ECONOMíA › OPINION

El debate que no será

 Por Alfredo Zaiat

En los países con más o menos estabilidad institucional, con cierta vocación al intercambio de ideas y discusión de proyectos y con una convivencia medianamente civilizada entre oposición y oficialismo, el Presupuesto es el principal debate económico del año. Sin embargo, aquí todo se reduce a una aprobación rápida de la iniciativa oficial en un juego de simulación de debate. El proyecto de Presupuesto 2007 tiene todos los vicios de los tres anteriores. Diputados y senadores realizarán un análisis agregado de las asignaciones de recursos, pero seguirán prestando insuficiente atención a su cumplimiento. Luego de aprobado el Presupuesto no realizan adecuadamente el control trimestral de la ejecución presupuestaria ni los controles ex-post mediante la Cuenta de Inversión. Esta última es la herramienta mediante la cual el Ejecutivo rinde explicaciones sobre el destino de los recursos presupuestados. Recién en mayo pasado se aprobaron los gastos de 1997 y 1998 del gobierno de Menem. Esto significa que aún no ha habido ningún control sobre cómo se gastó el dinero de los últimos siete presupuestos. Lo que es lo mismo que habilitar a un manejo discrecional de los recursos.

Varias son las características de simulación que presenta el Presupuesto. Se subestima el crecimiento y, por lo tanto, también la recaudación tributaria; se subejecuta el gasto asignado en ciertos rubros; se delegan facultades extraordinarias al jefe de Gabinete para la reasignación de partidas; se modifican también asignaciones mediante el uso de decretos de necesidad y urgencia, y se deja con libertad de acción al Ejecutivo para definir el destino de fondos excedentes. Así el Presupuesto que aprueba el Congreso pierde relevancia y, por lo tanto, también los tardíos controles sobre su ejecución en relación con los montos originales.

Existen diferencias en la calidad de los errores de los pronósticos de los economistas profesionales. Algunos por pesimistas (los de la city) y otros por conservadores (el caso del equipo económico) se han estado equivocando. Con el primer grupo se confirma así que están dedicados a la astrología más que al estudio de la dinámica de los procesos económicos. Con el segundo, la cuestión es más compleja. La construcción de un Presupuesto con estimaciones macroeconómicas claves que se sabe de entrada terminarán con otro resultado tiene más de política deliberada que de error de diagnóstico. Se elude, de ese modo, el debate de opciones alternativas para el destino de los fondos excedentes.

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