EL MUNDO › ENCERRADO EN EL PALACIO PRESIDENCIAL, TEMER LE ESCAPA AL REPUDIO HACIA SU GOBIERNO ILEGITIMO Y LA DECEPCION DE SUS ALIADOS

A un mes del golpe parlamentario contra Dilma

A diferencia de Temer, Dilma y Lula han participado en varios actos desde el mes pasado. En el último, el líder del PT habló ante 100 mil personas, en San Pablo.

 Por Darío Pignotti

Desde Brasilia

Sobre la brevedad de Temer, las carteras Louis Vuitton y Fidel Castro. Este domingo se cumple un mes del gobierno ( ¿efímero? ) de Michel Temer visto con decepción por parte de sus aliados al comprobar su fracaso temprano, el que se constató en una encuesta donde la nueva administración aparece con el 11,3 por ciento de aprobación contra el 11,4 por ciento que tenía la encabezada por la presidenta electa Dilma Rousseff antes de ser suspendida por el Senado donde se le sustancia un juicio político de resultado incierto.

Después de 31 días en la presidencia Temer nunca salió del Palacio del Planalto advertido de que si lo hiciera se expondrá al repudio del público que en un 50,3 por ciento demanda elecciones anticipadas como las propuestas recientemente por Rousseff que también impulsa un plebiscito. Si hubiera elecciones este año, un objetivo por lo pronto improbable, el vencedor sería Luiz Inácio Lula da Silva que cuenta con el 22 por ciento de las intenciones de voto, cinco veces mayores que las del mandatario en ejercicio.

A diferencia de Temer, Dilma y Lula han participado en varios actos desde el mes pasado. El último de los cuales realizado el viernes cuando el líder del PT habló ante una importante concurrencia, que los organizadores estimaron en 100 mil personas, en el centro de San Pablo.

Ese fue el evento más importante de los organizados ese día en decenas de ciudades de 23 estados bajo la consigna “Fuera Temer”.

Posiblemente ningún dirigente del PT, la CUT o el MST habrían previsto realicar una jornada de protesta tan existosa apenas un mes después del asalto al Planalto de Temer con el apoyo del hombre fuerte de Diputados y conductor del impeachmente Eduardo Cunha.

Vistiendo camisa negra y saco al tono el viernes Lula parecía haber dejado atrás el abatimiento del 12 de mayo cuando cabizbajo acompañó a Dilma en su despedida del Planalto tras la apertura del impeachment.

Ante banderas rojas del MST y globos de la CUT Lula sedujo al público con una broma que fue el vermú de su discurso: “hay gente que escribe que estoy enfermo, no lo estoy, estoy mejor que cuando tenía 50 años, yo le digo a Marisa que estoy con 70 pero tengo la vitalidad de uno de 30. . . . pero me parece que ella no me cree . . . “.

Después de las risas vino el momento político: “todos los días salen noticias diciendo que quieren apresarme, que quieren que haya alguien que me delate en la justicia, que el PT es una organización delictiva. . . estoy con las bolas llenas . . . no podemos permitir que (la justicia) sea partidarizada, no perdono que (fiscales y jueces) filtren mis llamadas telefónicas para execrar mi imagen”, resaltó embravecido. Y remató con la frase posiblemente más aclamada de la noche: “cuando más me provoquen más corro el riesgo de ser candidato a presidente” en 2018”.

Hay razones para el enojo de Lula con la justicia “partidarizada” que hace 3 meses ordenó su traslado coercitivo a una sede policial por orden del juez a cargo del proceso por el “Petrolao” Sergio Moro, quien en realidad quería detenerlo pero no pudo hacerlo debido a la inmediata repulsa popular según dijeron fuentes seguras a Página12.

El caso es que después de más de un año de acoso judicial el único bien comprobadamente comprado con dinero de Lula, en realidad de su esposa, fue un bote de aluminio valuado en menos de 2.000 dólares con el que iba a pescar a una quinta. Los fiscales y la prensa se apresuraron a decir que ese era un “indicio” de que Lula era el dueño de la quinta donde pescaba. Pero el argumento fue tan poco serio que naufragó.

Hasta la fecha Moro y su equipo no pudieron demostrar que esa quinta es de Lula y fue remodelada con dinero del “Petrolao”.

Luego esa misma “Tropa de Choque” (así gustan ser llamados) revisó cada uno de los “Papeles de Panamá” y tampoco encontraron nada.

