EL MUNDO › LA PROPUESTA DE LOS PRINCIPALES CANDIDATOS PARA LA POLITICA EXTERIOR

Dos visiones de Brasil en el mundo

Mientras el presidente favorece las relaciones con los vecinos como vía de impulso para la burguesía industrial, su rival pretende ampliar los mercados a través de un acercamiento con Estados Unidos y México y una política comercial más liberal.

 Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

En las elecciones presidenciales del domingo próximo se enfrentan dos visiones muy diferentes de política exterior. La diplomacia del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha sido enfática en fortalecer el eje Sur-Sur y en dinamizar su liderazgo regional. Se sustenta en dos argumentos centrales, uno simbólico y otro estratégico. El primero tiene que ver con la leyenda de Lula, desde su humilde origen gremial hasta las conquistas de Davos y Wall Street, que le dieron una dimensión de líder mundial. El otro aspecto hace a un proyecto que concibe a Brasil como un dínamo de América del Sur, no sólo por las dimensiones de su población y su territorio, sino por la extraordinaria capacidad de su burguesía industrial. Por eso Lula continúa el proyecto iniciado por su antecesor Fernando Henrique Cardoso, de motorizar a través de la burguesía la llamada “interconexión regional”, a través de inversiones y proyectos de infraestructura, que van desde la construcción de una carretera que unirá las costas de Brasil y Perú con Amazonia, hasta el gasoducto internacional que une a San Pablo con Santa Cruz de la Sierra.

“La política externa es un instrumento de proyección de país y está condicionada a la existencia de un proyecto nacional”, dice Marco Aurelio Garcia, asesor personal de Lula en política externa.

Intransigente frente a Bolivia en la crisis del gas, receloso de las consecuencias que Chávez pueda traer al Mercosur, el candidato presidencial Geraldo Alckmin entiende que la política externa del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que concedió un lugar preeminente al Mercosur, “fue un fracaso”. Promete dar importancia a Latinoamérica, pero no comulga con el eje Sur-Sur, materializado a través de instancias como el Grupo de los 20 o la Cumbre América latina-Países Arabes, del que entiende, se obtienen pocas ventajas prácticas. También critica los esfuerzos, hasta ahora infructuosos, de Lula por conseguir un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. El postulante del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, consultado por este diario, defendió una línea más allegada a los países centrales: “Pretendo restablecer los principios y valores tradicionales defendidos por Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores) a lo largo de décadas”, afirmó.

Alckmin no ha recibido manifestaciones de apoyo de líderes regionales, a diferencia de Lula, cuya candidatura presidencial fue avalada, con mayor o menor elocuencia, por los presidentes Néstor Kirchner, Hugo Chávez y recientemente Fidel Castro, a través de su hijo durante un encuentro reservado en Brasilia. Aun así, su triunfo redundaría en el fortalecimiento de un probable eje del que también harían parte los presidentes conservadores Alvaro Uribe, colombiano, y el mexicano Felipe Calderón Hinojosa.

Para el diario de negocios norteamericano The Wall Street Journal la candidatura de Alckmin, al frente de una coalición de socialdemócratas y conservadores, guarda correspondencia con la de Calderón, consagrado presidente por la Justicia, aunque no fueran disipadas las denuncias de fraude en su contra. Consultado por Página/12 sobre la posibilidad de que, como sugiere el periódico neoyorquino, haya en Brasil un “milagro” a la mexicana, Alckmin se mostró halagado por la comparación, pero aclaró que su posición en las últimas encuestas no es “milagro” sino fruto de un ascenso “lento y constante”.

La controvertida victoria del postulante del Partido Acción Nacional sólo fue reconocida por los mandatarios de la región, salvo Uribe, un mes y medio después de los comicios. En la opinión del presidenciable Alckmin, “el presidente Calderón venció democráticamente unas elecciones muy disputadas y espero tener con él un buen diálogo para incrementar considerablemente las relaciones entre nuestros países”.

Del balance de cuatro años de diplomacia lulista frente a los Estados Unidos, que no siempre fue confrontativa, el dato más relevante es la victoria brasileña en su estrategia de diferir todo lo posible la entrada en vigor del Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA). En ese punto las diferencias de la actual gestión con el proyecto de Alckmin son clarísimas. “Tenemos interés en ampliar el mercado norteamericano para los productos brasileños. Vamos a buscar nuevas formas de cooperación con los Estados Unidos, que es nuestro mayor socio comercial y el mayor y más abierto mercado del mundo.” Lula, mientras tanto apuesta al Mercosur.

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