ECONOMIA › IMPACTANTE EMISION DE DEUDA EN SOLO TRES MESES: 33.199 MILLONES DE DOLARES

Festival de bonos

El gobierno nacional, provincias y empresas han concretado en un período muy corto el mayor aumento nominal de la deuda en dólares de la historia argentina. Esa cuenta seguirá subiendo en el resto del año.

 Por Alfredo Zaiat

El nuevo ciclo de endeudamiento externo público y privado comenzó con 26.710 millones de dólares en apenas tres meses. Se suman otros 5000 millones de dólares recibidos por el Banco Central en un préstamo de corto plazo, con una garantía de 10 mil millones en bonos públicos. Más otros 1489 millones en Letras del Tesoro a corto plazo. El saldo en un solo trimestre alcanzó los 33.199 millones de dólares. Ese monto seguirá aumentando en lo que queda del año. Esta semana habrá una nueva ronda de esas Letras en dólares a 3, 6 y 8 meses, y el plan del blanqueo de capitales de por lo menos 20 mil millones de dólares, según estimaron funcionarios de Hacienda y Finanzas, tiene previsto que una parte se canalice a través de la emisión de títulos públicos a tres y cinco años.

El inmenso esfuerzo social de cancelación neta de deuda iniciado con el pago al FMI, en enero de 2006, proceso que se extendió hasta el final del anterior gobierno, dejó el terreno despejado para que un gobierno conservador pudiera desplegar lo que mejor sabe hacer: endeudamiento gigantesco para maquillar el descalabro fiscal autoinfligido y para abordar la debilidad del sector externo por el déficit comercial y la constante fuga de capitales. Así fue durante la dictadura militar, en la década del noventa con la convertibilidad y ahora en el gobierno de Macri.

El Estado nacional, la mayoría de las provincias y grandes empresas han emitido títulos de deuda con frenesí desde el 9 de marzo pasado, cuando Buenos Aires inauguró el festival con 1250 millones de dólares a una tasa elevadísima del 9,125 por ciento anual. El territorio de la gobernadora María Eugenia Vidal también cerró estos tres meses con más títulos de deuda por otros 1000 millones de dólares, uno a tres años por 500 millones y otro a once por el resto, operación concretada el 8 de junio pasado. Las provincias, con lo ya colocado y próximo a emitir, sumarán en conjunto deuda por 8200 millones de dólares. Esta cuenta seguirá aumentando hasta fin de año.

El reingreso de Argentina en la mesa de la deuda en el casino financiero global es festejado por la banca internacional. El JP Morgan, entidad que está definiendo las colocaciones de papeles de deuda del gobierno nacional, lo expresó en un reciente informe a sus clientes donde destaca que la Argentina está liderando el festival de bonos de los mercados emergentes. La emisión de 16.500 millones de dólares para pagar unos 10 mil millones a los fondos buitre y el resto para cancelar otras deudas se convirtió en la colocación más abultada en lo que va del año. En el segundo escalón se ubicó Arabia Saudita con 10 mil millones de dólares.

El muy bajo nivel de deuda pública y privada en relación al Producto Interno Bruto facilitó este inicio vertiginoso de emisión de bonos. El desendeudamiento no fue sólo del Estado Nacional. Gustavo Neffa, de la firma Research traders, explicó que a fines de 2002 el stock de deuda de las provincias superaba el 20 por ciento del PIB, porcentaje que en 2014 se había reducido a poco más del 7. Esa caída redujo la carga de servicios de la deuda de 8,5 a menos de 5,0 por ciento de los ingresos provinciales.

La capitulación de Macri en el tribunal de Thomas Griesa aceptando las condiciones de pago a los fondos buitre abrió las puertas del mercado internacional de crédito voluntario. El gobierno salió rápido a financiarse y alentó a las provincias a hacer lo mismo. En lugar de monetizar parte del déficit fiscal y de cubrir el resto con deuda interna en pesos, atrapado en el fundamentalismo ortodoxo que prescribe que esa vía es inflacionaria, eligió la opción de emitir deuda en dólares.

La banca extranjera hoy está disfrutando de este festival sin analizar el proceso acelerado de deterioro fiscal autoinfligido por el macrismo. Está sumergida en el convencimiento del efecto positivo de las “expectativas favorables” de un gobierno “market friendly”. Además de ofrecer el negocio de comisiones a la banca y de ampliación de la plaza de especulación con bonos, la emisión de deuda pública del Estado nacional y de las provincias tiene el objetivo de acercar dólares financieros al frente externo debilitado y para financiar el deliberado aumento del déficit fiscal de estos seis meses. La colocación de deuda corporativa también está aportando dólares financieros (ver cuadro), con cuatro grandes empresas emitiendo en conjunto 2010 millones de dólares, y varias otras preparadas en la línea de largada.

El importante incremento de dólares financieros por la emisión de deuda, de la liquidación de la cosecha de soja y del ingreso de capitales golondrinas para aprovechar las muy elevadas tasas de interés del Banco Central permite financiar la constante fuga de capitales. Dólares que ingresan a las reservas emigran luego por remisión de utilidades de multinacionales, por servicios (turismo) y por fuga de ahorros hacia el dólar. Por esto último, sumó 4231 millones de dólares de enero a marzo. En la segunda quincena de diciembre del año pasado, cuando comenzó el gobierno de Mauricio Macri, la fuga fue de 1911 millones de dólares. En total, 6142 millones hasta fines de marzo, según el Balance Cambiario del Banco Central. Por el rubro turismo, la pérdida neta de dólares fue de 2210 millones en los primeres tres meses del año. El segundo trimestre está transcurriendo y no hay datos oficiales pero las entidades han adelantado que en promedio el sistema está vendiendo unos 800 millones de dólares por mes.