En cambio la Justicia demoró seis meses en procesar al mentor del golpe Eduardo Cunha y casi el mismo tiempo en abrir una causa contra su esposa y ex periodista de la cadena Globo Claudia Cruz.

No fueron jueces ni fiscales brasileños, sino suizos los que descubrieron cuentas ocultas de Cunha con cinco millones de dólares resultantes de sobornos cobrados en el “Petrolao”. Está prácticamente probado que fue con dinero escondido en Suiza que la periodista Cruz compró carteras Vuitton y trajes Chanel en Paris, el mismo año que despilfarró dinero sucio en en Nueva York, Roma y Dubai.

Las noticias recientes sobre los viajes de compra de la esposa de Cunha sumadas a las grabaciones de aliados de Temer acordando como voltear a Dilma para garantizar su impunidad judicial no dejan dudas de que Brasil está en manos de un grupo de banidos asociado a tecnócratas procedentes de los grandes bancos privados que diseñaron un programa de (contra)reformas a ser aplicado con urgencia. Una urgencia cada vez mayor debido a las incertidumbres sobre el destino de Temer cuya base en el Senado comienza a agrietarse poniendo en duda la holgada mayoría necesaria para votar por la destitución definitiva de Rousseff.

Claro que la mayoría de los congresistas ahora vacilantes, como es el caso del ubicuo ex atacante y ahora senador Romario, pueden volver a alinearse con Temer si éste los premia con puestos clave en el gobierno o el aparato del Estado. Lo que ocurra en el final del impeachment previsto para agosto es todavía un interrogante cuya resolución depende de la guerra política en curso entre demócratas y golpistas.

La caída de Dilma ha recibido varias definiciones entre las cuales una de las más acertadas es la de “golpe jurídico-mediático-empresarial” del doctor en ciencias poíticas André Kaisel de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana. Más allá del activismo de los jueces y los trucos de los medios grandes para maquillar a la bestia, lo medular del del golpe es implantar de un orden que subvierta al anterior como se ve en algunas medidas adoptadas en carácter de urgentes.

Así ocurre con la revisión de la política petrolera nacionalista con pivote en Petrobras, reemplazada por otra destinada a restituir un papel protagónico a las multinacionales en la explotación de los superpozos de aguas profundas en la zona geológica conocida como “pre-sal” situada principalmente en el litoral de Rio de Janeiro y San Pablo.

El nuevo presidente de la compañía estatal en vías de desguace es Pedro Parente, quien durante la última década actuó como ejecutivo de empresas privadas y antes de ello integró el gabinete del presidente Fernando Henrique Cardoso, recordado por haber ideado cambiar el nombre de la compañía por “Petrobrax”, para “hacerla más atractiva a los capitales extranjeros dentro de un plan que apuntaba a la privatización”, afirmó años atrás Rousseff, autora de la ley petrolera ahora amenazada de muerte.

Igual que con el despiece de Petrobras, que iniciará un proceso de “desinversiones” (léase privatizaciones y cesión de activos) ocurre con los programas sociales que permitieron el ascenso a la clase media baja de unos 40 millones de pobres desde 2003. El proyecto de ley que prevé un severo corte del gasto público a partir de 2017 será letal para los recursos destinados a Salud, Educación, al aumento del salario mínimo por encima de la inflación y los programas Bolsa Familia y Mi Casa Mi Vida, dijo el economista Marcio Pochmann, ex titular del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada.

Ese proyecto así como la reforma constitucional que prevé cambios, regresivos, en la jubiliación y los contratos de trabajo tienen por mentores al ministro de Hacienda y ex presidente del Banco de Boston Henrique Meirelles y al nuevo presidente del Banco Central Ilan Goldfjan ex jefe de economistas del Banco Itaú.

Lo que desnuda el carácter golpista de Temer, Cunha y los banqueros es su premura en aplicar programa opuesto al votado por 54,5 millones de electores en octubre de 2014, antes de que el Senado decida sobre la culpabilidad o inocencia de Rousseff. Con su prosa didáctica Lula comparó al conservdor Temer como la negación del revolucionario Fidel Castro. Mientras el cubano arrancó de raíz al régimen de Fulgencio Batista gracias a la legitimidad consquistada en la Sierra Maestra y el apoyo popular, el brasileño Temer impulsa una revolución invertida contra las políticas nacionalistas y las conquistas sociales construidas, no sin contradicciones y concesiones, durante los 13 años de gobiernos petistas.

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Carteles contra Temer en el masivo acto del viernes en San Pablo que tuvo a Lula como orador principal.
 
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