EL MUNDO › NACIONES UNIDAS INVESTIGARA LA ACUSACION CONTRA EL EJERCITO ISRAELI

Crímenes de guerra en la franja

Después del bombardeo de la escuela de la ONU, la agencia pidió que se investiguen los incidentes en los que fuerzas israelíes atacaron refugios, escuelas y depósitos de ayuda humanitaria durante su ofensiva en territorio palestino.

 Por Kim Sengupta y
Donald Macintyre *

Desde Jerusalén y
la frontera entre la Franja de Gaza y Egipto

A pesar del anuncio de un cese del fuego unilateral, el amargo legado que dejaron los últimos 22 días de bombardeos y ataques en la Franja de Gaza sumergieron la imagen de Israel a su nivel más bajo.

Ayer, las Naciones Unidas pidieron una investigación para determinar si Israel cometió crímenes de guerra durante las tres semanas de ofensiva contra el territorio palestino. La advertencia llegó después de que dos niños, de cinco y siete años, murieran en un bombardeo israelí contra una escuela manejada por la ONU. Según la organización, más de 40 desplazados palestinos se refugiaban en el edificio en ese momento.

“Discutir si esos dos niños eran inocentes es como discutir si están muertos. Es innegable”, sentenció John Ging, el director de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos en Gaza. Desde Jerusalén, su colega Chris Gunness, redobló la apuesta y pidió investigar el ataque. “Debe investigarse para determinar si Israel cometió un crimen de guerra”, instó.

El lenguaje que utilizó Gunness no es común en un funcionario de la ONU. Como representantes de una organización neutral, ellos deben ser más diplomáticos que los diplomáticos. Pero el cada vez mayor número de civiles palestinos muertos y la serie ininterrumpida de ataques contra edificios de la ONU agotó la paciencia del trabajador humanitario. Además del ataque de ayer a la escuela, las fuerzas israelíes bombardearon la sede central de la ONU en la ciudad de Gaza y una escuela en el centro de refugiados de Jabalia. Este último ataque, del 6 de enero, fue el más letal, con 43 desplazados muertos.

El bombardeo de la sede de la organización humanitaria en la ciudad de Gaza, la semana pasada, debería haber sido un bochorno diplomático para Tel Aviv. El ataque, que dejó tres heridos y quemó cientos de toneladas de comida, sucedió exactamente en el mismo momento en que el secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon hacía una gira por la región para intentar mediar en el conflicto. La imagen que mostraron los noticieros de todo el mundo fue contundente. Una nube de humo negro, provocada por el ilegal fósforo blanco, quemaba lentamente la ayuda humanitaria que Israel había permitido ingresar en la Franja apenas un día antes.

Como si no hubiese sido suficiente, mientras Ban informaba que el ministro de Defensa israelí Ehud Barak se había disculpado por el “grave error”, un vocero del gobierno de Tel Aviv sugería que milicianos palestinos habían disparado a sus soldados desde el edificio de la ONU. Ging, otra vez dejando de lado la diplomacia, calificó la denuncia de “insensata” y recordó que la ONU le había dado las coordenadas del edificio al gobierno israelí, justamente para evitar un ataque por error.

La comunidad internacional se indignó con el nuevo ataque. Pero mientras en el exterior crecía el repudio hacia la ofensiva en Gaza, dentro de las fronteras israelíes el apoyo escalaba. El argumento más repetido era que Hamas era responsable de todos los muertos por haber lanzado sistemáticamente durante ocho años cohetes al sur israelí.

Anoche parecía que el clima de opinión empezaba a cambiar en Tel Aviv. Con las elecciones generales cerca y ante el cambio de gobierno en Estados Unidos, la canciller Tzipi Livni y Barak, dos defensores a ultranza de la ofensiva en Gaza y fuertes candidatos presidenciales, aceptaron firmar un cese de fuego unilateral.

Muchos israelíes recién comprendieron la dimensión del costo que tuvo esta guerra cuando el médico palestino Izz el-Deen Aboul Aish, un reconocido ginecólogo que se formó en Israel, llamó desesperado, llorando, al periodista televisivo de Tel Aviv, Shlomi Eldar, para anunciar que sus tres hijas habían muerto en un bombardeo israelí. “Dios mío, mis hijas, Shlomi”, le dijo al periodista y amigo íntimo. “¿Puede alguien venir a ayudarnos, por favor?”, dijo en un perfecto hebreo.

Su amigo, Eldar, consiguió que las autoridades israelíes permitan que los servicios de rescate lleguen al lugar para que la familia del médico pudiera ser atendida. A pesar del pequeño logro, no pasó desapercibido que cientos de otras familias palestinas no tienen amigos en la televisión israelí que los ayuden a escapar de las bombas y los tanques.

Ari Shavit, un columnista del diario Haaretz, que defendía desde el primer día la noción de “guerra justa” esgrimida por el gobierno, se animó a empezar a dudar el viernes. “Bombardear un edificio de la ONU es algo que no se debe hacer nunca, y para colmo hacerlo el mismo día que el secretario general está de visita en Jerusalén es una locura. La presión que estamos haciendo sobre Gaza está debilitando a Hamas, pero también está destruyendo a Israel; destruyendo su alma y su imagen”, escribió.

Las críticas están surgiendo pero aún son muy pocos israelíes que están dispuestos a recordar el pronóstico de uno de los padres del sionismo moderno, Chaim Weizmann: “El mundo juzgará al Estado judío por la forma en que trate a los árabes”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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El zapato de un niño con manchas de sangre en el aula de la escuela de la ONU bombardeada ayer en la Franja de Gaza.
Imagen: AFP
 
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