ECONOMíA › EL GOBIERNO QUIERE REPLICAR EL MODELO DE LIBERALIZACIóN DEL COMERCIO DE MéXICO

Apertura comercial a la mexicana

El Gobierno expresa voluntad política para apurar un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, otro con Japón y ampliar el convenio con Colombia. El modelo privilegia al sector agropecuario y ubica a las industrias como armadurías.

 Por Javier Lewkowicz

El Gobierno busca avanzar con la liberalización del comercio exterior. El punto nodal de esa estrategia es la negociación del acuerdo Mercosur-Unión Europea, que supone la desregulación de casi el 90 por ciento del comercio. También negocia con México la ampliación del actual acuerdo de libre comercio, con Colombia y con Japón. Especialistas plantean que ese rumbo supone riesgos para la industria local. La administración de Mauricio Macri pone como ejemplo a México, cuyo desarrollo industrial está atado a los Estados Unidos. También está en marcha el acercamiento a la Alianza del Pacífico, aunque por ahora se trata de una vinculación mucho más política que económica.

El equipo económico considera que los acuerdos de libre comercio incentivan la inversión de empresas extranjeras. Por ejemplo, ante la perspectiva de ingresar sin aranceles a la Unión Europea, una firma estaría tentada de invertir para exportar desde la Argentina. Eso desataría un proceso de mejora de la competitividad. El gran riesgo es que el impulso se verifique sólo en sectores con “ventajas naturales” para la Argentina, como los productos agropecuarios y mineros y en cambio retroceda la industria donde el país tiene “desventajas”.

El Gobierno quiere avanzar en las próximas semanas con la ampliación del ACE-6, el acuerdo de libre comercio con México, con la negociación automotriz con Colombia y con un acuerdo Mercosur-Japón. Además, el 30 de junio, Macri participará de la cumbre de la Alianza del Pacífico, a donde Argentina fue aceptada como miembro observante, en una apuesta que todavía es más política que comercial.

Pero el centro de la apertura económica es el acuerdo Mercosur-Unión Europea, para cual ya hubo un primer intercambio de ofertas comerciales. “Hace trece años que se negocia pero sin voluntad política. Ahora la hay”, dicen en el Gobierno. La oferta inicial del Mercosur llega a una desgravación del 87 por ciento del abanico comercial, aunque ese número irá creciendo conforme a la negociación. La semana que viene hay reunión con los europeos en Montevideo y en septiembre se retoman los encuentros. Si llegara a cerrarse un acuerdo en ese momento, luego cada parlamento del Mercosur tiene que refrendarlo.

Una vez que eso suceda comenzaría a funcionar el acuerdo, que a su vez se desenvolvería por etapas. La mitad de la oferta tendrá una desgravación arancelaria que va desde inmediata hasta un máximo de diez años. Se trata de los productos donde el país tiene menos riesgo de perder mercado ante los europeos. El ejemplo más claro serían los productos primarios y derivados agropecuarios. La eliminación de aranceles a más de diez años será para los productos industriales que compiten con las importaciones europeas. Ese esquema sería el ideal dentro de lo que supone el acuerdo, pero la UE, que tiene intereses contrapuestos, buscará correr esos parámetros. Hay una porción menor de los bienes de sectores “sensibles” que queda excluida del acuerdo.

“Esto no es igual a los 90, no es una apertura violenta. Ellos tienen sueldos altísimos y acá hay tiempo para que Argentina se actualice tecnológicamente. A nosotros nos falta competitividad porque nos falta capital”, dicen en el Gobierno. Sin embargo, el capital que trae consigo la inversión privada busca ganancias, no desarrollo económico. Sin un plan de incentivos muy contundente para impulsar la industrialización, no hay tiempo que alcance para mejorar la competitividad. Y el Gobierno por ahora sólo dio señales de tener un plan reñido con la industria: eliminó retenciones, deprimió el mercado interno y busca cerrar acuerdos comerciales con las potencias industriales.

Por otro lado, especialistas advierten que el promedio del arancel externo del país es del 14 por ciento, lo que ofrece de por sí una protección efectiva relativamente baja. Hay otros aspectos del acuerdo con la UE que corren por lo bajo pero no son menos relevantes, como por ejemplo las compras públicas y las patentes.

“Un excelente ejemplo para nosotros es México”, argumentan en el Gobierno para defender un trato con la UE. México forma parte del NAFTA, un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Eso le permitió impulsar el crecimiento de su industria en base a adquirir partes y piezas a la potencia norteamericana y luego vender en ese mercado. Es la armaduría de las empresas estadounidenses, que aprovechan los bajos salarios y la cercanía geográfica. Es un esquema tipo maquila de bajo valor agregado en general, aunque la industria mexicana en algunos segmentos ganó en desarrollo, como es el caso de los autos, que ya representan una seria amenaza para Argentina y Brasil. De todos modos, se trata de un caso difícil de transpolar ya que cuenta con la condición única de limitar con los Estados Unidos.

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La asociación con la Alianza del Pacífico por ahora es más política que comercial.
 
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