El déficit comercial acumulado hasta abril es de 58 millones de dólares, y no fue mayor por los despachos extraordinarios originados por la retención de cosecha en los silobolsas especulando con la devaluación de diciembre pasado. Los dólares financieros están cubriendo entonces la sangría por la fuga de capitales y del comercio exterior, que no tiene perspectivas favorables por la recesión brasileña y la fragilidad de la demanda internacional de los productos de exportación argentinos.

Descalabro fiscal

La impresionante transferencia de ingresos fiscales con la reducción de impuestos y eliminación de retenciones, con una recesión auto provocada por la fuerte devaluación inicial y el tarifazo, está poniendo en una situación crítica las cuentas públicas. Es la receta ortodoxa ofertista de apostar al crecimiento impulsando la inversión privada con reducción de impuestos. Es una política cuyo resultado es conocido: aumento del déficit fiscal que es cubierto por deuda pública sin impulsar el crecimiento económico y sí el incremento de las utilidades de los sectores beneficiados en materia impositiva. La devolución de fondos coparticipables a las provincias que se destinaban a la Anses y el tope al tarifazo agregan tensión en las cuentas fiscales, observan los informes ortodoxos de las consultoras de la city.

Luego de dibujar la herencia del déficit fiscal (el verdadero fue 2,3 por ciento del PIB, en base a los criterios internacionalmente aceptados; el inventado por el ministro Alfonso Prat Gay fue 7,0 por ciento), el equipo económico dispuso una sucesión de medidas en el frente impositivo que están derivando en un descalabro fiscal, que en estos meses ha sido reprimido artificialmente porque se frenó abruptamente el gasto público. Si se cumplieran las previsiones de Prat Gay, en este año se duplicaría el déficit fiscal heredado (el verdadero) sin conseguir la expansión de la economía, sin mejorar la competitividad vía tipo de cambio y consolidando una política monetaria contractiva de tasas de interés muy elevadas que facilitan la bicicleta financiera. Por esas previsiones negativas, que no son ignoradas por el resto de los economistas del oficialismo, se entienden las fuertes críticas internas que recibe Prat Gay, que sólo cuenta con el respaldo del presidente Macri.

Las cifras de la recaudación tributaria de mayo empezaron a reflejar el previsible impacto negativo de la recesión, ingresando la economía en el conocido círculo vicioso de deterioro desatado por el ajuste. Después de romper la copa de cristal, el gobierno busca repararla con iniciativas expansivas: devolución del IVA a grupos vulnerables, aceleración de pagos de juicios previsionales, reajuste de haberes a un sector de jubilados y habilitar el gasto público para obras y otros rubros que había sido congelado. Pero el ajuste ha convocado al peor de los monstruos y esas medidas tienen escaso efecto en la actividad atrapada en la recesión. La ortodoxia económica culpará entonces al sector político del gobierno por no haber hecho un ajuste más drástico, cuando es precisamente la decisión de ajustar la que ha derrumbado a la economía. Daniel Artana, economista de Fiel, lo dejó claro en un reciente artículo publicado en esa usina neoliberal: “En lugar de confiar en la mejora de la inversión se recurre a un aumento en el consumo impulsado por un mayor gasto estatal. Esto puede generar dudas sobre la sostenibilidad de las cuentas fiscales y externas de la Argentina. El riesgo país implícito en la deuda nacional es todavía muy elevado como para priorizar la coyuntura política dejando de lado la consistencia macro de largo plazo”.

La extraordinaria emisión de deuda viene a ocuparse también del frente fiscal. Pese a que se requieren pesos para cubrir esa cuenta, la estrategia oficial es que la Nación y las provincias se endeuden en dólares para atender necesidades en pesos. No hay que ser mago de las finanzas para descubrir que es una estrategia muy riesgosa. En la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri la pudo desplegar durante ocho años –política que hoy continúa su sucesor– porque es el distrito más rico, había un bajísimo nivel de deuda en relación al producto geográfico y ahora fue privilegiada en el reparto de recursos coparticipables. Para la Nación y el resto de las provincias es un camino cuyo desenlace es conocido.

El inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento público y privado actúa como una anestesia en la cotización del dólar, disimula la debilidad del sector externo y a la vez permite cubrir transitoriamente las cuentas de los estados provinciales y financiar el aumento del déficit fiscal a nivel nacional. Este adormecimiento facilita las ganancias financieras de corto plazo, lapso que el gobierno apuesta a que la esquiva lluvia de dólares por inversiones productivas y el blanqueo de capitales actúen como motor del crecimiento. Mientras prenden velas a esos salvavidas, se está desarrollando en sólo tres meses el más impactante aumento nominal de deuda en dólares de la historia argentina.

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Fuente: Elaboración propia en base a “Endeudamiento provincial, ¿dejá vu?”, de Gustavo Neffa, en Research for traders.

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Imagen: Alejandro Elías
 
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