ECONOMíA › OPINION

El retorno de la Exxon al país (II)

 Por José Andrés Repar *

El domingo 24, un artículo de opinión con el mismo título expresaba en el último párrafo que a pesar de que la Exxon se hallaba devaluada en el ranking mundial “sigue siendo una empresa poderosa por valor de mercado, por tecnología, por dinámica, por capacidad de inversión, pero es un león sin garras. ¡Bienvenida entonces esta vez, Exxon a la Argentina!”. Este concepto de bienvenida merece algunas reflexiones.

La bienvenida asume que la empresa se adaptará a las políticas del país y a las nuevas reglas de juego que puedan implementarse a partir de las nuevas posibilidades que nos brindan las enormes reservas de shale gas. Como bien se dijo, enormes reservas probables (multiplica por 40 las actuales) y a un porcentaje importante de comprobadas a partir de varios pozos en la cuenca neuquina que implican y que abren a un debate y a una acción de las oportunidades y de las condiciones que la nación soberana imponga a esa extracción.

La Exxon es una empresa que actuó fuera de Estados Unidos bajo los conceptos del Departamento de Estado. En shale gas, desde 2006, ha tenido en EE.UU. un desarrollo muy firme y podría decirse casi explosivo. En estos pocos años se han conformado innovaciones tecnológicas de extracción que posibilitan que se haya incrementado la producción de gas en las cuencas existentes y en declive productivo. Hoy, en cinco años el 30 por ciento del gas producido proviene de esas nuevas tecnologías de extracción. Lo que ha modificado el escenario del gas natural fueron esas nuevas tecnologías.

Como se sabe, el petróleo y el gas se generan en lo que se llaman rocas madres por lo general y preponderantemente compuestas por arcillas. Las arcillas son millones de pequeños granos provenientes de la erosión climática en la superficie de la tierra por la acción del agua, el roce de rocas, la eventual acción de bacterias durante millones de años. Las aguas dulces y/o saladas (mares) conformaron en los períodos geológicos jurásico, cretácico y devoniano capas importantes de ese conjunto de arcillas con restos de carbono biológico mezclado. Esas capas sepultadas por los movimientos geológicos conformaron un verdadero “humus” subterráneo donde se generaron formas ordenadas de energía química a partir de cadenas de hidrocarburos. Esos depósitos se concatenaron con enormes desplazamientos y hundimientos que con una dinámica de presión y distintos grados de “maduración” térmica conformaron la producción y el depósito de petróleo y de gas. Dichas rocas hoy son de porosidad muy baja y poseen en los intersticios muy compactos de dichos granos micro depósitos de petróleo y las rocas de más maduración importantes densidades de shale gas o gas de las arcillas.

Esas rocas madre por analogía y parámetros físicos y químicos hoy son posibles de ser clasificadas y ubicados sus niveles de densidad de petróleo y gas. Así, cada tonelada de roca madre cumple las condiciones de ser madre, es decir estar a una profundidad entre 1000 y 5000 metros, provenir de una deposición marina o de agua dulce, tener carbono de restos biológicos y una sobrepresión y madurez. Este conjunto de condiciones hacen que esa roca madre pueda poseer en promedio hasta 200scf de gas natural del orden de 6 m3 de gas a 1 atmósfera presión estándar por cada tonelada de roca madre (Informe de la Agencia Internacional de Energía de abril 2011).

En Neuquén nos encontramos no con una formación, sino con dos capas de roca madre diferenciadas, una a más profundidad que la otra. La más profunda es la llamada Los Molles y la otra, por encima y más reciente geológicamente, llamada formación de la Vaca Muerta. En ambas se sabe con certeza que hay gas y petróleo, dado que se han hecho más de diez perforaciones verticales convencionales. Las dos perforaciones horizontales con fracturamiento de rocas realizadas recientemente por YPF y Apache confirmaron la presencia de importantísimas reservas de hidrocarburos y un flujo extractivo interesante.

De confirmarse las analogías en las cuencas restantes del país en los próximos años, se observará un incremento de las reservas de gas a valores 40 veces superiores a los actuales. Esa cantidad implica pensar en otro país, ya no un país con gas, sino un posible país gasífero.

Para obtener una cantidad razonable de shale gas en superficie es necesario pensar en recursos inteligentes, tecnológicos y financieros importantes y crecientes. La Argentina puede articular muchos recursos que posee. Implica una política nacional firme y una apuesta donde sí es posible encarar no como bienvenida sino como asociación empresaria y tecnológica a las empresas extranjeras.

La Argentina debería antes de invitar abiertamente a la empresas que desarrollen actividades extractivas, conformar consorcios con ellas y estructurar un desarrollo tecnológico propio. Este desarrollo tecnológico propio involucra la conjunción del Estado con las universidades, los complejos científicos técnicos y la comunidad productiva. El desarrollo shale gas implica contar con 40 o 50 equipos de perforación completos. Esto solo conlleva a una importación de más de 1000 millones de dólares. En resumen, estamos ante una oportunidad que nos brinda este gobierno, donde la conciencia, la acción y la gestión en pos de la ciencia y la tecnología es única en la historia del país. Bajo este marco es posible establecer entonces algunas condiciones a la expresión de bienvenida a Exxon.

* Ex vicepresidente de Enargas y especialista en temas energéticos.

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