicar el Estado para agrandar la Nación”. Achicó las funciones sociales, pero aumentó la cantidad de funcionarios políticos, triplicando la plantilla de 473 a 1256.

Cuando se repasan estos datos de cuatro años de gestión, en primer lugar demuestran que la tan mentada “eficiencia” es puro verso. Pero además, la sensación no es de asco, como expresó sentir Fito Páez, sino de asombro, al ver cómo una porción importante del electorado –quizás inducida por acciones de un marketing vacío de contenido– vota en contra de sus intereses.

La política macrista no ha beneficiado ni a los excluidos ni a los trabajadores ni a los pequeños y medianos comerciantes y empresarios ni a los profesionales. De ellos depende en gran medida que el 31 de julio la gestión en la Ciudad cambie para ayudar a profundizar el modelo nacional iniciado en 2003, que es el que realmente ha generado beneficios económicos y sociales para un conjunto vastísimo no sólo de la población de la ciudad de Buenos Aires, sino del país todo.

* Docente de Economía de la UBA y subsecretario de la Universidad de Quilmes.
** Secretario de Administración de la Universidad de General Sarmiento.

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